Amigos o algo más Enemigos o algo más incursores de la noche incursores del ocaso Eladil Atrapada en otra dimensión Viajera interdimensional48 trozos 126 trocitos 42 trozos PINCHA EN CADA PORTADA PARA SABER MÁS SOBRE EL LIBRO. Para más información visita la Web oficial de Déborah.

jueves, 14 de diciembre de 2017

El murciélago: un relato del reto dados

Otro relato breve hecho con los resultados de los dados que lanzo para el reto de escritura creativa, podéis verme tirarlos aquí:

El murciélago

Interrumpió su paseo por el bosque para quitarse las gafas y secar sus lágrimas; iba a echar de menos todo aquello cuando se mudara a la ciudad.
«Ojalá mis padres no me obligaran a acompañarles y me dejaran quedarme aquí, aunque fuera con la abuela, hasta que cumpla la mayoría de edad», pensó.
Estaba a punto de ponerse las gafas de nuevo cuando un murciélago, desorientado, chocó contra él e hizo que se le cayeran y se rompieran, lo que le dejó prácticamente ciego. Había apagado su móvil para estar a solas con la naturaleza y no era capaz de meter el pin sin ver los números, así que no tenía forma de avisar a nadie de su apuro. Así pues, a sabiendas de que se perdería o se haría daño si caminaba sin ver, se sentó en el suelo y esperó con paciencia a que alguien se diera cuenta de su ausencia.
Por desgracia, sus padres llegaron tan tarde a casa que ni siquiera se percataron de que no había cenado y dieron por sentado que estaba dormido, lo que le obligó a hacer noche en el bosque. Por la mañana, hambriento y desesperado por no haber sido encontrado todavía, intentó caminar en la que, sospechaba, era la dirección correcta, pero no había andado muchos pasos antes de tropezar y romperse una pierna.
Le encontraron bien entrada la mañana, cuando sus padres recibieron una llamada del colegio diciendo que no había aparecido y se pusieron a buscarle por fin. Por supuesto, se enfadó con ellos y les culpó por no haberse dado cuenta, además de acusarles de dejarle abandonado. ¿Qué iba a pasar si le ocurría algo malo en la ciudad, se enterarían a tiempo, siquiera?
Por suerte, la pierna rota y el sentimiento de culpa obraron el milagro: necesitaba a alguien que le cuidara mientras se reponía y ellos no podían prestarle la atención que necesitaba, así que se quedó con la abuela mientras se curaba. Por supuesto, para cuando eso pasó, el curso ya estaba avanzado y no tenía sentido hacerle cambiar de instituto a esas alturas. Así pues, siguió disfrutando de su bosque y, cada vez que veía un murciélago, murmuraba un «gracias» por si era el que le había tirado las gafas.

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