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martes, 13 de octubre de 2026

Relato: La coartada perfecta

Un nuevo relato hecho en base a los dados que me veis lanzar en este vídeo:

La coartada perfecta

Dados que inspiraron el relato
En dos o tres días acabaría la obra y todavía no había dado con ninguna manera de ejecutar el robo. La señora de la casa no paraba de pasearse de un lado para otro con sus altos tacones, sin quitarle la vista lasciva de encima, así que no había podido escabullirse para explorar la mansión en busca de objetos valiosos que afanar.
Frustrado, acabó una vez más su jornada laboral y se marchó sin saber muy bien cómo explicarle a su socia que el plan iba a ser un fracaso.
Para su sorpresa, al abrir la furgoneta para meter los materiales, la encontró repleta de objetos valiosos. Su socia, picarona, le hizo un gesto de silencio y le indicó que debía ponerse en marcha para salir de allí. 
Al llegar a su destino, se lo explicó todo:
-Nos lo ha puesto tan fácil que no he podido resistirme. Dejan la alarma desactivada mientras están en casa. Mientras la señora se dedicaba a apreciar tus musculitos poniendo ladrillos en una punta de la mansión, ha sido coser y cantar colarme y dejar limpia la otra punta. Con esto, tenemos para vivir bien una buena temporada.
-Pero... Yo no he hecho nada -respondió él, acostumbrado a ser el que hacía el trabajo sucio.
-¿Cómo que no? Has sido la distracción. Y tendrás que seguir yendo a soportar sus miradas lascivas hasta que acabes esa pared. Tienes la coartada perfecta, pero si desapareces de repente levantarás sospechas.
Un suspiro de aceptación fue su única respuesta. 
Al día siguiente, volvió al trabajo y tuvo que someterse a un interrogatorio de la policía por el robo, pero no había nada que decir. Había estado con la señora todo el rato y había visto lo mismo que ella: nada.
Luego, la señora estuvo incluso más pesada que antes del robo, con la excusa del delito, y tuvo que pararle los pies en más de una ocasión. La casa estaba llena de policías tomando huellas y, cuando coincidió que ella intentó tocarle el trasero estando uno delante, tuvo la excusa perfecta para estallar, amenazarla con denunciarla por acoso y marcharse de la casa dejando el trabajo a medias.
Su socia alzó una ceja al verle aparecer tan pronto, y rio cuando le contó indignado lo que había pasado. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ella, que normalmente era la distracción, había vivido esa misma situación demasiadas veces. No volvería a pensar que era él quien se encargaba siempre del trabajo sucio.
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martes, 29 de septiembre de 2026

Relato: La corbata

La consigna para hoy era "Escribe un relato sobre una corbata y un personaje que no sabe cómo ha llegado allí".

La corbata

Esa corbata no debería estar ahí. Ni en ningún sitio de la casa, porque él nunca había llevado una desde que se casó. Habría entendido que estuviera en la terraza, porque siempre se le podía caer del tendedero a un vecino de los pisos superiores. ¿Pero entre los cojines del sofá? Imposible.
La única explicación posible era un amante. Se sentó, desolado. Amaba a su esposa con toda su alma, no podía perderla. Seguro que era un bache. Tenía que ser un bache. Pero ¿qué podría hacer para recuperar la chispa?
Empezó a darle vueltas al tema, dispuesto a luchar por ella, retorciendo la corbata entre las manos. Y así fue como le encontró su hija Chiara cuando volvió del instituto.
-¡La has encontrado! -dijo la joven, y se la arrebató de las manos-. Kitty me habría matado si al final hubiera ido a la fiesta sin ponérmela. ¿Pero me la puedes planchar, porfa? La fiesta es mañana.
-Me he perdido. ¿Para qué quieres la corbata? -preguntó desconcertado.
-Para la fiesta, papá, para la fiesta. Vamos a dejar a todos boquiabiertos con nuestro nuevo look -respondió Chiara, con los ojos en blanco-. Me voy a hacer los deberes, ¿me la planchas, porfa?
Asintió y se dispuso a acabar las tareas domésticas que había dejado aparcadas durante su pequeña crisis. Luego, encendió la plancha para que su hija pudiera llevar a la fiesta el dichoso complemento.
-¿Cómo? ¿Ahora usas corbata? -preguntó su esposa, sorprendida y un poco preocupada, cuando le vio. 
-Tu hija, para nosequé fiesta -se apresuró a decir, contento por la reacción. Estaba seguro que él había puesto la misma cara cuando vio la dichosa prenda, tan fuera de lugar en esa casa. Definitivamente, no había bache. Pero de todas formas decidió poner en práctica algunos de los planes en los que pensó en ese corto periodo en el que creyó que lo había. Después de todo, mientras Chiara estaba en la fiesta, tendrían la casa para ellos solos.
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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Relato: Magia sin varita

Nuevo lanzamiento de dados, que podéis ver aquí:

Magia sin varita

Dados que inspiraron el relato de fantasía
Levanto cosas con solo mirarlas. No es nada especial, todo el mundo puede hacerlo. Salvo que yo no necesito usar una varita mágica para lograrlo.
Las varitas, después de todo, tienen sus límites y, además, recuerdan las circunstancias exactas en las que conjuraron cada encantamiento, con lo que son una magnífica herramienta de control ciudadano. Un criminal capaz de hacer magia sin ellas puede generar mucho caos a su alrededor.
Yo soy una criminal, sé de lo que hablo. Empecé con pequeños robos para vivir un poco mejor en el pequeño pueblo de pescadores repleto de cangrejos donde me crie, pero cuando me mudé a la ciudad se me abrió un mundo de posibilidades.
Lo que no había hecho nunca era matar a alguien, hasta esta semana. Me ha ayudado otra persona que también tiene poderes más allá de su varita. Nuestros caminos convergieron como los de cualquier criminal con demasiado éxito: cuando la mafia nos reclutó por la fuerza, tras amenazarnos con desvelar nuestro pequeño secreto a las autoridades. 
Nos prometieron su silencio a cambio de un asesinato y no pudimos negarnos. Nos entrenaron para combinar nuestros poderes de forma que aumentara su alcance y nos enseñaron a mentir de forma convincente. Luego, nos dieron un plan de acción muy sencillo: matar al objetivo a plena vista con nuestros poderes, en medio de una multitud de gente, y fingirnos desconcertados cuando nos interrogaran.
El plan salió a pedir de boca, aunque no como esperaban. Porque matamos, sí, pero no al objetivo, sino al capo, que había decidido estar presente para disfrutar en directo de la muerte de su rival, y al hombre que nos entrenó.
Cuando las autoridades nos devolvieron nuestras varitas sin usar, dándonos por inocentes, fuimos directos al lugar donde nos habían entrenado. Llámalo intuición, pensamos que quizás no era la primera vez que usaban a personas como nosotros para cometer asesinatos. Y encontramos la lista.
Tu nombre aparece en ella, junto al de muchos otros. No, no te pongas nervioso. Puedes intentar matarme, sí, pero hay otra persona que tiene tu nombre y las pruebas que te incriminan. Además, no estoy aquí para eso. Vengo a hacerte una oferta. Tú también has hecho tus pinitos como ladrón y traficante, seguro que te interesa. 
Estamos pensando en montar una banda. La unión hace la fuerza, ya sabes. Esos mafiosos no se atrevían a tenernos entre sus filas porque, en el fondo, tenían miedo de nuestras capacidades. Pero todos los de la banda seremos especiales, con lo que no debemos temer a nuestros iguales y seremos prácticamente invencibles. Además, por supuesto, será muy lucrativo, así que, ¿qué me dices? ¿te animas?
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miércoles, 6 de septiembre de 2023

Relato: Un modo de localizarla

Un nuevo relato en el que escribo basándome en lo que sacaron los dados...

Un modo de localizarla

Dados del relato
Había pasado una gran tarde con Elise. Sus manos no se habían soltado ni por un segundo, y ella parecía muy interesada en lo que le decía. Así pues, después de acompañarla a su casa y de hacer un largo camino de vuelta hasta la estación de tren, que solo logró localizar gracias al navegador gps del teléfono, se puso a dibujar la tarde que habían pasado juntos, soñador.
Tan concentrado estaba que no se percató de que le estaban robando su maletín, donde llevaba sus dibujos y, lo más importante, su teléfono. 
El aparato no estaba localizable, pero decidió no borrar en remoto sus datos con la esperanza de que el ladrón lo encendiera en una zona wifi y se sincronizaran los datos con su nube; así podría recuperar el número de teléfono de Elise. Poco le importaba todo lo demás, salvo la forma de contactar con ella: se habían conocido en una exposición de una zona de la ciudad que ninguno solía frecuentar y no era probable que volviera a encontrarse con ella para pedírselo de nuevo. 
No hubo suerte, pero luego cayó en que sí que sabía una cosa: dónde vivía. Así que lo primero que hizo a la mañana siguiente fue tomar el tren e intentar localizarla en su casa. 
Se perdió varias veces; ya era difícil llegar con la ayuda del smartphone, pero esta vez no lo tenía y tampoco había estado especialmente pendiente del camino el día anterior. No obstante, horas después, agotado y hambriento, llegó hasta la casa y llamó al timbre.
Le abrió una señora entrada en años, que le comunicó que allí no vivía ninguna Elise. Seguro de que esa era la casa, insistió, desesperado, hasta que la anciana le dio con la puerta en las narices y gritó que llamaría a la policía cuando siguió en el umbral, suplicando.
Se alejó de la casa, desconcertado. Era una fachada inconfundible, pero por si acaso dio vueltas por el vecindario, no fuera que encontrara otra igual, e incluso llamó a varias puertas para preguntar. No se rindió hasta bien entrada la tarde, pero finalmente tuvo que aceptar que no volvería a localizar a esa chica tan especial.
Cuando por fin se largó del pueblo, Elise, escondida en el segundo piso de la casa de su abuela, la misma mujer que había negado conocerla, suspiró aliviada. 
Había pasado una tarde estupenda con él, pero esa misma mañana, había empezado a mandarle mensajes obscenos y luego se presentaba en su casa, desarreglado y comportándose como un desquiciado. Definitivamente, no volvería a dar su número de teléfono a alguien al que conociera tan poco, y mucho menos dejaría que la acompañara a casa, por mucho que sintiera de nuevo esa conexión tan especial.
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martes, 6 de diciembre de 2022

Relato: La primera batalla

Este relato lo hice para un concurso de la Fundación Biblioteca de Ciencia y Artillería. De espadas sé mucho, pero de artillería poco y menos, así que era de esperar el resultado. Pero aun así me parece que el relato quedó muy chulo.

La primera batalla

Todo está preparado, pronto empezará el combate. Esperan las órdenes en cualquier momento. Confía en que todo irá bien; sus mandos son grandes estrategas, y su armamento es muy superior al de sus enemigos. Pero ellos son conocidos por su crueldad y, en el fondo, tiene miedo de que algo salga mal y lleguen hasta ellos.

Santa Bárbara, virgen bendita, con tu espada vencedora protégeme de mis enemigos.

Aún recordaba el día en que se presentó en Segovia siendo un joven imberbe, con su certificado de nobleza y la cabeza llena de sueños de gloria. Entrar en la Academia fue todo un honor y sus primeros pasos en el Alcázar anticipaban un futuro brillante.
Su formación había sido dura, pero es bueno con los números y ha sido siempre de los mejores cuando realizaban las pruebas; apenas tenía fallos y dar en el blanco no tenía secretos para él.
No obstante, ahora que su primer combate es inminente, se pregunta si está preparado. No sería el primero que empieza a tener fallos bajo presión, y no duda que, en cuanto todo empiece, el caos de la batalla le afectará.
Lo tiene todo listo para la primera andanada, pero tiene que acertar en todas. No puede permitirse no hacerlo. Cada fallo podría costar la vida a alguno de los suyos. Cada fallo es una oportunidad del enemigo para sobreponerse y contraatacar.

Santa Bárbara, virgen bendita, con el poder del rayo, glorifica la boca de fuego de mi cañón y permite que salga victorioso.

Mira a los demás oficiales artilleros. Parecen relajados, decididos y tranquilos. Algunos de ellos incluso se permiten el lujo de bromear en un intento de descargar un poco de tensión. Pero sabe que las apariencias no tienen por qué significar nada. Él mismo, en apariencia, está tranquilo, aunque por dentro está hecho un manojo de nervios. Inspira y expira con lentitud, en un intento de relajarse.

Santa Bárbara, virgen bendita, con el cáliz y el vino mantén la fuerza de mi cuerpo y espíritu para la dura lucha y el combate.

Se empieza a ver movimiento entre las filas enemigas. ¿Se atreverán a atacar los primeros o esperarán? O quizás...
No tiene tiempo de pensar en nada más porque dan, por fin, la orden de atacar. De pronto, los nervios, el miedo y la tensión pasan a un segundo plano y los largos años de instrucción toman el control de su cuerpo.
Apuntar y hacer blanco.
La medallita de la virgen contra su pecho le da coraje en medio de la confusión.
Apuntar y hacer blanco.
No va a fallar porque no puede fallar, sus compañeros tampoco fallarán.
Apuntar y hacer blanco.
Apuntar y hacer blanco.

Santa Bárbara, virgen bendita, no me abandones nunca para que pueda defender mi fe y mi tierra.

 
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martes, 14 de junio de 2022

Relato: La mantis

Hoy tocaba escribir un relato con la consigna "Haz una historia en la que la antagonista sea una mantis religiosa." No tenía muy claro cómo plantearlo, pero documentándome un poco me encontré con que esos bichos pueden comer desde ranas, lagartos, tritones y salamandras hasta musarañas, ratones, serpientes, tortugas de caparazón blando e incluso algún murciélago pequeño. 

 La mantis

Los habitantes del estanque estaban aterrorizados. La mantis religiosa había empezado matando un colibrí, lo que a nadie le preocupó especialmente, porque era bastante tonto. Pero luego apareció un largarto muerto, después una tortuga y finalmente devoró el cerebro de un ratón. Todo eso indicaba que la mantis no solo estaba descontrolada, sino que no le hacía ascos a ninguna especie, lo que significaba que nadie estaba a salvo.
Tras hablarlo en asamblea, los animales del estanque decidieron pedir ayuda a los murciélagos, que mandaron a uno de los suyos a comerse a la mantis. No obstante, aunque pareciera increíble, ella pareció detectarle y cambió su trayectoria de vuelo en el último momento. Luego, se las arregló para colarse entre los murciélagos mientras dormían para devorar a uno de los más pequeños como venganza.
Entonces los murciélagos también se tomaron en serio la amenaza y se pusieron en pie de guerra. No obstante, como no podían enfrentarse a ella solos, porque parecía tener un sexto sentido para detectarles, pidieron la colaboración del resto del estanque. 
La mantis, acostumbrada a sembrar el caos y el terror entre los animales pequeños, no supo muy bien cómo reaccionar cuando un grupo numeroso fue a por ella buscando venganza. Entonces, entró en pánico y salió huyendo, momento que aprovecharon los murciélagos para atacar: estaba demasiado distraída con los que la asediaban desde el suelo para mirar hacia arriba. 
Los habitantes del estanque celebraron durante días esa victoria y, desde ese momento, se unieron siempre para enfrentarse con las amenazas que llegaran a su hogar. Pero entonces llegó el hombre y esa extraña colaboración entre animales tan distintos para expulsarle no solo no logró espantarle, sino que despertó su curiosidad. Y la vida del estanque cambió para siempre.

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martes, 3 de mayo de 2022

Microrrelato: La luz

Hoy he mezclado dos consignas del reto: "Un relato con espectro, puerta e iridiscencia" y "Escribe un cuento sin usar la letra «y».". Aun así, ha salido un microrrelato muy, muy corto...

 La luz

Esa iridiscencia que sale de detrás de la puerta me atrae como un imán, pero me resisto a su influjo con todas mis fuerzas. Sé que en cuanto la abra para cruzar el umbral todo habrá acabado. Cualquier espectro sabe que, si vas hacia la luz, abandonas definitivamente este mundo. Como me aterroriza lo que pueda haber al otro lado, por más que la luz me acose, me quedaré aquí. Nadie me ve, nadie me escucha. Pero es mi casa.

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martes, 26 de octubre de 2021

Relato: La oficina de al lado

Hoy mezclo dos consignas del reto: debe desarrollarse en una oficina muy aburrida y debe contener astronauta, galaxia, nubes, armario y uvas.

La oficina de al lado

Fermín trabajaba en una oficina aburrida desde hacía ya más de una década. Sus funciones eran tediosas, así que estaba siempre con la cabeza en las nubes, imaginando que era un astronauta y recorría la galaxia en busca de aventuras. Era imprescindible entretenerse con la imaginación, porque lo más emocionante que había ocurrido en diez años fue cuando un compañero se quedó encerrado en el armario de materiales.
Cuando la oficina de al lado fue ocupada por una start-up donde todos parecían contentos y el descanso de media mañana era una auténtica fiesta en la que compartían uvas en invierno y mandarinas en verano, cortesía de la empresa para que los empleados tuvieran una vida más saludable, la envidia comenzó a corroerle. Él quería eso, ¿por qué tenía que trabajar en una oficina tan aburrida? 
Empezó a considerar un cambio, a tantear el mercado laboral e incluso a apuntarse a algún que otro proceso de selección de empresas que parecían tan divertidas como la de sus vecinos. Y entonces los de al lado quebraron.
-Mucho jijijaja, mucho "somos guays", pero al final estaba claro que nos íbamos a hundir -oyó decir a uno de sus exvecinos, cargado con una caja con sus cosas, en el ascensor.
-Mira, casi lo prefiero -respondió su compañero, en la misma situación-. Uno no puede estar contento todo el rato, y menos con esa mierda de horario y todas esas horas extra que había que echar para demostrar tu compromiso con un proyecto que hacía aguas desde el inicio. Por no hablar de que las posibilidades de crecimiento que vendían eran una patraña.
Esa misma tarde, llamaron a Fermín de una start-up en la que había buscado trabajo para decirle que el puesto era suyo. Le hablaron de lo molones que eran, de que el proyecto era muy emocionante y de que a lo mejor tenía que trabajar más horas al principio cobrando menos de lo que merecía, pero que en cuanto crecieran él sería de los primeros en ascender y disfrutar de las mieles del éxito. 
Fermín rechazó el trabajo y, al día siguiente, volvió a su aburrida oficina con sus aburridos compañeros. Vale que no pasara nada emocionante, pero la estabilidad y un horario de ocho horas sin extras y con un sueldo razonable no tenían precio. Además, para combatir el tedio tenía una poderosa herramienta: la imaginación. Así que, ¿para qué arriesgarse?

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martes, 15 de septiembre de 2020

Relato histórico: Una huella pequeña pero imborrable

Hoy el reto era este: Infórmate bien sobre un suceso revolucionario feminista y basa tu relato en ello. No quería caer en los tópicos de sufragistas y de mujeres que lucharon por los derechos femeninos, aunque son dignas de elogio, así que he buceado un poco más. Y he encontrado muchas mujeres que fueron importante en diversas revoluciones, que demostraron que sin nosotras no se habrían podido conseguir muchas cosas... y que tristemente cayeron en el olvido. La Compañía de Santa Bárbara fue uno de esos grupos.

Una huella pequeña pero imborrable

La guerra había acabado, por fin habían aplastado a los franceses. Y ellas miraban al futuro con optimismo. Habían demostrado su valor en incontables ocasiones, y no solo manteniendo el suministro bajo el fuego enemigo, auxiliando a los heridos o evacuando el hospital. Habían peleado como hombres, incluso tenían su propia estructura militar y, si no hubiera sido por ellas, la ciudad de Girona habría caído.
El día en que algunas integrantes de la Compañía recibieron premios en homenaje a su honor y al valor mostrado, muchas lloraron de emoción, al igual que cuando anunciaron que harían un monumento en su honor en la Iglesia de San Félix. Pero el monumento nunca llegaba y el rey tenía otros planes para el país. Unos planes en los que no tenía cabida ninguno de los avances que había traído la revolución: había que volver a la normalidad, y en la normalidad el lugar de las mujeres estaba en casa.
Ellas no tuvieron más remedio que aceptarlo, como tuvieron que aceptarlo los que habían apoyado la Constitución, que ya era poco más que papel mojado. Las cosas se ponían feas, así que pensaron en sus familias, guardaron sus cintas rojas y convirtieron los recuerdos de su pasado luchador en historias para contar a sus hijos y a sus nietos. 
Cuando la última de ellas dio su último suspiro, se fue con el pensamiento de que su lucha había sido en vano. Todo se había olvidado. Ni siquiera se había hecho todavía ese monumento en su honor que tanto habían esperado.
Pero sus nietas sí que verían cómo su valor dejó una pequeña huella que no pudo ser borrada del todo; la huella del uno de los primeros de muchos pequeños pasos que aún hoy se siguen dando en busca de la igualdad.

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martes, 14 de julio de 2020

La esposa infiel, un relato

Nuevo lanzamiento de dados para hacer un relato corto...

 La esposa infiel

La mansión, en medio de un paisaje montañoso de ensueño y con un jardín repleto de rincones secretos y fuentes, era sin duda el mejor lugar para tener una aventura. Al menos, eso pensaban Ángel y Lorena hasta que el marido de esta, supuestamente en viaje de negocios, se presentó de improviso para ver a su mujer. Apenas les dio tiempo a dejar la cama, vestirse y adecentar la habitación antes de que comenzara a subir las escaleras. Ángel quiso esconderse en el baño, o en el armario, pero Lorena le dijo que era el primer lugar donde miraría un marido celoso y le hizo intentar descolgarse por la ventana. Por desgracia, lo primero que hizo él, tras darle un beso a su mujer, fue abrir las ventanas de par en par porque odiaba estar a oscuras.
Amante y marido se miraron a los ojos. El primero, temeroso; el segundo, aliviado.
-Y pensar que no te pedía el divorcio porque pensaba que no podías vivir sin mí... -le dijo a Lorena. Luego, sacó su teléfono e hizo unas cuantas fotos de la escena para acompañarlas en la demanda de divorcio.
Lorena se mordió el labio inferior. Podía, perfectamente, vivir sin él. Pero no sin su dinero y, habiendo firmado un contrato prematrimonial, se quedaría sin nada. Así que lloró, suplicó y recurrió a todas las artimañas posibles para convencer a su marido de que en realidad le amaba. Por supuesto, él no era tonto y hacía tiempo que había dejado de quererla, así que sus súplicas no llegaron a buen puerto. 
Cuando se marchó, Lorena se giró hacia su amante, que a duras penas había conseguido volver a entrar por la ventana, con los brazos doloridos.
-¡La culpa es tuya! ¿Por qué no te escondiste en el armario?
Ángel, que siempre había soñado con el momento en que Lorena dejara a su marido por él, de pronto la veía con otros ojos y decidió alejarse de ella.
Y así fue como la joven se quedó sin marido, sin dinero y sin amante en un mismo día, lo que la llevó a elegir, como siguiente marido, a una víctima más anciana y más ingenua. Un primer paso en la carrera que la convirtió en una Viuda Negra legendaria... Pero eso es otra historia.

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martes, 16 de junio de 2020

El pelotazo, un relato de amor

Nuevo lanzamiento de dados para hacer un relato corto...

El pelotazo

dados con los que hice el relato corto romántico El pelotazo
El lugar que había elegido Elixe para su tarde de relax tenía un enorme árbol en el que apoyarse y unas maravillosas vistas al lago repleto de patos. Era el sitio idóneo para desconectar de una semana dura, y el olor a verde era tan intenso que casi podía imaginarse de vuelta en su casa, a la que no podía volver hasta que le concedieran vacaciones y le quedara algo de dinero para el viaje. Dos factores que no solían coincidir, motivo por el cual tenía tanta morriña, pero siempre le quedaba imaginárselo. Lo primero que haría cuando volviera a casa sería ir a recoger setas con sus padres y luego su padre las cocinaría con ese toque tan especial que tenía. Luego, visitaría a sus amigas y harían una fiesta de las...
Un pelotazo en la cabeza la sacó de golpe de su ensueño. Desconcertada, se dio cuenta de que la orilla del lago se había convertido de repente en un campo de fútbol improvisado y de que los dos niños responsables del chichón en ciernes corrían hacia ella para ver si estaba bien. Antes que ellos, la alcanzó el adulto que los tenía a su cuidado, que interrumpió la bronca que les estaba gritando para preguntar:
-¿Estás bien? Mira que les he dicho a mis sobrinos que tuvieran cuidado de no molestar a nadie, pero ha sido decirlo y ver cómo te estampaban el balón en la cara.
Elixe iba a ladrarle alguna bordería cuando alzó la vista y se encontró con unos ojos tan azules como el mar que se veía desde los acantilados de su hogar. Se quedó sin palabras y eso ahondó la preocupación del joven, al que tranquilizó en cuanto pudo reaccionar. El golpe, en el fondo, no había sido nada, pero fue la excusa perfecta para que comenzaran a charlar mientras los niños descargaban su energía a balonazos.
Meses después, bajo ese mismo árbol, ultimaban los detalles del viaje al pueblo de Elixe, donde irían a coger setas con sus padres... que por fin conocerían al prometido de su hija, del que tanto habían oído hablar.

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martes, 4 de febrero de 2020

Relato: Un final y un comienzo

Nuevo relato. Esta vez usé la consigna de hacer un relato basado en una canción y no me he complicado la vida: he elegido la que estaba escuchando cuando me puse a hacer el relato corto, Broken Strings, de James Morrison y Nelly Furtado. Os pego el videoclip oficial (para el que no entienda el inglés, básicamente está acabando la relación porque uno ha hecho mucho daño al otro).

Un final y un comienzo

Cuando le conoció, pensó que le amaría toda la vida. Luego llegaron las mentiras y las promesas de enmendarse cuando le descubría. Ella le creía y le perdonaba, pero cada vez que ocurría se sentía más rota por dentro y le quería un poco menos, hasta que estuvo tan destrozada que dejó de sentir. Aun así, luchó por su relación porque quería autoconvencerse de que él podría cambiar, de que podría volver a sentirse ilusionada y enamorada como cuando empezaron a salir juntos. Luchó hasta que su corazón dijo basta y quiso dejarlo.
Ni siquiera esperó a descubrir su último engaño: en cuanto llegó a casa, le dijo que no podía fingir seguir queriéndole y que en su relación no quedaba nada que mereciera la pena salvar. Él se había acostumbrado tanto a que dejara pasar sus faltas que no entendió que quisiera dejarle, pero no se molestó en darle explicaciones. Antes de salir de la casa, maleta en mano, le dio un último abrazo, esperando sentir algo, pero ni siquiera eso logró despertar a su aturdido corazón. 
No obstante, cuando escuchó el click de la puerta al cerrarse a sus espaldas, fue como si se quitara un peso de encima. Y supo que, aunque no volviera a sentir ese amor y esa ilusión con otro hombre, al acabar esa relación había dado el primer paso más importante de su vida: comenzar a quererse, y respetarse, a sí misma.  

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