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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

viernes, 16 de enero de 2009

Encuentros (parte2) (perdón por el retraso)

Roberto

¡Se negaba! ¿Cómo era posible? Había usado la sonrisa, su sonrisa más encantadora, con la cual había logrado siempre hacer desfallecer a las chicas. Y ella no sólo se había negado, sino que también lo había hecho con un tono enormemente burlón y sin poner ninguna excusa. Sin estar acostumbrado, ni mucho menos, a que ninguna chica le negara nada, preguntó:

-¿Por qué no?

-Porque si te ayudo, no será tu regalo, técnicamente será un regalo mío pero que has pagado tú - respondió ella, aun con ese tono burlón. Era increíble. Inconcebible. Le había dado una respuesta simple y coherente, seguro que pensando que era irrefutable. “A este juego podemos jugar dos, bonita” ¿Acababa de pensar que era bonita? Aunque ahora que la miraba con atención, lo cierto era que era bastante atractiva. Casi guapa. No entendía cómo no se había fijado antes en ese detalle.

-Pero si no me ayudas, probablemente le compraré algo que ya tenga o que no le guste, lo que sería una desilusión para Sara y ya sabes el mal humor que se gasta cuando no le ha gustado algo… -contraatacó utilizando otra vez su sonrisa. A lo mejor la primera vez no la había usado bien…

-Pero eso es tu problema, y yo no tendré que aguantar su mal humor, porque mi regalo seguro que sí le gusta –volvió a replicar Estrella. Esa chica empezaba a caerle bien. Era la primera que conocía capaz de negarle algo de forma tan directa. Pero en ese momento, era un problema. Probó con su último recurso… suplicar.

-Venga, mujer, ¡si no te cuesta nada! Estoy desesperado, inseguro de que lo que me llama la atención sea lo que le gusta a ella. ¡Por favor!

- El que no me cuesta nada es relativo. Y lo cierto es que tu desesperación, más que empatía, me produce risa.

¡No funcionaba nada! Y lo más estúpido de todo era que eso le encantaba. “La verdad es que la chica es encantadoramente borde. Aunque eso suena contradictorio, es así. Me gusta su estilo.”

-Bueno, pues ríete de mi, pero mientras me ayudas, que seguro que tienes ocasión.

-¿No me vas a dejar en paz hasta que no logres que te ayude? –respondió ella con tono cansado.

-Lo cierto es que te has convertido en un reto personal para mí –dijo burlonamente. Y era verdad. Como también era cierto que ahora le apetecía mucho pasar un rato más con ella.

Estrella

¡Era un pesado! Pero un pesado encantador, eso sí. Y le respondía de forma bastante inteligente. Quizás no fuera tan tonto como parecía. Lo cierto era que tenía pensado aceptar… tras hacerle sufrir un poco. Así pues, se hizo de rogar un poco, como si se lo pensara, y luego se levantó lentamente y dijo con voz de aburrida:

-Está bien

Él sonrió, pero no era esa sonrisa para encandilar, que en el fondo era una sonrisa entrenada y falsa que hacía que se le marcaran los hoyuelos. Era una sonrisa de verdad, la primera que le veía, y eso le gustó.

-¿Qué tenías pensado? –preguntó arrebatándole los libros que llevaba en la mano. Filosofía, un libro en inglés, narrativa histórica… Lo cierto era que tenía intuición al elegir los libros, pero a Sara no le pegaban nada –No sirven. Sara no habla inglés, sino francés, no la he visto nunca coger un libro de filosofía y ese libro se lo presté hace poco y me lo devolvió al poco diciendo que no podía pasar de la página quince.

-Es que esos no son para Sara, son para mí –dijo él, volviendo a arrebatarle los libros.-Pensaba comprarle algo de este tipo, de los que se lee siempre, y con ésos estoy totalmente perdido.

Increíble. Los libros eran para él. ¿Sería que tras su máscara de tonto guaperas se escondía una persona inteligente y compleja. Empezaba a gustarle ese chico. Y no solo físicamente. ¿Quién iba a decirle que alguna vez Roberto le caería bien?

-Bueno, pues entonces, elige uno y yo te doy mi aprobación o no- dijo sonriendo ella también. Él eligió uno tras pensárselo un rato.

-¿Por qué ese? –preguntó ella, sin entender una elección tan rara y sin mirar siquiera la contraportada.

-Me gusta la portada. ¿Lo apruebas? –dijo con un tono extraño “¿Está coqueteando conmigo?”

-No, a menos que quieras comprarle los cinco que van delante.

-¡Ups! –exclamó Roberto, tras lo cual lo dejó en su sitio echándose a reír. “¡Qué chico más raro! Pero no lo estoy pasando tan mal…”

Cajas del centro comercial

Roberto

Acababa de pagar y esperaba a que lo hiciera Estrella. ¡Qué chica más interesante! ¡Y pensar que no quería hablar con ella cuando la vio por primera vez en el centro comercial! Había sido muy paciente con él (más de lo que él se hubiera atrevido a esperar) y, de hecho, había hablado con tanta pasión del libro que había cogido por primera vez que había cogido el primero de la colección a ver qué tal estaba. Y además no era tan empollona ni tan tontita como se figuraba al principio Era una persona fascinante y le alegraba encontrar a alguien con quien, para variar, poder hablar de cualquier tema sin parecer un bicho raro. Era un estúpido por haberse dejado llevar por su primera impresión con ella. “No es que sea aburrida, es que es algo tímida, nada más. Pero yo soy un imbécil y he desperdiciado meses de lo que puede llegar a ser una buena relación solamente por prejuzgarla”

-Estás en las nubes –dijo Estrella a su lado. Salido de su ensimismamiento, le dedicó su mejor sonrisa y miró sus bolsas. Tenían pinta de pesar un montón.

-¿Seguro que puedes con todas?

-Lo cierto es que estoy acostumbrada, lo hago una vez al mes, y soy bastante fuerte –dijo ella sonrojándose. Era guapa de verdad. Seguro que si no llevara unas pintas tan raras sería sensación entre los chicos.

Estrella miró entonces la hora y dijo:

-Tengo que irme a casa ya, se me ha hecho muy tarde y es casi la hora de comer. Ha estado bien. Nos vemos.

-¡Espera! –dijo Roberto casi gritando -¿y si te invito a comer? Después de todo, es lo menos que puedo hacer después de hacerte perder el tiempo de esta manera por lo inútil que soy para encontrar un regalo apropiado. –No podía dejarla ir tan pronto, ahora que estaban disfrutando de su mutua compañía, que se caían bien.

-No sé… Se supone que tengo que irme ya a casa y…

-Y ¿Qué? Ya no tenemos que estudiar nada, nos lo estamos pasando bien y tú misma has dicho que ya es la hora de comer. ¿No crees que es mejor que hagas una llamada a tus padres y que te ahorres el llegar tarde? No me negarás que no es un buen argumento…

Ella le sonrió y se echó a reír

-¿No me vas a dejar en paz hasta que no logres que vaya?

Roberto se echó a reír también y respondió

-Lo cierto es que te has convertido en un reto personal para mí

Domingo por la tarde. Parque cercano al centro comercial

Estrella

Hacía horas que terminaron los bocatas que habían comprado previamente en un restaurante de comida rápida, pero lo cierto era que no se aburría en absoluto. Roberto era, en realidad, muy interesante. Su fachada de chico tonto pero guapo se había desmoronado enseguida, y le gustaba lo que había debajo.

Habían hablado de todos los temas posibles, música, filosofía, cine, arte… No siempre coincidían en todo, ni mucho menos, y era eso, quizás, lo que más le gustaba. Tenía sus propias opiniones, y lo mejor era que sabía argumentarlas. Lo único que la había molestado un poco era que parecía un imán para las chicas. Todas le conocían y todas se paraban a hablar con él. Hasta que se dio cuenta de que él estaba tan incómodo como ella, y se habían ido a una zona del parque por la que no solía pasar nadie.

Atardecía. Finalmente, se dio cuenta de lo tarde que era y se levantó

-Bueno, ahora sí que es hora de irme a casa ¿Sabes? Mis padres no acostumbran a tenerme todo el día fuera de casa y deben estar algo preocupados.

-¡Vaya, sí que es tarde! Te acompaño –dijo, levantándose él también y cogiendo una de sus bolsas. -¡Pesa de veras!

Sonriendo, se encaminaron hacia la casa de Sara sabiendo que era el comienzo de una nueva amistad.

El domingo siguiente por la tarde. Fiesta de cumpleaños de Sara

Sara

Se había perdido algo importante y lo sabía. No había otra explicación posible. Los sucesos extraños empezaron el domingo pasado, cuando su primo Roberto la llamó para pedirle, por favor, que le dejara asistir a la fiesta de cumpleaños que le habían preparado sus amigos. No entendía exactamente el por qué de su petición, ya que era frecuente que Roberto se dedicara a decir lo raras que eran sus amistades. Aunque adoraba a su primo, esa faceta suya no la gustaba nada, y no quiso invitarle al principio, pero al final insistió tanto que aceptó con recelo.

Pero la cosa había sido cada vez más rara. Su amiga Sara se había pasado toda la semana comportándose de un modo extraño. Sonreía mirando al infinito, perdida en sus ensoñaciones. Las ensoñaciones eran comunes en ella, pero no con tanta frecuencia, y no de esa forma.

Pero había algo más. Dos tardes, había dicho que no iba a salir con el grupo porque había quedado. Para Estrella, eso significaba quedarse en casa leyendo. Como ese verano todos habían decidido que iban a hacer que Estrella no se convirtiera en un vampiro (el verano anterior incluso no podía salir al sol porque le hacía daño en los ojos) habían ido a buscarla, para encontrarse con sus desconcertados padres diciendo que pensaba que había salido con ellos. Cuando la preguntaban por dónde se había metido y con quién, se limitaba a reírse y responder “Si te lo dijera, no me creerías”

Luego estaba la cuestión del regalo. Roberto había acertado de pleno, y eso que todos los años la regalaba algo horrible.

Pero lo más extraño de todo se lo había encontrado cuando llegó a su fiesta. Roberto y Estrella estaban conversando como si fueran amigos de toda la vida y no paraban de reírse. Pasó eso por alto hasta que, por casualidad, los vio besarse en un rincón.

Apostando que todo estaba relacionado de algún modo, aunque sin comprender cómo se había producido esta situación, se acercó a ellos cuando la dejaron libre un momento y preguntó:

-¿Y bien?¿qué está pasando aquí?

Los dos se miraron y, riendo, Roberto respondió:

-No nos mires con esa cara, mujer, después de todo, aunque sin quererlo, todo esto es culpa tuya.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Encuentros (parte 1)

Domingo por la mañana. Vestíbulo del centro comercial

Estrella

Era principio de mes y, como acostumbraba, se iba a aprovisionar de libros con el dinero de la paga que le daban sus padres. ¿Qué mejor sitio que un centro comercial para ello? Así que allí estaba, mirando el cartel informativo para ver a qué planta tenía que dirigirse, porque era la primera vez que visitaba el centro comercial, inaugurado, no obstante, hacía varios meses.

En el momento que se giró para ir a las escaleras, le vio. Ese idiota del primo de su mejor amiga, Roberto.

No tenía nada de ganas de hablar con él, así que pensó “Haré que no le he visto”

Roberto

Ese día prometía ser un auténtico aburrimiento. Tenía que comprarle un regalo a su prima y, como no, no tenía ni idea de qué comprarle. Aunque se llevaban bien, no salían con la misma gente, ni tenían los mismos gustos en nada.

Mirando el cartel, mientras hacía tiempo hasta que se le ocurría algo, la vio. La friki de la amiga de su prima Sara, Estrella.

No le gustaba demasiado y nunca había intercambiado con ella más de tres frases seguidas, así que pensó “Fingiré que no la he visto”

Sección de música del centro comercial

Estrella

Ya que estaba allí, iba a comprarse un disco. Había sido una decisión espontánea, algo poco propio de ella, que acostumbraba a planificar hasta el más mínimo detalle cuando se trataba de administrar su paga, ya de por sí escasa. No obstante, guardaba un pequeño fondo para ese tipo de caprichos sin planificar, y ahora iba a aprovecharlo para comprarse el CD nuevo de su grupo favorito. Ese día había decidido que, por un mes, no se lo iba a gastar todo en libros.

Una vez localizado el disco que quería, se encaminó hacia las escaleras para subir a la cuarta y última planta que, cómo no, era la de los libros. Y allí estaba él otra vez. Lo cierto era que ya tenía bastante con tener que tratar con él y su aire de superioridad las escasas ocasiones en que su amiga Sara se paraba a hablar con él, así que, por segunda vez, fingió no haberle visto.

Roberto

Ya que tenía que pasar por el calvario de encontrar un regalo decente para su prima, había decidido que lo mejor era darse un capricho antes. Se fue directo a buscar el CD nuevo de su grupo favorito y se encontró con que la extraña mujercilla que se decía amiga de su prima estaba con el mismo CD que él quería en la mano. “Quizá no tenga tan mal gusto como creía” se dijo a sí mismo mientras, fingiendo mirar otro estante, esperaba a que ella se decidiera, ya que si se acercaba no tendría más remedio que hablar con ella.

Por fin se dio la vuelta hacia las escaleras disco en mano, y le lanzó una mirada rápida. “Me ha visto, vaya, ahora tendré que hablar con ella”, pensó. Pero ella pasó de largo sin decirle ni un solo hola. “Si es que esa chica está siempre en las nubes, hay que ver, no darse cuenta de que estoy aquí… ¿O sí se ha dado cuenta?” Pero eso era imposible, porque era raro que las chicas le ignoraran de una forma tan descarada, a menos, claro, que fuera una de esas ridículas estrategias para ligar, y no solían durar mucho. “¿Por qué estoy dando vueltas a esto? Me haya visto o no, es una suerte que no me haya hablado” Pensaba esto, pero lo cierto es que se había quedado algo mosqueado con el no-saludo de Estrella.

Sección de librería del centro comercial

Estrella

Cargada de libros, tanto que apenas podía ver por donde pasaba, calculó que aun así le quedaba la mitad del presupuesto, porque, por suerte, sus padres le habían dado una paga extra por sus buenas notas. Así que decidió ir a su sección favorita: la de literatura fantástica y de ciencia ficción.

Aunque lo cierto era que leía de todo, su pasión por este tipo de libros la había dado la fama de “friki”, lo que a su vez había ocasionado una escasez en su lista de amigos. Por suerte, hacía dos años había encontrado a Sara, que compartía sus extraños gustos literarios pero era algo más abierta con los demás. Desde entonces, se había integrado a la perfección en su grupo de amigos. “Va a ser su cumpleaños dentro de poco, tengo que comprar mi parte del regalo”, recordó de repente. Sus amigos y ella habían planeado comprarle cada uno un libro de una saga que quería, y todos lo tenían ya comprado menos ella, que nunca tenía dinero a no ser que fuera a principios de mes. Por suerte, localizó el regalo de su amiga en seguida “Menos mal que no está agotado, como la última vez…” Lo cierto era que no quería ni recordarlo. Se había recorrido todas las tiendas en un radio de 25 kilómetros a pie, para al final encontrarlo en la última tienda visitada. Aunque andaba rápido, le había llevado casi un día entero encontrarlo, porque encima se perdió.

Dejando el montón de libros que ya iba a comprar a un lado, se puso a mirar con detalle todas las novedades que habían salido. Y en un momento dado, le volvió a ver. “¿Este bobo en la sección de librería? Cualquiera lo diría…¡Y yo que pensaba que lo máximo que alcanza a leer son los carteles publicitarios, y porque tienen poco texto!” Volvió a ignorar su existencia, aunque la había visto, y siguió con las novedades. Cuando acabó con ellas, se acuclilló y miró todos los libros del estante de abajo, perdiendo la noción del tiempo.

Roberto

Desesperación. No había otra palabra que definiera mejor lo que sentía en esos momentos. Había recorrido las secciones de DVD, música, ordenadores… sin éxito. Ya llevaba tres llamadas a su tía para ver si tenía algo interesante, y la respuesta siempre había sido “Sí que lo tiene”. Finalmente, había decidido probar con la sección de librería. Su prima leía mucho, aunque no tanto como la loca de su amiga. Esa llevaba un libro hasta para ir a la piscina., la muy cutre.

Antes de irse a la sección de frikis, tomó la decisión de pasarse por las que le gustaban a él. Filosofía, narrativa, en otros idiomas… Al contrario de lo que se solía pensar debido a su imagen de chico popular, él también era un ávido lector (de cosas normales, eso sí), y lo cierto era que sacaba unas notas muy buenas. Pero no iba por ahí pregonando sus méritos como Estrella. De alguna forma, ella se las ingeniaba para que todo el mundo supiera que era la niña modelo. Insufrible.

Fue con esa última palabra pensada cuando volvió a verla. Esta vez no se extrañó ¿Dónde, si no, iba a estar la intelectual? Esta vez, ella levantó la cabeza y cruzaron una mirada. Esta vez sí que era imposible que no le hubiera visto. Pero, por tercera vez en ese mismo día (ahora estaba seguro de que así era), le volvió a ignorar. Ni una sonrisa, ni un gesto, ni un saludo, simplemente cogió otro libro y se puso a leer la contraportada. “¿Pero qué le pasa a esa chica? ¿Es que pretende fingir que no me ha visto? ¿Quién se cree que es para ignorarme así? Pero, por otro lado ¿Por qué me importa tanto?” Pensaba malhumorado, mientras buscaba algún libro que le animase.

Luego llegó el momento fatídico. Lo había demorado un montón, pero ya no tenía excusa. No le quedaba nada más que una sección. Y allí se fue. Por suerte, se había ido ya esa maleducada. O al menos eso pensaba, hasta que la vio al otro lado del expositor de novedades, tirada en el suelo y mirando la contraportada de otro libro, con una enorme pila de libros a su lado coronada por el CD de su grupo favorito.

Ella le había ignorado, y él hizo lo mismo. Hasta que la desesperación pudo con él. No sabía qué comprarle a su prima… y ella era su mejor amiga. Era su oportunidad de averiguar qué comprarle… aunque para ello tuviera que soportar un rato de charla con esa chica insoportable.

Estrella

Tan ensimismada estaba con la lectura del argumento del libro que tenía en mano que cuando alguien la tocó el hombro para llamar si atención pegó un gran bote y se dio con la cabeza contra la estantería en que estaba apoyada. El que es torpe es torpe, qué se le va a hacer. Levantó la cabeza para ver quién era el causante y se encontró cara a cara con los ojazos azules del primo de su amiga. “¡Maldición! ¿Es que este chico no capta las indirectas? ¿Qué debo hacer para que se de cuenta de que no quiero hablar con él? ¿pegarme un cartel en la frente?” Resignada, preguntó

-¿Sí?

-Eres amiga de mi prima –dijo él tan tranquilo. “Comprobado, es tonto”

-Sí –respondió, sin saber qué más decir.

-¿Sabes que va a ser su cumpleaños? –volvió a decir. “¿Quiere ir a parar a algún sitio o solo quiere hablar por hablar?”

-Sí –volvió a responder. En otra situación, le habría respondido con algún sarcasmo, pero es que estaba totalmente desconcertada. Y lo cierto era que el chico imponía. Le gustaba, por lo menos en el ámbito físico, y su cercanía le provocaba una revolución hormonal siempre, pero desde el primer momento había decidido que era un idiota y ella siempre tomaba sus decisiones y hacía sus amistades con racionalidad. Y su razón la decía que se alejara de él.

-¿Sabes ya qué comprarle? – preguntó Roberto indeciso. “¿A qué viene el interrogatorio”

-Sí –repitió “¿Qué hago para librarme de este pesado?”

-¡Estupendo! Me preguntaba si podrías ayudarme a buscarle un regalo adecuado –dijo con la que seguro era su sonrisa más encantadora. Seguro que con esa sonrisa conseguía que cualquier chica hiciera lo que él quería… Pero ella no era una chica cualquiera y encima se había dado un golpe en la cabeza por su culpa. No estaba por la labor.

-¿Qué te ayude? Estás que sí, majo- a Roberto le cambió la cara. “Jajaja, apuesto a que no esperaba esta respuesta”


(demasiado largo para una sola entrada: continuará...)

domingo, 21 de diciembre de 2008

los magos para libros

Cuando me dio el venazo por la escultura, hice también unos magos muy monos para sujetar los libros, aprovechando que necesitaba unos urgentemente para que mis preciados libros no se deformasen en mis nuevas estanterías, más grandes que las anteriores. Ahora, más que sujetar adornan porque las estanterías se han vuelto a llenar con sorprendente rapidez y empiezo a verme de nuevo con problemas de espacio.

viernes, 5 de diciembre de 2008

La vida en unos pocos objetos

Respondiendo al reto que me mandó http://victorgreenblog.blogspot.com, aquí están mis objetos definitorios. Reglas: Los abajo nominados deberán sacar una foto de al menos CINCO útiles que definan su estilo o personalidad. Queda descartada la ropa interior, complementos demasiado evidentes ni materiales fungibles. Cada uno de los encadenados deberá encadenar a un mínimo de CINCO blogs y siempre hará referencia a el blog http://eleganciaperdida.blogspot.com/ como creador de este juego.
No se me ocurren cinco blogs para encadenar, así que cuando los sepa ya actualizaré la entrada.
Bien, estos son:
  1. Cómics: me chiflan los comics, especialmente los mangas, lo que se refleja mucho en mis dibujos. He elegido Rurouni Kenshin para la foto porque es mi preferido: los niños tienen héroes como superman o spiderman, el mío era Kenshin. Descubrí el anime cuando era un micajo y me reenganché hace poco. Por suerte, poco después salió la edición integral desde el principio.
  2. MP3: la música es mi pasión y mi vida, no hay tarea que pueda desempeñar sin música. ¿El estilo? Desde pop a música celta, pasando por indie, rock...
  3. Pelotita antiestrés: no hay mucho que añadir a eso, el nombre lo dice todo. Me estresa todo, hasta no hacer nada, y mi hermano, siempre tan atento, tuvo el detalle de regalarmela. La uso tanto que me sorprende que aun conserve el dibujo de la carita.
  4. Libros: son lo que más me define. Leo una media de 3 libros por semana, la mayoría de fantasy. Elegí El elfo oscuro porque es mi preferido: lo compré por impulso aunque era carísimo y no me llamó la atención, y puedo asegurar que mereció la pena. Memorias de Idhun o Eragon me introdujeron en el friki mundo del fantasy, pero El elfo oscuro (una trilogía que tiene 200 y muchos euros en secuelas que, por cierto, tengo todas) marcó un antes y un después. Si alguien quiere leer buena literatura, aunque no le guste el fantasy, sabrá apreciarlo.
  5. Pendientes: son mi complemento base: puedo ir hecha un desastre, pero nunca salgo sin ellos y nunca repito dentro del més. Si un día voy sin pendientes, me siento desnuda. Esos pendientes en concreto me encantan por una sencilla razón: los hago yo.
  6. Colgantes: los llevo sólo en verano, porque no tiene sentido ponermelos bajo 4 capas de ropa. El corazón con mis iniciales me lo hizo mi padre en bronce (yo hice el molde en cera) y le tengo cariño. El mago lo hago yo y es uno de los que más me pongo.
  7. La libreta: compañera infatigable de fatigas, va conmigo a TODAS PARTES. Muchos relatos y gran parte de mi libro han pasado por sus páginas, así como apuntes (si se me olvidabe el cuaderno). Me ayuda a matar el aburrimiento