Un nuevo lanzamiento de dados, podéis verme hacerlo aquí:
La campaña de Navidad
-No sé si debería decirte esto, pero es que me caes muy bien, te veo muy estresada y, como me has comentado lo complicado que es el proyecto y lo mucho que queda para que esté fino... -le dijo a Lucía Carmen, la becaria de Toño, justo el día que se le acababa el contrato de prácticas-. Desde ayer, a tu socio le ha dado por decir que vais a lanzar vuestro nuevo robot para la campaña de Navidad.
Tomó aire y lo soltó lentamente. Toño se debía de pensar que en realidad era una superheroína con supervelocidad y superinteligencia. Y que luego todo se hacía mágicamente. Aunque se alinearan los astros y acabara de cerrar todos los flecos de diseño del prototipo para que no saltara todo por los aires antes de un mes, la puesta en producción se alargaría hasta la primavera.
Se dirigió al despacho de su socio para volver a meterle en la cabeza los tiempos reales que manejaban, solo para encontrarle asegurando a un cliente con el manos libres que pronto podría hacer el pedido del nuevo robot. Lucía agarró el teléfono y colgó sin contemplaciones.
-Vamos a ver, Toño. ¿Tú eres sordo, eres tonto o eres un mentiroso redomado? Porque solo una de esas opciones explicaría que andes haciendo promesas que no vamos a poder cumplir cuando te he dicho ya que el robot no va a estar para la campaña de Navidad.
-Venga ya, mujer -dijo él, zalamero-. Siempre acabas los trabajos antes de plazo y no podemos permitirnos perder la campaña de Navidad. Solo hay que hacer un pequeño esfuerzo...
-No, yo tendría que hacer un gran esfuerzo. Mucho más que ahora, que ya trabajo muchas más horas que si estuviera trabajando por cuenta ajena. Tú no tendrías que hacer ningún esfuerzo adicional y seguirías con tu cómodo horario de oficina.
-Bueno, es que yo cumplo con mis objetivos dentro de ese horario, llevo las cuentas, contacto a los proveedores, vendo los robots incluso antes de que salgan a la venta y ...
Fue la gota que colmó el vaso:
-Pues este lo has vendido antes de que llegue a existir, porque voy a dejarlo como está, voy a hacer un hatillo con mis cosas y me voy a pillar todas las vacaciones que tengo pendientes ahora mismo.
-¡No puedes hacer eso, sería la ruina! -gritó él, descompuesto y horrorizado. Tan descompuesto y horrorizado que Lucía se quedó con la mosca tras la oreja, porque la empresa iba viento en popa.
Volvió a su oficina, sí, pero no para seguir trabajando en el robot, sino para contratar a un auditor de confianza y a un abogado que destaparon la infinidad de movimientos que hacía su socio con el dinero de los dos a sus espaldas. Por no hablar de que la producción y las ventas eran muy superiores a las que Lucía conocía, sin que hubiera recibido su parte.
Cuando acabaron de destaparlo todo, le ofrecieron a Toño un trato a cambio de que no diera con sus huesos en chirona: Lucía, a partir de entonces la única propietaria de la empresa, recibió una sustanciosa cantidad de dinero. Suficiente para poder vivir sin trabajar durante mucho tiempo.
Después de recibir lo que le correspondía y de devolver a los clientes los adelantos que habían hecho por un robot inexistente, Lucía contrató a Carmen para que hiciera las labores de comercial y a un buen administrativo contable. Una vez que estuvo segura de que la empresa podía funcionar sin ella con los robots que ya tenían en catálogo, se tomó sus merecidas vacaciones y se replanteó su futuro. Pero a Lucía le encantaba su trabajo y odiaba dejar cosas a medias, así que acabó por volver a la carga.
El robot tardó muchos más meses de los que había previsto, porque dejó de hacer horas extra y se lo tomó con calma, pero por fin consiguió acabarlo, justo para la campaña de Navidad del año siguiente.
*:–☆–:*:–☆–:*:–☆–:*:–☆–:*:–☆–:*:–☆–:*
¿No quieres perderte más entradas como esta?
Aparte de mi web, puedes apuntarte a la newsletter o seguirme en Twitter, Facebook, Instagram, LinkedIn o Tiktok




