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sábado, 27 de diciembre de 2008

Encuentros (parte 1)

Domingo por la mañana. Vestíbulo del centro comercial

Estrella

Era principio de mes y, como acostumbraba, se iba a aprovisionar de libros con el dinero de la paga que le daban sus padres. ¿Qué mejor sitio que un centro comercial para ello? Así que allí estaba, mirando el cartel informativo para ver a qué planta tenía que dirigirse, porque era la primera vez que visitaba el centro comercial, inaugurado, no obstante, hacía varios meses.

En el momento que se giró para ir a las escaleras, le vio. Ese idiota del primo de su mejor amiga, Roberto.

No tenía nada de ganas de hablar con él, así que pensó “Haré que no le he visto”

Roberto

Ese día prometía ser un auténtico aburrimiento. Tenía que comprarle un regalo a su prima y, como no, no tenía ni idea de qué comprarle. Aunque se llevaban bien, no salían con la misma gente, ni tenían los mismos gustos en nada.

Mirando el cartel, mientras hacía tiempo hasta que se le ocurría algo, la vio. La friki de la amiga de su prima Sara, Estrella.

No le gustaba demasiado y nunca había intercambiado con ella más de tres frases seguidas, así que pensó “Fingiré que no la he visto”

Sección de música del centro comercial

Estrella

Ya que estaba allí, iba a comprarse un disco. Había sido una decisión espontánea, algo poco propio de ella, que acostumbraba a planificar hasta el más mínimo detalle cuando se trataba de administrar su paga, ya de por sí escasa. No obstante, guardaba un pequeño fondo para ese tipo de caprichos sin planificar, y ahora iba a aprovecharlo para comprarse el CD nuevo de su grupo favorito. Ese día había decidido que, por un mes, no se lo iba a gastar todo en libros.

Una vez localizado el disco que quería, se encaminó hacia las escaleras para subir a la cuarta y última planta que, cómo no, era la de los libros. Y allí estaba él otra vez. Lo cierto era que ya tenía bastante con tener que tratar con él y su aire de superioridad las escasas ocasiones en que su amiga Sara se paraba a hablar con él, así que, por segunda vez, fingió no haberle visto.

Roberto

Ya que tenía que pasar por el calvario de encontrar un regalo decente para su prima, había decidido que lo mejor era darse un capricho antes. Se fue directo a buscar el CD nuevo de su grupo favorito y se encontró con que la extraña mujercilla que se decía amiga de su prima estaba con el mismo CD que él quería en la mano. “Quizá no tenga tan mal gusto como creía” se dijo a sí mismo mientras, fingiendo mirar otro estante, esperaba a que ella se decidiera, ya que si se acercaba no tendría más remedio que hablar con ella.

Por fin se dio la vuelta hacia las escaleras disco en mano, y le lanzó una mirada rápida. “Me ha visto, vaya, ahora tendré que hablar con ella”, pensó. Pero ella pasó de largo sin decirle ni un solo hola. “Si es que esa chica está siempre en las nubes, hay que ver, no darse cuenta de que estoy aquí… ¿O sí se ha dado cuenta?” Pero eso era imposible, porque era raro que las chicas le ignoraran de una forma tan descarada, a menos, claro, que fuera una de esas ridículas estrategias para ligar, y no solían durar mucho. “¿Por qué estoy dando vueltas a esto? Me haya visto o no, es una suerte que no me haya hablado” Pensaba esto, pero lo cierto es que se había quedado algo mosqueado con el no-saludo de Estrella.

Sección de librería del centro comercial

Estrella

Cargada de libros, tanto que apenas podía ver por donde pasaba, calculó que aun así le quedaba la mitad del presupuesto, porque, por suerte, sus padres le habían dado una paga extra por sus buenas notas. Así que decidió ir a su sección favorita: la de literatura fantástica y de ciencia ficción.

Aunque lo cierto era que leía de todo, su pasión por este tipo de libros la había dado la fama de “friki”, lo que a su vez había ocasionado una escasez en su lista de amigos. Por suerte, hacía dos años había encontrado a Sara, que compartía sus extraños gustos literarios pero era algo más abierta con los demás. Desde entonces, se había integrado a la perfección en su grupo de amigos. “Va a ser su cumpleaños dentro de poco, tengo que comprar mi parte del regalo”, recordó de repente. Sus amigos y ella habían planeado comprarle cada uno un libro de una saga que quería, y todos lo tenían ya comprado menos ella, que nunca tenía dinero a no ser que fuera a principios de mes. Por suerte, localizó el regalo de su amiga en seguida “Menos mal que no está agotado, como la última vez…” Lo cierto era que no quería ni recordarlo. Se había recorrido todas las tiendas en un radio de 25 kilómetros a pie, para al final encontrarlo en la última tienda visitada. Aunque andaba rápido, le había llevado casi un día entero encontrarlo, porque encima se perdió.

Dejando el montón de libros que ya iba a comprar a un lado, se puso a mirar con detalle todas las novedades que habían salido. Y en un momento dado, le volvió a ver. “¿Este bobo en la sección de librería? Cualquiera lo diría…¡Y yo que pensaba que lo máximo que alcanza a leer son los carteles publicitarios, y porque tienen poco texto!” Volvió a ignorar su existencia, aunque la había visto, y siguió con las novedades. Cuando acabó con ellas, se acuclilló y miró todos los libros del estante de abajo, perdiendo la noción del tiempo.

Roberto

Desesperación. No había otra palabra que definiera mejor lo que sentía en esos momentos. Había recorrido las secciones de DVD, música, ordenadores… sin éxito. Ya llevaba tres llamadas a su tía para ver si tenía algo interesante, y la respuesta siempre había sido “Sí que lo tiene”. Finalmente, había decidido probar con la sección de librería. Su prima leía mucho, aunque no tanto como la loca de su amiga. Esa llevaba un libro hasta para ir a la piscina., la muy cutre.

Antes de irse a la sección de frikis, tomó la decisión de pasarse por las que le gustaban a él. Filosofía, narrativa, en otros idiomas… Al contrario de lo que se solía pensar debido a su imagen de chico popular, él también era un ávido lector (de cosas normales, eso sí), y lo cierto era que sacaba unas notas muy buenas. Pero no iba por ahí pregonando sus méritos como Estrella. De alguna forma, ella se las ingeniaba para que todo el mundo supiera que era la niña modelo. Insufrible.

Fue con esa última palabra pensada cuando volvió a verla. Esta vez no se extrañó ¿Dónde, si no, iba a estar la intelectual? Esta vez, ella levantó la cabeza y cruzaron una mirada. Esta vez sí que era imposible que no le hubiera visto. Pero, por tercera vez en ese mismo día (ahora estaba seguro de que así era), le volvió a ignorar. Ni una sonrisa, ni un gesto, ni un saludo, simplemente cogió otro libro y se puso a leer la contraportada. “¿Pero qué le pasa a esa chica? ¿Es que pretende fingir que no me ha visto? ¿Quién se cree que es para ignorarme así? Pero, por otro lado ¿Por qué me importa tanto?” Pensaba malhumorado, mientras buscaba algún libro que le animase.

Luego llegó el momento fatídico. Lo había demorado un montón, pero ya no tenía excusa. No le quedaba nada más que una sección. Y allí se fue. Por suerte, se había ido ya esa maleducada. O al menos eso pensaba, hasta que la vio al otro lado del expositor de novedades, tirada en el suelo y mirando la contraportada de otro libro, con una enorme pila de libros a su lado coronada por el CD de su grupo favorito.

Ella le había ignorado, y él hizo lo mismo. Hasta que la desesperación pudo con él. No sabía qué comprarle a su prima… y ella era su mejor amiga. Era su oportunidad de averiguar qué comprarle… aunque para ello tuviera que soportar un rato de charla con esa chica insoportable.

Estrella

Tan ensimismada estaba con la lectura del argumento del libro que tenía en mano que cuando alguien la tocó el hombro para llamar si atención pegó un gran bote y se dio con la cabeza contra la estantería en que estaba apoyada. El que es torpe es torpe, qué se le va a hacer. Levantó la cabeza para ver quién era el causante y se encontró cara a cara con los ojazos azules del primo de su amiga. “¡Maldición! ¿Es que este chico no capta las indirectas? ¿Qué debo hacer para que se de cuenta de que no quiero hablar con él? ¿pegarme un cartel en la frente?” Resignada, preguntó

-¿Sí?

-Eres amiga de mi prima –dijo él tan tranquilo. “Comprobado, es tonto”

-Sí –respondió, sin saber qué más decir.

-¿Sabes que va a ser su cumpleaños? –volvió a decir. “¿Quiere ir a parar a algún sitio o solo quiere hablar por hablar?”

-Sí –volvió a responder. En otra situación, le habría respondido con algún sarcasmo, pero es que estaba totalmente desconcertada. Y lo cierto era que el chico imponía. Le gustaba, por lo menos en el ámbito físico, y su cercanía le provocaba una revolución hormonal siempre, pero desde el primer momento había decidido que era un idiota y ella siempre tomaba sus decisiones y hacía sus amistades con racionalidad. Y su razón la decía que se alejara de él.

-¿Sabes ya qué comprarle? – preguntó Roberto indeciso. “¿A qué viene el interrogatorio”

-Sí –repitió “¿Qué hago para librarme de este pesado?”

-¡Estupendo! Me preguntaba si podrías ayudarme a buscarle un regalo adecuado –dijo con la que seguro era su sonrisa más encantadora. Seguro que con esa sonrisa conseguía que cualquier chica hiciera lo que él quería… Pero ella no era una chica cualquiera y encima se había dado un golpe en la cabeza por su culpa. No estaba por la labor.

-¿Qué te ayude? Estás que sí, majo- a Roberto le cambió la cara. “Jajaja, apuesto a que no esperaba esta respuesta”


(demasiado largo para una sola entrada: continuará...)

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