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sábado, 28 de marzo de 2009

Un making off: El juego

Pues bien, todo empezó en una aburrida mañana de verano, con mi portátil y una lista de bases de concursos de relatos interesantes para participar. Hacía como una semana que la musa no se dignaba a aparecer por casa y decidí que bien podía pasar sin ella. Encontré unas bases interesantes en las que uno de los requisitos era el tema POLÍTICA FICCIÓN. Era un buen reto, así que me puse a ello.

Pensé que lo primero que se necesita para hacer política es un país, así que abrí el paint, hice un burruño y puse líneas al azar con la herramienta lapiz. Después le di a esa que parece un cubo de pintura y pinté al azar con tres colores las provincias. ¿Por qué tres colores? Porque con dos no me iba a dar para el mínimo de páginas y con cuatro iba a ser muy lioso.

En ese momento no tenía ni idea de qué hacer. Me gustaba lo del nombre de El juego, y lo puse: era uno de esos relatos en que el título se crea antes, condicionando todo lo demás. Quería una monarquía, pero poco juego puede haber si el rey es fuerte. Y ya tenía una primera frase: "Era un monarca débil..." A partir de entonces, las normas del juego salieron solas.

Ahora necesitaba nombres para mis colorines y vi en una de las pegatinas del portátil "empowering technology" y pensé: pues ya está: Powem. Decidí que, dado que era el primer nombre que se me ocurría, eran los que ganarían. Luego pasó una mosca por delante y pensé: Moskley. No tengo idea de cómo me vino a la cabeza Velhame y Unmerko, pero me da que salieron solas. El nombre del rey Nolog vino del libro No logo. Casob vino de un error al escribir otro relato y lo había guardado en la memoria para la ocasión, Tonegr de una etiqueta, Speau de speed en francés (sin comentarios, sólo decir que era por la mañana temprano y a esas horas se me ocurren cosas raras), Raming de memoria RAM acabada en ing... y un largo etcétera.

Una vez tuve nombres, busqué cargos importantes y necesarios para la creación del relato.
Luego me emparanoié con estrategias, contraestrategias, asesinatos, alianzas, traiciones y todo lo que harían las casas por separado y juntas en su ascenso en el poder. Lo peor era hacer que todas esas estrategias se entremezclaran para que dieran lugar a un todo coherente, y lo que empezó con una mañana de aburrimiento se convirtió en todo un acertijo mental que tardé 2 días en resolver... cuando se me ocurrió que el rey no sería tan tonto como parecía y que la casa Powen triunfaría por su planificación a largo plazo.
Tardé un día más en montar todo el armazón y otra mañana buscando errores y corrigiéndolos.

El resultado es, según mi opinión, el relato más currado y coherente que he hecho nunca, aunque a los jueces del concurso no les debió de gustar demasiado. Pero eso no me importa demasiado, porque disfruté mucho escribiéndolo y me gusta leerlo de vez en cuando.

Imagen: rana chamán
(evidentemente, no tiene nada que ver con lo anterior, pero es graciosa)

sábado, 14 de marzo de 2009

Vuelve viejerainterdimensional

Este blog se abrió, en parte, porque viajerainterdimensional no acababa de funcionar. De hecho, hice esta entrada amenazando con matar a todos los personajes si no remontaba un poco.
Pues, por votación popular (o sea, por vuestras visitas) mi otro blog, viajerainterdimensional.blogspot.com vuelve. Me alegro de verdad, me gustan los personajes y no me hacía demasiada gracia cargarmelos de una forma tan cruel. Aun así, si os soy sincera, ni yo sé cómo acabará la historia. Probablemente, siga dependiendo un poco de mí y un poco de vosotros... ya veremos.

El juego (parte 4)

Un cubo sobre su cara y una patada en las costillas despertaron a Casob de su inconsciencia. Desconcertado, cuando enfocó su vista se dio cuenta de que se encontraba encadenado en el suelo del salón del trono. Frente a él, se encontraban el rey, Raming… y la reina. Estaba sorprendido por verla viva cuando había recibido la noticia de su muerte con tanta alegría, pero le sorprendió aun más que el hombre que le había despertado con tan poca delicadeza fuera el asesino que él había contratado para matarla.

-Me parece que no os he presentado debidamente –dijo el rey con una sonrisa de satisfacción en el rostro. –Wesd, Jefe Estratega de la casa Powem, te presento a Casob de la casa Moskley, antigua Mano Derecha, traidor y, dentro de poco, cadáver.

-¡Un falso asesino!

-Así es, querido traidor. Reconozco que no esperábamos que tu objetivo fuera mi encantadora esposa, y nos pillaste desprevenidos. Por suerte para nosotros, más de la mitad del gremio de asesinos está bajo mi control, lo que nos permitió infiltrar a nuestro Jefe Estratega… y hacer que acudiera a tu llamada él en vez de un asesino de verdad.

-¡Pero es imposible! ¡El rey no puede jugar al Juego!

-Esa afirmación no es exactamente cierta, aunque lo era hasta hace poco. De todos modos, poco importa ya. Por primera vez en la historia del Juego, una familia lo gana completa y absolutamente. Dentro de poco el Juego será un recuerdo.

-¿¡Cómo!? –preguntó Casob entre contrariado y perplejo.

-Puesto que morirás de todas formas, te lo contaré.

“Nuestro propio Juego, el de mi familia, comenzó en el mismo momento en que murió el monarca del Primer Juego. La familia real se vio en la obligación de salvar la vida huyendo, puesto que los primeros jugadores no querían arriesgar el sistema que tanto habían hecho para crear, y la familia real era su mayor riesgo. Sólo la casa Powem y nuestros aliados tradicionales permanecimos fieles a los legítimos herederos. Nuestro poder se había visto menguado debido a la oposición del resto de nobles, por lo que por entonces no podíamos hacer nada. Pero trazamos un plan con vistas al futuro.

“La familia real huyó al país vecino, donde les dieron asilo. Con el tiempo, la familia real de allí se fundió con la de nuestro país. Mientras, nuestra casa escalaba poco a poco posiciones sin hacerse notar. No representábamos ningún peligro serio para nadie, y cuando alguien nos quería eliminar sobrevivíamos gracias al respaldo de nuestra familia real, que por entonces ya gobernaba a nuestros vecinos.

“Forjamos una poderosa economía cuando todos pensaban que estábamos casi en la ruina. Fuimos asalariando espías, mercenarios, corsarios, asesinos y otra gente indeseable mientras todos creían que no teníamos trato alguno con ellos. Y mientras tanto, investigábamos cómo era posible que los reyes siguieran el Juego.

“Fui yo quien, cuando era un muchacho, hice una observación que nos encaminó en la dirección correcta. –Ésto es una tontería –recuerdo que dije cuando me obligaron a investigar a mi también viejos pergaminos repletos de polvo –Lo único que tienen en común todos los reyes es la maldita corona.

“Nada más decirlo, todos los adultos presentes tuvieron la misma idea. Consultaron a los magos. Y ellos, tras investigar un poco, descubrieron que, efectivamente, era la corona la que hacía al rey tan voluble.

“Me tocó a mi convertirme en la Mano Derecha para dar paso a la segunda parte del plan. Fui osado. Cuando encontré el momento, me cité con nuestro antiguo monarca. Intrigado y sabiendo que era intocable, acudió solo tal y como preveía. Le expliqué la situación y le propuse un trato. Le libraría del influjo de la corona sobre su mente a cambio de que me convirtiera en su Mano Derecha de por vida. El rey aceptó sin dudarlo un momento, pues era un hombre orgulloso. Un hombre que no aceptaba ser manipulado, mucho menos por un objeto inanimado, como era la corona.

“El resto fue muy sencillo. Creamos a escondidas una réplica exacta de la corona del rey, las cambiamos temporalmente y la original la llevamos a los magos para que anularan los hechizos. Luego las volvimos a intercambiar. Costó una pequeña fortuna, pero ¿Qué importaba el dinero, si podíamos ganar un reino? Y lo ganamos, vaya si lo hicimos.

“El rey, por supuesto, quiso que su familia le sucediera tras pasar un tiempo sin la influencia de la corona. Pero nosotros le hicimos creer que él ya no era intocable, que también habíamos quitado los hechizos que le protegían a él de la corona. Eso le frenó en sus planes y le instó a cumplir nuestro trato. Idiota. Si hubiera pensado un poco en ello detenidamente, se hubiera dado cuenta de lo poco que nos interesaba que la figura del rey ya no fuera intocable… porque a partir de entonces yo iba a ser el rey…

“Afianzada mi posición, me casé. Pero no con una mujer cualquiera. No es una simple amiga de la infancia sin ninguna posición, como os hicimos creer a todos. Es la legítima heredera de este reino. Por tanto, mi reinado no solamente es legítimo para los nobles de este país, sino también para los del país vecino… y para los Powem.

“Muerto el rey, todo ha ido mucho mejor de lo que esperábamos en principio. Confiados en los misteriosos hechizos que sabíais que obligaban al rey a seguir el Juego, esperabais que os atacaran desde todos los frentes… pero no os esperabais un ataque desde arriba, desde vuestro rey. Tampoco os percatasteis, y los que lo hicisteis no os resultó sospechoso, de que Raming permaneciera en un alto cargo muy próximo a mi desde el principio, porque le descarté como Mano Derecha al poco tiempo.

“Tonegr de la casa Velhame fue la primera víctima. El muy estúpido quiso aliarse con mi casa, desconfiado por la preocupante información que se había filtrado entre sus espías y confiando en que tendríamos más miedo a la traición que ellos. No fue difícil traicionarles ni aliarnos con tu casa para colgarle después. Pero eras el más listo y te reservábamos para el final. Así que elegí como Mano Derecha a Speau de la casa Unmerko. Era idiota como nadie y fue fácil manipularle mientras creía que me estaba manipulando a mi. Le saqué mucho dinero, pero ni me molesté en buscar un plan para liquidarle. Sabía que lo harías rápidamente. Fue un plan muy ingenioso por tu parte, pero yo te di una ayudita. Saqué al asesino que contrató para matarte de la cárcel y le proporcioné medios para que se vengara. Una pena que fuera un estúpido y lo hiciera sin consentimiento de su gremio.

“Y todo eso nos lleva a ti, el último obstáculo eliminado. Me he reído mucho al ver tu frustración por no poder manipularme. No te haces una idea de cuánto. Sólo podías ver cómo poco a poco perdías poder y todo se desmoronaba poco a poco. Apuesto a que ni siquiera tú, el gran previsor, habías previsto las consecuencias de eliminar a la mayoría de los jugadores. Yo tenía vía libre para hacer lo que quisiera y para que echaras la culpa de todo a mi mujer y a Raming.

“Infiltré a mi Jefe Estratega entre los asesinos y le creé una buena fama falsa. querías un buen asesino, y te fue recomendado… por un cortesano que creías tu aliado pero que está a mi servicio desde hace años. Y luego lo confirmaste con tus contactos de la taberna, a los que también tengo en nómina. Nos pilló por sorpresa la primera vez, y no podíamos probar nada porque tomaste muchas precauciones, así que nos reunimos rápidamente y decidimos fingir la muerte de la reina. Te mandamos a un escudero de confianza, que al parecer es un actor consumado para que examinara tu reacción al enterarte de la noticia. Nos confirmó que eras el que lo contrató. Y realizamos una magnífica actuación, pero ayudó que, en tu alegría, veías sólo lo que querías ver. El resto, te lo puedes imaginar.

El rey lo miraba con una expresión de triunfo y mofa al mismo tiempo, al igual que el resto de los presentes. Medio enloquecido, escupió a los pies del monarca y gritó

-¡El resto de nobles no lo permitirán! ¡Se alzarán contra ti y acabarás con la cabeza en una pica!

-¿De veras piensas que lo harán? El pueblo me quiere. Les he dado poder, y con la igualdad impositiva he reducido sus impuestos, lo que hace que me quieran más aun. Bastará con un comentario en mi contra para que todos se echen encima del que lo pronuncie. La Ley de Sucesión ya está redactada y preparada, y mañana por la mañana se aprobará y anunciará públicamente junto con la Ley de Igualdad, de la que no te hemos hablado aunque hemos trabajado en ella desde que te nombré Mano Derecha, y la proclama de tu ejecución mañana por la tarde. Y aunque alguien fuera en contra de mí, no me preocupa. Después de todo, el rey es intocable.

****

Todo lo planeado por Nolog de la casa Powem se cumplió con increíble precisión.

La Ley de Sucesión y la Ley de Igualdad fueron antecedentes de un proceso democratizador parecido al que se había llevado a cabo en el país vecino hacía ya un siglo, en el que el rey gozaba aun de un gran poder, limitado, eso sí, por el pueblo llano. La nobleza pasó a ser, simplemente, una fuerza política más, sin el poder ilimitado del que habían gozado hasta entonces. Muchos fueron los nobles que se rebelaron contra ese nuevo sistema, y lograr la cabeza del rey pero el pueblo no deseaba cambiarlo, y fueron ellos quienes acabaron con la cabeza en una plica.

Casob, el último noble con bastante poder para evitar sus planes, fue ejecutado en la Plaza Mayor de Capital a la tarde siguiente por una larga lista de delitos: alta traición, varios intentos de asesinato, intrigas, trato con bandidos y robo al tesoro real eran sólo algunos de los cargos contra él. Su muerte no fue digna, ni mucho menos, proporcionando con sus acciones tema para las habladurías durante muchos años. Enloquecido, había afirmado cosas tales como que el rey era un traidor, (cosa imposible, por otro lado) y había alternado esa clase de comentarios con peticiones de venganza. En efecto, uno de los nobles aliados a su causa, arruinado tras perder a su protector, lo intentó allí mismo, en la plaza, delante de la multitud. Cogió a todos desprevenidos y la guardia no reaccionó a tiempo… pero el rey era intocable.

FIN

sábado, 7 de marzo de 2009

El juego (parte 3)

Toda la nobleza asistía a los juegos funerales de Speau de la casa Unmerko. Eran unos funerales de gran esplendor, casi tanto como los de un rey, debido a la gran riqueza de su familia, pero no era por el esplendor por lo que los nobles asistían, sino por puro morbo. El rumor de las extrañas circunstancias en que éste había muerto se había propagado con rapidez. Nadie estaba seguro de qué había ocurrido exactamente, pero había una versión muy extendida entre la multitud de curiosos.

Se decía que la noche anterior a la muerte del noble, un heroico cortesano de bajo rango que había sospechado de que Speau deseaba acabar con la vida del rey, aunque no estaba seguro, había conducido a la guardia hasta un callejón oscuro en el cual habían encontrado a Speau negociando con un asesino.

Finalmente, al parecer, no se había demostrado ninguna cosa al alegar Speau que el asesino le había acorralado en el callejón cuando se dirigía a un sitio y él negociaba por su vida. A dónde podía ir un hombre como Speau en esa parte de la ciudad, la peor de los bajos fondos, nadie lo sabía con certeza, aunque todos los narradores preferían especular con que se dirigía a algún local de juego o de mujeres alegres para dar mayor interés a los oyentes.

El caso fue que, en vista de la falta de pruebas, se detuvo al asesino y Speau decidió de pronto que prefería irse a casa cuando algunos de los guardias se ofrecieron a escoltarle hasta su destino por su seguridad. Llegados a este punto, todos repetían los rumores sobre el trato que tenía la casa Unmerko con corsarios desde que se borró del mapa a la casa Velhame.

La siguiente parte de la historia era la más extraña. El asesino que habían detenido había escapado de la prisión de máxima seguridad en que le habían encerrado con el fin de interrogarle a fondo sobre el asunto, aunque era prácticamente imposible escapar de ella. A la mañana siguiente, Speau había aparecido muerto en sus habitaciones, a pesar de que ninguno de los guardianes había vislumbrado nada inusual y ni siquiera se habían oído ruidos procedentes de su habitación.

El asesino se había ensañado tanto que el cadáver estaba casi irreconocible, tanto que se había decidido mantenerlo oculto a la vista durante el funeral, contrariamente a la tradición. Se decía que había sido en venganza por la traición de Speau cuando afirmó que no tenía relación con él y que sólo negociaba por su vida.

Horas después de que se descubriera el asesinato, el presunto asesino había aparecido flotando boca abajo en los muelles atado de manos y pies, y la guardia sospechaba que lo habían matado los de su propio gremio, probablemente por cometer un asesinato sin retribución económica o porque sabían que se le iba a buscar y no querían arriesgarse. Nadie lo sabría nunca, debido a que el misterioso gremio de asesinos tenía un estricto código de reglas secreto que cumplían siempre.

Lo que estaba claro era que había empezado el principio del fin de la casa Unmerko. Estúpido, libertino y vicioso, Speau sólo había destacado en los negocios, en los cuales era un auténtico genio. Por lo tanto, había dejado una considerable fortuna, pero su negativa a casarse hasta hacía poco tiempo le había dejado con ningún heredero legítimo y muchos bastardos, algunos reconocidos, otros no. Muerto ahora, tanto los bastardos reconocidos como sus legítimos familiares lejanos se peleaban por lograr tanto el liderazgo de su casa como su considerable fortuna.

Casob de la casa Moskley, nuevo Mano Derecha, sonreía con satisfacción al pensar en ello. Sólo tenía un adversario.

****

Meses después, la sonrisa de satisfacción de Casob había quedado bien atrás. El rey, en su ánimo por beneficiar al pueblo llano, cosa que seguramente había inspirado la reina Cont, estaba perjudicando con sus leyes igualitarias a la propia nobleza. Con tan pocas casas poderosas en el poder, apenas encontraba oposición en estas reformas, pues la pequeña nobleza no se atrevía a aliarse en contra del rey. El rey era intocable. Además, la casa Powem, la única aparte de la suya con suficiente relevancia, se mantenía al margen. Realmente, más bien parecía que apoyaban sus medidas.

Por otra parte, además Raming de la casa Powem seguía en su puesto de Segundo Consejero. Y el rey se tomaba muy en serio ese cargo. Tanto, que prescindía completamente de los consejos de Casob, que era, por su cargo, superior a Raming.

Ahora pretendía la igualdad impositiva, e iba camino de aprobar la ley. Eso daría problemas a la economía de su casa.

Debido a todo esto, se encontraba en una situación delicada, y su posición de Mano Derecha, sin poder político, no le permitía más que intentar hacer entrar en razón a su monarca de la forma más diplomática posible, cosa difícil debido a que quienes tenían el poder para manipularle eran la reina Cont y el primer consejero Raming. Así pues, solamente tenía una opción. Debía acabar con ellos antes de que se desmoronara por completo el Juego. Iría primero a por la reina Cont. Nadie esperaba un atentado contra ella, y probablemente, el que mayor protección tendría sería Raming.

****

-Mi señor, el rey os reclama urgentemente –gritó un escudero que aporreaba su puerta en medio de la noche. Levantándose de la cama con rapidez, se vistió lo más raudo posible mientras el joven escudero seguía llamándole y urgiéndole para que se vistiera lo más aprisa posible.

-¿Qué demonios ocurre, muchacho, para tanta insistencia? –preguntó enfadado abriendo bruscamente la puerta de sus aposentos para salir de ellos -¡Más te vale que sea algo grave, escudero, o acabarás limpiando los establos como un mozo de cuadra corriente!

-La reina ha muerto, mi señor. –dijo el escudero intimidado y temeroso de que la Mano Derecha cumpliera su amenaza -Nada más enterarse de la noticia, el rey os ha mandado llamar a vos y al consejero Raming con la máxima urgencia posible.

La expresión de Casob sólo le traicionó un instante, pero fue lo bastante como para que el muchacho le pudiera haber visto. No obstante, estaba tan trastornado con la noticia de la muerte de su reina que no prestaba ninguna atención. Obligándose a poner una expresión de desconcierto en su cara, entró en el salón del trono.

Raming había llegado ya, y hablaba con el rey, que tenía una expresión de dolor y lágrimas en los ojos, en susurros. Despidiendo al escudero con un gesto, avanzó hacia ellos.

-Mi señor, he venido en cuanto he podido –dijo con su voz más aduladora.

-La reina ha sido asesinada esta misma noche –dijo Raming solemnemente. En él también Casob podía apreciar un dolor profundo por la muerte de la reina, pero lo que se apreciaba más claramente en sus ojos era el terror. Sabía que el próximo sería él.

–Ésto puede suponer una grave crisis en el reino. Es posible que algún país vecino desee invadirnos, pues ya hemos descartado el que algún noble haya cometido este acto –dijo el rey. La expresión de Raming le decía que él no había descartado a un noble, más concretamente, no le había descartado a él. Pero, por suerte, el rey estaba cegado y creía realmente que su Mano Derecha no le había traicionado. Era lógica esa confianza, y eso ya lo había previsto. Raming no podría tomar medidas contra él si el rey no lo deseaba.

-Esto ha de ser investigado. Hasta entonces, es conveniente mantener el secreto, pues debemos evitar que el culpable esté sobre aviso. –dijo Raming

-¿Qué creéis vos, Casob? –preguntó el rey –Deseo dar a mi reina los mejores funerales cuanto antes, pero Raming insiste en que es mejor que no se corra la voz.

-Soy de la misma opinión que el Segundo Consejero, mi señor. Si mantenemos el secreto, habrá mayor margen de éxito –respondió Casob, disimulando su contento. Raming de la casa Powem era tan estúpido como sospechaba. Si se mantenía el secreto, no tenía posibilidad alguna de aumentar la seguridad sobre su persona, pues levantaría sospechas.

Pasaron horas discutiendo lo que había que hacer. Cuando por fin se acabó la reunión, tras obligar a los escuderos que les habían mandado llamar y a todos los conocedores de la noticia a jurar su silencio, Casob se marchó a sus aposentos, donde esperó un rato antes de salir y dirigirse a los bajos fondos con su mayor sonrisa de triunfo en su cara.

****

La habitación de taberna donde debía encontrarse con el asesino que contrató para matar a la reina era asquerosa y poco confortable. Procurando no tocar nada, esperó con impaciencia hasta que éste llegó.

-Llegas tarde, asesino. Que no se vuelva a repetir.

-Lo siento mucho, mi señor, pero hay ciertas cosas en marcha desde que acabé el trabajo que me encomendasteis.

-La noticia de la muerte de la reina no se propagará por un tiempo. Deseo que, entre tanto, acabes también con la vida de Raming de la casa Powem.

-¡Imposible! La seguridad ahora aumentará aunque se oculte todo.

-¡No te atrevas a negarte! ¡Envenena su comida, mátale mientras duermes, lo que sea pero hazlo!

-Mi precio será mucho más alto de lo habitual.

-Tengo acceso al tesoro real. No hay nada que no pueda pagar.

-En eso te equivocas, Mano Derecha. Nada hay que puedas pagar. Ni siquiera tu vida –dijo una voz conocida a su espalda, antes de que alguien le noqueara desde detrás.