Amigos o algo más Enemigos o algo más incursores de la noche incursores del ocaso Eladil Atrapada en otra dimensión Viajera interdimensional48 trozos 126 trocitos 42 trozos PINCHA EN CADA PORTADA PARA SABER MÁS SOBRE EL LIBRO. Para más información visita la Web oficial de Déborah.

miércoles, 11 de julio de 2018

Relato breve: Pánico a la monogamia

Cuarto relato corto hecho con las palabras de Vuestras consignas, mi relato: tocaban agua, monogamia y mayéutica.

Pánico a la monogamia

Amaba mucho a su chica, así que, cuando ella empezó con las insinuaciones que tarde o temprano acabarían en un ultimátum, decidió que tenía que superar su pánico a la monogamia. Acudió a un psicólogo que le hizo perder el tiempo en una larga conversación mayéutica que no llegó a ninguna parte, luego a otros expertos que tampoco lograban solucionar nada: cada vez que llegaba la hora de pedirle matrimonio, se atascaba. 
Probó distintos trucos para superar el pánico, como beber agua antes de decírselo, escribirle una carta que luego no se atrevía a darle y mil intentos más que nunca funcionaran. Comenzó a desesperarse, pero no había tenido en cuenta una cosa: ella no era de las que se quedaban esperando pasivamente y, cuando vio que las indirectas no funcionaban, en vez de darle el ultimátum y seguir a la espera pasó a la acción y le pidió matrimonio.
Ahí también se quedó bloqueado, pero no lo suficiente como para no mover la cabeza en un asentimiento. Después de eso, ella no perdió más el tiempo: sabía que si le dejaba pensárselo acabaría por echarse atrás, así que le llevó al aeropuerto, cogieron un vuelo a Las Vegas y, antes de que se le pasara el estado de shock, ya estaban diciendo sus votos frente a un dudoso Elvis.
Ella le aseguró que el divorcio siempre estaría disponible si así lo deseaba, él solo acertó a decir "Te quiero", y sellaron su matrimonio con unas firmas, dos anillos y un beso.
-Eso sí -le dijo ella cuando salieron de la capilla y vio que él comenzaba a liberarse del aturdimiento que le producía saberse casado-. Puedes divorciarte cuando quieras, pero como me seas infiel te capo.
Él se echó a reír, aliviado y simplemente le dio un beso como respuesta. Lo del divorcio había aplacado un poco el pánico, aunque nunca tuvieron que recurrir a ello y, por supuesto, ella nunca tuvo que cumplir su amenaza.

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Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

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