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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

miércoles, 13 de mayo de 2026

Escapada a Pastrana

Llegamos a Pastrana a media mañana, justo cuando acababa de salir la última visita guiada de la oficina de turismo y tampoco había plaza para visitar el palacio. Cuando nos acercamos a la iglesia colegiata también nos informaron de que las visitas estaban llenas por la mañana, pero que por la tarde había una que cubría tanto la iglesia y la exposición de tapices como la propia visita al pueblo. Así pues, vagabundeamos por allí hasta después de comer.
Pastrana - Iglesia colegiata de la Asunción y Palacio ducal
Empezamos entonces entrando al Palacio Ducal, del que solo queda original los artesonados. Aunque nos explicaron todo fenomenal, creo que 5€ para lo que hay que ver es pasarse bastante.
Luego nos fuimos a la Iglesia Colegiata de la Asunción, donde vimos la propia iglesia, bajamos a la cripta y entramos a ver la joya: el museo de tapices. Los cuatro más importantes son espectaculares, así que esa entrada sí que tiene un precio más que justificado (5€). Luego, tras un concierto de órgano ofrecido por el párroco, salimos a la visita guiada (5€ adicionales) donde volvimos a recorrer más o menos los puntos que habíamos visto por la mañana: plaza de los cuatro caños, la Calle de la Palma (antigua Calle Mayor con edificios singulares), la Plaza del Deán y finalmente la Plaza de la Hora. En todo momento, se contaron bastantes cosas de la historia del pueblo, pero se hizo énfasis en dos personajes clave: Santa Teresa de Jesús y, sobre todo, la princesa de Éboli.
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miércoles, 6 de mayo de 2026

Relato: El reservado

Hoy voy a mezclar dos retos: Escribe una historia ficticia sobre un encuentro con una celebridad en un restaurante y Escribe una historia en la que la vida de una mujer cambia drásticamente en tres minutos.

 El reservado

Era su reservado. Pagaba un generoso suplemento para tenerlo en exclusiva a la hora de comer, todos los miércoles desde hacía años. Era su día, y por eso combinaba sus dos pasiones: leer en silencio y darse un homenaje gastronómico. Por eso, no entendía la insistencia de los camareros y del maitre para que cediera el espacio a una celebridad.
-Es que, entiéndanos, la gente se ha vuelto loca al verle y no le dejan comer tranquilo, ni a nosotros trabajar...
-La solución es muy sencilla -respondió ella-. Que se vaya a otro restaurante donde sí haya un reservado disponible. 
Por fin consiguió que el personal la dejara en paz, pero esta vez fue la celebridad quien irrumpió en su reservado. Ella vivía desconectada del mundillo del famoseo y las redes sociales; no tenía ni idea de quién era, seguramente un actor o un modelo, aunque en esos tiempos de influencers en los que cualquiera alcanzaba la fama era imposible saberlo.
-Hola -dijo él con una sonrisa y voz grave. Era guapo, el condenado, y sabía cómo parecer aún más atractivo-. Ya sé que ha dicho que no quiere cederme el reservado, pero me preguntaba si no podríamos negociar... ¿Qué le parecería que comiéramos juntos?
Era tentador, pero no quería sentar un precedente. Si cedía, la situación podría repetirse en otra ocasión y se estropearían sus miércoles.
-Que si tengo un reservado es porque no quiero comer con nadie, ni que nadie me moleste mientras leo mi libro con tranquilidad. 
Él pareció sorprenderse por esa respuesta y luego, tras echar una ojeada al título del ejemplar, la miró intrigado:
-No tiene ni idea de quién soy yo, ¿verdad?
-Me temo que no, y debo pedirle de nuevo que abandone mi reservado.
La celebridad lanzó una carcajada incrédula, pero hacía mucho que no encontraba a alguien que despertara su interés de esa manera.
-Solo una cosa más antes de marcharme. Sus reticencias a comer acompañada, ¿solo abarcan el mediodía o también las cenas? La verdad, acabo de terminarme ese mismo libro que está leyendo y estoy deseando comentarlo con alguien, sobre todo la parte del piano. Por cierto, soy Owen -finalizó tendiéndole la mano.
Ahora fue ella la sorprendida. No era precisamente un best seller, pero la referencia indicaba a las claras que lo había leído. Además, había que reconocer que él era un encanto. Tomó su mano.
-Mica. Y, mientras no sea un miércoles a mediodía, estoy libre.
Intercambiaron sus teléfonos antes de que él la dejara sola en su reservado. Esa misma noche, quedaron y, tras varias horas hablando primero del libro y luego de sus vidas, empezaron a tutearse. Ella todavía tardó algunos meses en invitarle al reservado para disfrutar juntos de la lectura y la comida. Años después, felizmente casados, ambos coincidían en que esa breve conversación de tres minutos les había cambiado la vida.
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miércoles, 29 de abril de 2026

Escapada a Valdemoro

La verdad, nunca se me habría ocurrido irme de turismo a Valdemoro. La cosa es que un chico vendía unos cómics que quería por Wallapop a muy bien precio y solo se podía en mano. Cuando me dio por mirar qué había en el pueblo, me encontré con que tenía una oficina de turismo y me decidí. Después de todo, la Renfe llega hasta allí.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y Ermita del Cristo de la Cruz de Valdemoro
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y Ermita del Cristo de la Cruz de Valdemoro
El pueblo está bien para echarle un par de horas (aunque en una se ve si vas con prisa). Empezamos el recorrido en la Plaza de la Constitución, típica plaza de pueblo, para irnos al convento de Santa Clara. La capilla es muy normalilla. 
Luego paseamos hasta la fuente de la Villa, donde estaba el antiguo lavadero (del que no queda rastro) y seguimos hasta la Casa de la Inquisición y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Esta iglesia es preciosa, la verdad, tanto por dentro como por fuera me pareció espectacular. También me pareció una preciosidad el interior de la ermita del Cristo de la Salud, donde acababan los puntos de interés. Desde ahí, atravesamos el bonito Parque del Duque de Ahumada y volvimos al ayuntamiento, donde recogí mis cómics y finalicé la visita.
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miércoles, 11 de marzo de 2026

De vuelta a Roma

Roma fue mi primer viaje al extranjero y recuerdo con mucho cariño mi estancia allí. Vi bastantes cosas y siempre me había prometido volver, así que decidí que ya era hora. Como me parece un gran destino para las primeras veces, decidí llevarme a mi madre, que nunca había salido de España y Portugal.
Como ella no había visto lo básico, fue un equilibrio entre ver lo básico y ahondar en lo que me quedó por ver, que salió bastante bien. Por desgracia, un problema con la aerolínea me estropeó la experiencia, pero bueno, es lo que hay.

Roma Barroca

Este tour ya lo había hecho con la agencia en su momento, así que sabía que merecía la pena que nos apuntáramos a un free tour (más completo que el de la agencia) la tarde de nuestra llegada. Empezaba en la Plaza de España (que había visto malamente en mi primer viaje y me gustó mucho por su ambiente) y desde ahí callejeamos a la Fontana di Trevi, donde tuvimos tiempo libre para visitar una iglesia cercana y tomarnos un helado.
Luego seguimos por la galería Vittorio Emanuele hasta el panteón, siempre callejeando por plazas y fuentes barrocas de interés. Después, atravesamos la preciosa Iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón hasta Plaza Navona, donde acababa la visita.

Roma aleatoria (básicamente, entrar en iglesias)

La idea era vagabundear la mañana del segundo día porque no teníamos las entradas para el Vaticano hasta las 13 (por cierto, la página "oficial" es una estafa, no pagues tres veces más de lo que vale la entrada en ella). Se materializó en que entramos en cada iglesia que veíamos y flipábamos en todas. Eso no lo hice la primera vez que estuve en Roma, pero merece mucho la pena. Casi todas son extraordinarias y casi no me dio tiempo a subir las escaleras de la Plaza de España para ver la panorámica antes de correr hacia Vaticano.
vistas desde el puente de Sant Angelo y una de las muchas iglesias que visitamos en Roma
vistas desde el puente de Sant Angelo y una de las muchas iglesias que visitamos en Roma

Museos Vaticanos y Basílica de San Pedro

Cuando entré con la agencia, años atrás, me desesperé al encontrarme con que veíamos todo en solo dos horas y dejábamos atrás muchas salas y museos. Esta vez, teníamos toda la tarde por delante y vaya si cundió. El museo Egipcio me decepcionó un poco, los demás de cosas de la antigüedad no están mal, pero la parte artística es extraordinaria. Una podría quedarse embobada con cada obra durante horas, pero no es posible hacerlo, claro. Entrar antes de comer fue buena idea, porque los grupos de turistas a la carrera solo nos abordaron cuando ya habíamos visto buena parte del museo. 
La pena es que la capilla Sixtina estaba en obras y una pared no se veía, pero lo disfruté mucho.
Luego nos pusimos en la cola para la Basílica de San Pedro (gratis si no entras a la cúpula) y volví a alucinar con las dimensiones del lugar. Una maravilla.

Tour por la Roma imperial

Otro básico especial para mi madre que contenía mucha información nueva para mí que en el tour de la agencia pasaron por alto. Visitamos las panorámicas de los cinco foros romanos cercanos al Coliseo y, la verdad, una vez que te explican las dimensiones de cada cosa, flipas todavía más. 
Cuando acabó el tour, aprovechamos para pasear hasta la Boca de la Verdad. En mi primer viaje pasé casi al lado, pero no la llegué a ver (por entonces no había Google Maps ni roaming, me siento vieja) y me había quedado con las ganas. 
Después, tocó pizza y un nuevo tour que me parece imprescindible (ahora que soy más mayor y sé lo que contienen las iglesias).

Tour por las iglesias barrocas

Nos llevaron por las que tenían las obras más importantes (que no coincidieron con las otras que habíamos visitado por nuestra cuenta) y nos hablaron de ellas. Quizás fue un poco técnico todo, pero la verdad es que no habríamos acabado en la mayor parte de esas iglesias por nuestra cuenta, así que merece la pena apuntarse al tour.

El resto del viaje fueron paseos tranquilos por la zona del Castillo de Sant Angelo, más iglesias y dar vueltas cerca de la parada del bus al aeropuerto, casi en el Vaticano, donde no había mucho que ver.

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