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sábado, 14 de marzo de 2009

El juego (parte 4)

Un cubo sobre su cara y una patada en las costillas despertaron a Casob de su inconsciencia. Desconcertado, cuando enfocó su vista se dio cuenta de que se encontraba encadenado en el suelo del salón del trono. Frente a él, se encontraban el rey, Raming… y la reina. Estaba sorprendido por verla viva cuando había recibido la noticia de su muerte con tanta alegría, pero le sorprendió aun más que el hombre que le había despertado con tan poca delicadeza fuera el asesino que él había contratado para matarla.

-Me parece que no os he presentado debidamente –dijo el rey con una sonrisa de satisfacción en el rostro. –Wesd, Jefe Estratega de la casa Powem, te presento a Casob de la casa Moskley, antigua Mano Derecha, traidor y, dentro de poco, cadáver.

-¡Un falso asesino!

-Así es, querido traidor. Reconozco que no esperábamos que tu objetivo fuera mi encantadora esposa, y nos pillaste desprevenidos. Por suerte para nosotros, más de la mitad del gremio de asesinos está bajo mi control, lo que nos permitió infiltrar a nuestro Jefe Estratega… y hacer que acudiera a tu llamada él en vez de un asesino de verdad.

-¡Pero es imposible! ¡El rey no puede jugar al Juego!

-Esa afirmación no es exactamente cierta, aunque lo era hasta hace poco. De todos modos, poco importa ya. Por primera vez en la historia del Juego, una familia lo gana completa y absolutamente. Dentro de poco el Juego será un recuerdo.

-¿¡Cómo!? –preguntó Casob entre contrariado y perplejo.

-Puesto que morirás de todas formas, te lo contaré.

“Nuestro propio Juego, el de mi familia, comenzó en el mismo momento en que murió el monarca del Primer Juego. La familia real se vio en la obligación de salvar la vida huyendo, puesto que los primeros jugadores no querían arriesgar el sistema que tanto habían hecho para crear, y la familia real era su mayor riesgo. Sólo la casa Powem y nuestros aliados tradicionales permanecimos fieles a los legítimos herederos. Nuestro poder se había visto menguado debido a la oposición del resto de nobles, por lo que por entonces no podíamos hacer nada. Pero trazamos un plan con vistas al futuro.

“La familia real huyó al país vecino, donde les dieron asilo. Con el tiempo, la familia real de allí se fundió con la de nuestro país. Mientras, nuestra casa escalaba poco a poco posiciones sin hacerse notar. No representábamos ningún peligro serio para nadie, y cuando alguien nos quería eliminar sobrevivíamos gracias al respaldo de nuestra familia real, que por entonces ya gobernaba a nuestros vecinos.

“Forjamos una poderosa economía cuando todos pensaban que estábamos casi en la ruina. Fuimos asalariando espías, mercenarios, corsarios, asesinos y otra gente indeseable mientras todos creían que no teníamos trato alguno con ellos. Y mientras tanto, investigábamos cómo era posible que los reyes siguieran el Juego.

“Fui yo quien, cuando era un muchacho, hice una observación que nos encaminó en la dirección correcta. –Ésto es una tontería –recuerdo que dije cuando me obligaron a investigar a mi también viejos pergaminos repletos de polvo –Lo único que tienen en común todos los reyes es la maldita corona.

“Nada más decirlo, todos los adultos presentes tuvieron la misma idea. Consultaron a los magos. Y ellos, tras investigar un poco, descubrieron que, efectivamente, era la corona la que hacía al rey tan voluble.

“Me tocó a mi convertirme en la Mano Derecha para dar paso a la segunda parte del plan. Fui osado. Cuando encontré el momento, me cité con nuestro antiguo monarca. Intrigado y sabiendo que era intocable, acudió solo tal y como preveía. Le expliqué la situación y le propuse un trato. Le libraría del influjo de la corona sobre su mente a cambio de que me convirtiera en su Mano Derecha de por vida. El rey aceptó sin dudarlo un momento, pues era un hombre orgulloso. Un hombre que no aceptaba ser manipulado, mucho menos por un objeto inanimado, como era la corona.

“El resto fue muy sencillo. Creamos a escondidas una réplica exacta de la corona del rey, las cambiamos temporalmente y la original la llevamos a los magos para que anularan los hechizos. Luego las volvimos a intercambiar. Costó una pequeña fortuna, pero ¿Qué importaba el dinero, si podíamos ganar un reino? Y lo ganamos, vaya si lo hicimos.

“El rey, por supuesto, quiso que su familia le sucediera tras pasar un tiempo sin la influencia de la corona. Pero nosotros le hicimos creer que él ya no era intocable, que también habíamos quitado los hechizos que le protegían a él de la corona. Eso le frenó en sus planes y le instó a cumplir nuestro trato. Idiota. Si hubiera pensado un poco en ello detenidamente, se hubiera dado cuenta de lo poco que nos interesaba que la figura del rey ya no fuera intocable… porque a partir de entonces yo iba a ser el rey…

“Afianzada mi posición, me casé. Pero no con una mujer cualquiera. No es una simple amiga de la infancia sin ninguna posición, como os hicimos creer a todos. Es la legítima heredera de este reino. Por tanto, mi reinado no solamente es legítimo para los nobles de este país, sino también para los del país vecino… y para los Powem.

“Muerto el rey, todo ha ido mucho mejor de lo que esperábamos en principio. Confiados en los misteriosos hechizos que sabíais que obligaban al rey a seguir el Juego, esperabais que os atacaran desde todos los frentes… pero no os esperabais un ataque desde arriba, desde vuestro rey. Tampoco os percatasteis, y los que lo hicisteis no os resultó sospechoso, de que Raming permaneciera en un alto cargo muy próximo a mi desde el principio, porque le descarté como Mano Derecha al poco tiempo.

“Tonegr de la casa Velhame fue la primera víctima. El muy estúpido quiso aliarse con mi casa, desconfiado por la preocupante información que se había filtrado entre sus espías y confiando en que tendríamos más miedo a la traición que ellos. No fue difícil traicionarles ni aliarnos con tu casa para colgarle después. Pero eras el más listo y te reservábamos para el final. Así que elegí como Mano Derecha a Speau de la casa Unmerko. Era idiota como nadie y fue fácil manipularle mientras creía que me estaba manipulando a mi. Le saqué mucho dinero, pero ni me molesté en buscar un plan para liquidarle. Sabía que lo harías rápidamente. Fue un plan muy ingenioso por tu parte, pero yo te di una ayudita. Saqué al asesino que contrató para matarte de la cárcel y le proporcioné medios para que se vengara. Una pena que fuera un estúpido y lo hiciera sin consentimiento de su gremio.

“Y todo eso nos lleva a ti, el último obstáculo eliminado. Me he reído mucho al ver tu frustración por no poder manipularme. No te haces una idea de cuánto. Sólo podías ver cómo poco a poco perdías poder y todo se desmoronaba poco a poco. Apuesto a que ni siquiera tú, el gran previsor, habías previsto las consecuencias de eliminar a la mayoría de los jugadores. Yo tenía vía libre para hacer lo que quisiera y para que echaras la culpa de todo a mi mujer y a Raming.

“Infiltré a mi Jefe Estratega entre los asesinos y le creé una buena fama falsa. querías un buen asesino, y te fue recomendado… por un cortesano que creías tu aliado pero que está a mi servicio desde hace años. Y luego lo confirmaste con tus contactos de la taberna, a los que también tengo en nómina. Nos pilló por sorpresa la primera vez, y no podíamos probar nada porque tomaste muchas precauciones, así que nos reunimos rápidamente y decidimos fingir la muerte de la reina. Te mandamos a un escudero de confianza, que al parecer es un actor consumado para que examinara tu reacción al enterarte de la noticia. Nos confirmó que eras el que lo contrató. Y realizamos una magnífica actuación, pero ayudó que, en tu alegría, veías sólo lo que querías ver. El resto, te lo puedes imaginar.

El rey lo miraba con una expresión de triunfo y mofa al mismo tiempo, al igual que el resto de los presentes. Medio enloquecido, escupió a los pies del monarca y gritó

-¡El resto de nobles no lo permitirán! ¡Se alzarán contra ti y acabarás con la cabeza en una pica!

-¿De veras piensas que lo harán? El pueblo me quiere. Les he dado poder, y con la igualdad impositiva he reducido sus impuestos, lo que hace que me quieran más aun. Bastará con un comentario en mi contra para que todos se echen encima del que lo pronuncie. La Ley de Sucesión ya está redactada y preparada, y mañana por la mañana se aprobará y anunciará públicamente junto con la Ley de Igualdad, de la que no te hemos hablado aunque hemos trabajado en ella desde que te nombré Mano Derecha, y la proclama de tu ejecución mañana por la tarde. Y aunque alguien fuera en contra de mí, no me preocupa. Después de todo, el rey es intocable.

****

Todo lo planeado por Nolog de la casa Powem se cumplió con increíble precisión.

La Ley de Sucesión y la Ley de Igualdad fueron antecedentes de un proceso democratizador parecido al que se había llevado a cabo en el país vecino hacía ya un siglo, en el que el rey gozaba aun de un gran poder, limitado, eso sí, por el pueblo llano. La nobleza pasó a ser, simplemente, una fuerza política más, sin el poder ilimitado del que habían gozado hasta entonces. Muchos fueron los nobles que se rebelaron contra ese nuevo sistema, y lograr la cabeza del rey pero el pueblo no deseaba cambiarlo, y fueron ellos quienes acabaron con la cabeza en una plica.

Casob, el último noble con bastante poder para evitar sus planes, fue ejecutado en la Plaza Mayor de Capital a la tarde siguiente por una larga lista de delitos: alta traición, varios intentos de asesinato, intrigas, trato con bandidos y robo al tesoro real eran sólo algunos de los cargos contra él. Su muerte no fue digna, ni mucho menos, proporcionando con sus acciones tema para las habladurías durante muchos años. Enloquecido, había afirmado cosas tales como que el rey era un traidor, (cosa imposible, por otro lado) y había alternado esa clase de comentarios con peticiones de venganza. En efecto, uno de los nobles aliados a su causa, arruinado tras perder a su protector, lo intentó allí mismo, en la plaza, delante de la multitud. Cogió a todos desprevenidos y la guardia no reaccionó a tiempo… pero el rey era intocable.

FIN

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