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sábado, 8 de octubre de 2016

La estatua (vcmr) + biografía imaginativa

¡Hola a todos! Hoy, antes de compartir con vosotros el nuevo relato con las últimas consignas recibidas de mano de Judith (hipopótamo y estrafalario) y Miss Trambolika (espacio), quiero pasaros el enlace a la nueva sección de La orilla de las letras: biografías imaginativas. ¡Se estrena con la mía!
Y, ya sin más dilación, el texto:

La estatua
Los monjes, pertenecientes a la orden más pobre de toda la región, encontraron el templo abandonado y, tras adecentarlo, se instalaron en él. Supieron que habían hecho la elección correcta en cuanto empezaron a llegar los primeros donativos, que les permitieron realizar muchas obras de caridad. Gracias a ello se corrió la voz y recibieron aún más limosnas, que dedicaron a hacer mejoras en su nuevo hogar. 
Las contribuciones continuaron creciendo y los monjes siguieron llenando sus arcas, con decoraciones y hábitos cada vez más fastuosos, mientras descuidaban sus obligaciones. Pronto se quedaron sin espacio y se plantearon hacer un edificio anexo para guardar las riquezas de la orden, aunque la avaricia les pudo: ¿para qué gastar sus preciados recursos si ese hipopótamo estrafalario de barro, la última reminiscencia del antiguo templo, ocupaba mucho espacio?
Así pues, los monjes destruyeron la estatua, esparcieron sus fragmentos en el exterior y llenaron ese cacho de templo con más objetos. No obstante, al final no les quedó más remedio que construir el edificio anexo y ese fue el principio de su fin: invirtieron demasiado dinero en hacerlo y, al día siguiente de acabarlo y guardar todas las riquezas en él, se incendió y todo se perdió. Lo que lograron salvar no tardó en desaparecer por impuestos y saqueos. Además, como hacía tiempo que no realizaban obras de caridad, los habitantes de los alrededores ya no estaban tan dispuestos a hacer donativos.
Al final, los monjes se quedaron sin ningún recurso y tuvieron que abandonar el lugar. El templo volvió a quedar vacío, a excepción de una estatua de hipopótamo, cuyos fragmentos se habían vuelto a unir, que esperaba con impaciencia a la próxima orden de monjes que se instalara allí: ¡disfrutaba tanto atrayendo la fortuna para corromper a los hombres santos y arruinándoles en cuanto se deshacían de ella!
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 Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
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