Un nuevo relato hecho en base a los dados que me veis lanzar en este vídeo:
La coartada perfecta
En dos o tres días acabaría la obra y todavía no había dado con ninguna manera de ejecutar el robo. La señora de la casa no paraba de pasearse de un lado para otro con sus altos tacones, sin quitarle la vista lasciva de encima, así que no había podido escabullirse para explorar la mansión en busca de objetos valiosos que afanar.
Frustrado, acabó una vez más su jornada laboral y se marchó sin saber muy bien cómo explicarle a su socia que el plan iba a ser un fracaso.
Para su sorpresa, al abrir la furgoneta para meter los materiales, la encontró repleta de objetos valiosos. Su socia, picarona, le hizo un gesto de silencio y le indicó que debía ponerse en marcha para salir de allí.
Al llegar a su destino, se lo explicó todo:
-Nos lo ha puesto tan fácil que no he podido resistirme. Dejan la alarma desactivada mientras están en casa. Mientras la señora se dedicaba a apreciar tus musculitos poniendo ladrillos en una punta de la mansión, ha sido coser y cantar colarme y dejar limpia la otra punta. Con esto, tenemos para vivir bien una buena temporada.
-Pero... Yo no he hecho nada -respondió él, acostumbrado a ser el que hacía el trabajo sucio.
-¿Cómo que no? Has sido la distracción. Y tendrás que seguir yendo a soportar sus miradas lascivas hasta que acabes esa pared. Tienes la coartada perfecta, pero si desapareces de repente levantarás sospechas.
Un suspiro de aceptación fue su única respuesta.
Al día siguiente, volvió al trabajo y tuvo que someterse a un interrogatorio de la policía por el robo, pero no había nada que decir. Había estado con la señora todo el rato y había visto lo mismo que ella: nada.
Luego, la señora estuvo incluso más pesada que antes del robo, con la excusa del delito, y tuvo que pararle los pies en más de una ocasión. La casa estaba llena de policías tomando huellas y, cuando coincidió que ella intentó tocarle el trasero estando uno delante, tuvo la excusa perfecta para estallar, amenazarla con denunciarla por acoso y marcharse de la casa dejando el trabajo a medias.
Su socia alzó una ceja al verle aparecer tan pronto, y rio cuando le contó indignado lo que había pasado. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ella, que normalmente era la distracción, había vivido esa misma situación demasiadas veces. No volvería a pensar que era él quien se encargaba siempre del trabajo sucio.
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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia




