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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

miércoles, 19 de junio de 2024

Viaje a Austria: Viena de pago

Por fin tenía un día entero por libre en Viena y como siempre decidí aprovechar para hacer todos los planes de pago que tenía pendientes.

Palacio de Schönbrunn

Mi primera parada fue el Palacio de Schönbrunn, residencia de verano de los Habsburgo. Hay varias modalidades de entrada, cada cual más cara que la anterior, y yo decidí hacer el tour completo pero sin entrar a los jardines porque hacía un día horroroso. No merece la pena el dispendio de 32 euros en ese tour. El palacio es muy chiquitito, el recorrido apenas alcanza los 50 minutos y el contenido de la audioguía es bastante deficiente. Hay alguna que otra sala interesante, pero no vale lo que cuesta y hay muchas cosas mejores en las que gastar el dinero.
Empezaba mal el día, pero no me detuvo esta contrariedad. Tras un breve paseo por los jardines públicos del palacio, me dirigí al Hofburg, Palacio de Invierno, compuesto por varios museos que visitar.

Museo de las mariposas (Schmetterlinghaus)

El primer museo en el que caí fue en el de las mariposas. No había oído hablar de él hasta que una compañera de trabajo me lo mencionó y me pareció súper chulo. Porque no se trata de mariposas disecadas, sino de entrar a un invernadero modernista repleto de mariposas vivas. Son preciosas y verlas de cerca y tan concentradas es alucinante. 
A mí se me puso una en la rodilla cuando me senté, pero la gente es mongola y cuando tiene cerca una se comporta fatal, así que se lanzaron a intentar fotografiarla demasiado cerca y la espantaron. También había demasiada gente intentando agarrar a las mariposas, aunque estaba muy claro en muchos idiomas que no se podían tocar ni las flores ni las mariposas. En general, creo que dejan entrar a demasiada gente a la vez, a pesar de lo cual me gustó mucho.
Palacio de Hofburg, Palacio de Schönbrunn, Biblioteca Nacional de Viena
Palacio de Hofburg, Palacio de Schönbrunn, Biblioteca Nacional de Viena

Biblioteca Nacional de Viena

Mi segunda parada fue la maravillosa Biblioteca Nacional de Viena. Dicen que es la más bonita del mundo y, aunque no he visitado todavía todas las que se postulan a ese puesto, esta sin duda está la primera de las que he visto, desbancando al clementinum de Praga. Al margen de que en esta se puede entrar y es más grande, tiene frescos en las paredes y una decoración preciosa. Había también una exposición temporal sobre un compositor, pero no tenía demasiado interés.

Catedral de San Esteban

Después fui a ver la catedral por dentro, pero no pagué la entrada porque por lo que me habían dicho era sobre todo subir a la torre y bajar a las catacumbas, y ninguno de los dos planes me apetecía demasiado (aparte de que el primer palacio ya me había costado el doble de lo que tenía presupuestado).

Museo de Sissi

Mi parada final del día fue el museo de Sissi. Si estás dudando entre ir al Schönbrunn o al museo de Sissi, no lo dudes. Museo de Sissi. Más barato, mejor audioguía con más tiempo de explicación y un palacio mucho más completo y espacioso. No esperes, eso sí, que te cuente sobre la vida idealizada de Sissi. Lo que se percibe es una mujer muy adelantada a su tiempo pero con una gran depresión que duró toda su vida. Pero es muy curioso, porque tenía hasta aparatos de gimnasia en el vestidor.

Justo estaba acabando la audioguía cuando por megafonía avisaron de que iban a cerrar el palacio, y ya a esas horas van cerrando prácticamente todos los sitios que visitar. Así que fui al parque del palacio para ver la estatua de Sisi y luego me fui hacia el hotel.
De camino entré en una librería y arrasé con la sección de libros en inglés… supongo que la visita a la biblioteca había hecho emerger lo peor de mi bibliofilia.
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miércoles, 12 de junio de 2024

Relato: Bandolera

La consigna de hoy era Escribe una historia protagonizada por una bandolera ligona. La verdad, como relato mola, pero también como inicio para una historia más larga ^^.
 

Bandolera

Alana no lo podía evitar, le encantaba tontear con los hombres guapos. Aunque dichos hombres guapos fueran sus víctimas y les estuviera robando sus pertenencias, dejándoles casi en paños menores. Especialmente si les dejaba en paños menores.
También era cierto que, dependiendo de cómo respondieran a su coqueteo, les trataba mejor o peor. Como a cualquier hombre cuando ligabas en una taberna, vamos. Por eso, al duque de preciosos ojos azules al que le había robado esa mañana le había tratado extremadamente bien: era un encanto, así que ni siquiera había apretado demasiado las cuerdas, para que le fuera sencillo desatarse. 
Por desgracia, eso de que algunos hombres encantadores eran un peligro también debía de ser cierto, porque apenas le había dado tiempo a alejarse y ya le tenía encima, armado y a todas luces buscándola. Estaba tan cerca que no se atrevía a ir a su guarida, así que escondió su botín entre unos matorrales y se dedicó en cuerpo y alma a intentar que perdiera su pista.
Era bueno, pero ella lo era más y pronto se supo a salvo.
-¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? -preguntó una voz a su espalda. Alana se giró para encontrarse cara a cara con duque Ojos Azules.
-Bueno, una belleza como la mía tiene que cuidarse mucho y este bosque está lleno de plantas perfectas para hacer potingues -respondió con un guiño y una sonrisa que ocultaban su sorpresa. Apoyó entonces la mano en la cadera, seductora y a la vez muy cerca de la empuñadura de su cuchillo.
-Todo por mantener esa belleza, aunque deberías tener cuidado, en esta zona ronda una peligrosa bandolera -rió él.
-¿Muy peligrosa?
-Hace pocas horas me ha desarmado y me ha robado todas mis pertenencias. -Ojos Azules comenzó a acercarse con lentitud, y ella retrocedió a la misma velocidad a la que él avanzaba.
-Entonces deberías estar en tu casa, recuperándote del susto.
-Es que, además de mis cosas, me ha robado el corazón -bromeó él. Luego, en un movimiento que casi no pudo vislumbrar, se acercó a Alana y la inmovilizó con un abrazo-. Además, tengo una oferta que hacerle.
-Cuidado, Ojazos, que ibas muy bien. Yo no vendo mi cuerpo -replicó ella, incapaz de soltarse pero preparada para hacerlo al menor descuido de él.
-Pero sí tu espada, espero. Seamos sinceros, soy uno de los guerreros más letales de este reino y te podría haber reducido fácilmente cuando me robaste, pero quería probar de qué pasta estás hecha -susurró él en su oído.
-¿Y de qué pasta estoy hecha?
-Guerrera aceptable, buenos modales cuando quieres, ingenio agudo, honorable a pesar de delinquir, te mueves bien en el bosque. Justo lo que necesito. O, más bien, lo que necesita mi hermana.
-¿Tu hermana? -repitió Alana, desconcertada. 
-Hay una conspiración en las altas esferas para matarla. Necesita un guardaespaldas, pero si le pusiéramos uno los asesinos sabrían que estamos prevenidos. Sin embargo, una dama de compañía con dotes de guerrera...
-¿Y delincuente? -rió la bandolera-. ¿Me dejarías suelta en un castillo, o palacio, o donde diablos vivas? ¿Y a cargo de tu hermana, para que corrompa su delicada inocencia?
-No te confundas, mi hermana no tiene nada de inocente. Pero la espada no es lo suyo y tiene que preocuparse de otros asuntos, no puede estar todo el día pendiente de posibles amenazas. Tú darás el pego con un poco de pulido y te podrás encargar de eso. En cuanto a lo de dejarte suelta, no me preocupa. Conozco tu historia, o al menos buena parte de ella. En cualquier caso, no necesitarás robar, porque tendrás una paga más que generosa.
-Y, si la paga es tan generosa, ¿por qué acudes a mí? Habrá cientos de mujeres dispuestas a aceptar el puesto.
-¿Hábiles con la espada y con agallas para enfrentarse a hombres armados, pero a la vez bonitas y con buen porte para pasar por nobles refinadas? ¿Y que además no sean guerreras reconocidas por los hombres que quieren hacer daño a mi hermana? Yo diría que no hay tantas. Además, hacía mucho que no disfrutaba tanto con la charla de una mujer.
Alana no lo podía evitar, aparte de tontear, su otro gran defecto era tomar decisiones precipitadas e impulsivas, sobre todo cuando había un hombre guapo de por medio. Así que, sin preguntar por más detalles, preguntó:
-¿Cuándo empiezo?
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miércoles, 5 de junio de 2024

Viaje a Austria: Salzburgo

El viaje otros días:
Bratislava 
 
La siguiente excursión en Austria fue a Salzburgo, una ciudad que me hacía especial ilusión por la Fortaleza de Hohensalzburg, que finalmente no pude visitar por lo mal que estaban calculados los tiempos de la excursión. La ciudad fue la decepción del viaje. Es una paliza ir hasta allí, y había que hacer dos pausas. La guía nos dijo que en la segunda iban a dar un pequeño rodeo para que viéramos el lago Wolfgang, un paraje muy bonito, aunque a mí me sonó más bien a una excusa para que le diéramos propina al final.
Llegamos a Salzburgo casi a mediodía y la verdad es que el centro de la ciudad, aunque es bonito, me dejó bastante fría. Vimos una calle emblemática repleta de carteles antiguos, la plaza principal, la casa natal de Mozart, varios puntos donde se rodó la película Sonrisas y lágrimas, iglesias por fuera…
vistas de Salzburgo
Acabamos al pie del castillo. Se podía pedir un funicular que entraba con la entrada básica de quince euros y pico. El problema era que no salían las cuentas. Eran la una y medía y teníamos que estar en el autobús antes de las 4. El autobús estaba a algo más de media hora del sitio y supuestamente la visita al castillo duraba como mínimo una hora y media (énfasis en el "como mínimo"). Teniendo todo esto en cuenta, comer y mear era casi inviable si te arriesgabas a subir.
Intenté tomar el camino de en medio y subir al castillo andando para ver aunque fuera el exterior. Sin embargo, ni siquiera eres capaz de acercarte porque cuando estás a punto de empezar a vislumbrarlo tienes que pagar la entrada. Vamos, que me pegué la paliza para nada porque seguían sin salir las cuentas. Eso sí, las fotos bonitas se hacen desde lo alto. Al menos conseguí una panorámica decente.
Encima, me confundí y me planté en la parada del autobús una hora antes de tiempo. No habría podido visitar el castillo de todas formas (habría sido necesaria por lo menos una hora más de tiempo libre para poder verlo con un mínimo de tranquilidad), pero por lo menos no habría ido tan corriendo.
En ese rato aproveché para visitar una pequeña plaza donde hay un montón de esculturas de enanos, bastante feos pero originales.
Y después de esto ya sé que tuve que volver al autobús, donde me esperaba un larguísimo trayecto de vuelta. 
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miércoles, 29 de mayo de 2024

Relato de fantasía: La deuda

De nuevo uso las cartas Fatum como base para un relato, esto es lo que significa:
El personaje es una mujer orco, artista, examante de un draconiano, lacaya de un hechicero, cuyo origen es un puerto. Le marcó en su pasado una hechicera capaz de transformarse en bestia. Su motivación es una deuda que tiene con una pícara que habla en nombre de una deidad.
 

La deuda

tapete con cartas en el que se basa el relato
Gasdag tenía que pagar su deuda con Lidsa. Daba igual que no creyera en el dios de los ladrones, por el que esa pícara decía hablar, o que el hechicero que la tenía en nómina no viera con buenos ojos que se relacionara con ella. Tenía que hacerlo.
Años atrás, Lidsa le había salvado de la esclavitud. Había cometido el error, junto a su entonces amante, Drac, de enfrentarse a la hechicera cambiaformas que dominaba el puerto en el que se habían criado. Como resultado de su rebeldía, esta les había convertido en sus juguetes. 
Lidsa se había limitado a abrir sus cadenas, pero daba igual que Gasdag hubiera hecho todo lo demás. También daba igual que, tras derrocar a la hechicera, el puerto volvía a ser franco, lo que favorecía los intereses del clero al que pertenecía Lidsa, que no dejaba de ser una banda de ladrones encubierta. El caso era que los había liberado y le debían su libertad.
Drac ya había saldado su deuda dejando escapar a unos cuantos prisioneros de la fortaleza en la que era soldado. Un trabajo fácil. Eran tan gregarios que se habían horrorizado cuando se enteraron de que Gasdag tenía una relación con él y había tenido que dejarla para conseguir que le aceptaran en la fortaleza; ninguno sospechaba siquiera que permitiría escapar a un montón de ladronzuelos humanos y todavía pensaban que habían logrado huir gracias a la magia o a algún otro pícaro que les ayudó desde el exterior.
Ahora le tocaba a Gasdag hacer su parte. Maldijo el día en que le comentó a Lidsa que era artista, porque para saldar su deuda debía componer una canción que contuviera una serie de frases en un orden muy concreto, aunque pudiera haber más estrofas entre medias. Una petición que, en principio, parecía muy inocente, pero que podía tener consecuencias catastróficas si no tenía cuidado y la entonaba un bardo con habilidades mágicas.
Esas frases tenían el potencial de incitar a la gente a rebelarse y a acabar con toda autoridad. Aunque en otros lugares los orcos como ella se alimentaban del caos, Gasdag solo quería seguir con su vida fácil y tranquila en ese puerto franco que era su hogar, que llevaba la bandera de la neutralidad desde el día que la cambiaformas cayó en desgracia.
Así pues, tuvo mucho cuidado a la hora de componer. En vez de un himno movido, creó una nana, y las estrofas entre frase y frase eran tan tranquilizadoras que transformaban ese potencial revolucionario en algo tranquilizador y conformista, incitando a los oyentes a aceptar lo malo sin rechistar demasiado.
Para su sorpresa, Lidsa se mostró de lo más satisfecha cuando le entregó la canción y le dijo que la deuda estaba más que saldada porque era exactamente lo que quería. No entendería por qué hasta que empezaran a circular rumores sobre gente a la que habían robado a plena vista, sin ninguna clase de violencia. Todos ellos tenían en común recuerdos vagos sobre una dulce melodía y sobre unos ladrones que, amablemente, les pedían que les entregaran sus pertenencias sin rechistar.
Por un momento, se sintió tentada de ir en busca de Lidsa y de recriminarla por haberla manipulado. No obstante, se lo pensó mejor. No hacían daño a nadie y, para qué engañarse, había sido un pequeño engaño brillante. Quizás sí que existiera un dios de los ladrones y ella fuera su sacerdotisa, después de todo.
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