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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

miércoles, 28 de enero de 2026

Escapada a Medinaceli

Hacía ya bastante que no realizábamos ninguna escapada por las cercanías de Madrid y escogimos Medinaceli, una ciudad que se remonta a la época romana.
Lo primero que ves nada más llegar, de hecho, es el arco romano y las murallas, y también hay varios mosaicos por la ciudad. Luego, fuimos directos a la iglesia de San Román, aunque por dentro está pendiente de una buena restauración y no es tan impresionante como anticipamos.
Plaza Mayor de Medinaceli
Plaza Mayor de Medinaceli
Después hicimos una parada en la tienda (después de tanto tiempo viéndolos en cada viaje, nos decidimos a catar los chocorreznos y los polvoreznos y, aunque suene extraño, están ricos) y vagabundeamos por el pueblo hasta la Plaza Mayor, tras lo cual nos acercamos al castillo (que está en ruinas y contiene un cementerio, solo se puede ver desde fuera).
Por la tarde, nos quedaba por ver el Convento de Santa Isabel (al que no se puede entrar) y el Palacio Ducal por dentro, que hoy en día es una sala de exposiciones de arte moderno con un espacio para mosaicos.
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miércoles, 21 de enero de 2026

Relato: La galaxia inexplorada

Un nuevo relato basado en una tirada de cartas Fatum. Esto es lo que significa:
Un personaje tecnológicamente mejorado nacido en un planeta terramorfado y que vive en un exoplaneta. Su verdadero amor es alguien genéticamente mejorado y es pupilo de un cyborg. Su marca del pasado es un viaje de negocios en una nave espacial y está en una misión de exploración en una lejana galaxia 
 

La galaxia inexplorada

Cartas que inspiraron La galaxia inexplorada
Esa galaxia tenía muchas posibilidades, sí. Como todas las galaxias. Una inmensa extensión que explorar en busca de recursos escasos y difíciles de encontrar. La tripulación era una pandilla de pardillos que tenía la esperanza de encontrar un filón que les haría de oro, pero más mema era Melisa por haber abandonado su pequeño exoplaneta para capitanear a esos idiotas.
El problema era que nadie quería darle la capitanía de una nave a una techmeg. Siempre se daba esa oportunidad a los genemeg. Oficialmente era porque tenían la ventaja de que no dependían de máquinas y ordenadores que podían fallar en las misiones largas. La realidad era que se creían superiores.
La excepción eran las naves de exploración, porque ningún genemeg quería capitanear una de esas misiones peligrosas, largas y a menudo infructuosas. Melisa tampoco pero, cuando acabara la misión, fracasara o no, ya nadie le podría quitar el título de capitana, aunque no volviera a dirigir una nave en su vida. Entonces podría casarse por fin con su amor verdadero, Terris, por mucho que no fuera genemeg como ella.
La idea había sido de su mentora, Lisan, una cyborg con tanto poder que los genemeg bailaban a su son a pesar de que era más máquina que persona. Melisa daba gracias por el viaje de negocios en el que la conoció. Gracias a ella, había pasado de ser una paleta sin mejoras crecida en un planeta terramorfado a una techmeg con muchas posibilidades. Sus consejos siempre eran certeros.
Seguía otro de ellos cuando, en el primer salto fuera de los territorios conocidos, se internó en el sector 7.1.2.8.6 de la galaxia inexplorada, donde se había perdido la última nave de exploración, cuya última notificación era que se iba a acercar a un planeta con potencial en esas coordenadas. Las naves eran caras; si la localizaba, podía volver a casa antes de tiempo con ella a remolque. Nadie se lo reprocharía, era el protocolo.
Nada más abandonar el salto vieron los pedazos de nave. Melisa reaccionó rápido: mandó a la base una comunicación informando de lo que estaban viendo y se preparó para saltar de nuevo. No tuvo tiempo de hacerlo. Un rayo destructor salió del planeta tan deprisa que no se percató de que estaba a punto de dejar de existir, aunque lo último que creyó ver fue la figura de su amada.
Cuando el último mensaje de Melisa llegó a la base, Lisan estaba allí para recibirlo. Asintió con gravedad. Sospechaba que en esa galaxia, más concretamente en esas coordenadas, había una civilización avanzada. Las sospechas se habían confirmado. Activó el protocolo y, en cuanto salió de la base, se permitió por fin una sonrisa.
Melisa le había caído bien y la había ayudado a florecer, pero todo cambió cuando cometió el error de presentarle a Terris. Lisan llevaba años cortejando a la genemeg discretamente, pero esta, en cuanto había cruzado la mirada con Melisa, se había enamorado de ella. Lisan no había llegado tan lejos dejando que otros se interpusieran en su camino; no le había quedado más remedio que quitar de en medio a su rival. Ahora, en cuanto pasara un periodo prudencial de duelo, en el que compartiría su dolor, podría volver a cortejar a Terris.
El primer paso era comunicarle la mala noticia. Pero no fue ella quien abrió su puerta, sino uno de sus familiares, con semblante preocupado. Lisan se enteró entonces de que Terris se había colado como polizona en la nave de su amada. Había dejado programado un mensaje de despedida para el momento justo en el que salieran del territorio conocido y ya no hubiera marcha atrás, cuando abandonaría su escondrijo y daría la sorpresa a Melisa.
Los circuitos de Lisan no estaban preparados para esa sobrecarga emocional. Tampoco para un output tan inesperado en sus casi siempre perfectos planes. Fue capaz de comunicar la noticia y de seguir con su vida como si nada, pero su programación empezó a fallar. Desde entonces, fue encadenando errores hasta que su poder menguó y sus rivales, al acecho, dieron el golpe definitivo para acabar con ella.
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miércoles, 14 de enero de 2026

Viaje a la República de Irlanda: otros pueblos, ciudades y parajes

Letterkenny 

Saliendo de Irlanda del Norte, y ya habiendo visto Dublín, hicimos una parada rápida en Grianan Of Aileach, un castro celta reconstruido en el siglo XIX antes de llegar a Letterkenny, pero estaba todo cerrado y solo dimos un paseo rápido hasta la catedral, a la que no se podía entrar, antes de meternos en el hotel para descansar.

Abadía de Kylemore

El día siguiente fue una paliza en autobús hasta llegar a Kylemore, un palacio decimonónico reconvertido en abadía. Tanto el entorno como el edificio son espectaculares, aunque la exposición del interior es un poco pobre y la iglesia está andamiada.

Galway

Luego hubo otro largo rato en autobús hasta Galway, una ciudad turística y estudiantil muy animada. No hay mucho que ver aparte de la calle principal y una catedral bastante moderna, pero tiene muy buen ambiente. 

Lahinch

Siguió otro largo trayecto en autobús hasta Lahinch, donde poco pude hacer aparte de asomarme a la playa y deshacer las maletas. Pero al día siguiente empecé el día dando una vuelta por el pueblo, con una playa de piedra frecuentada por surfistas. 
Irlanda - Abadía de Kylemore y Acantilados de Moher
Irlanda - Abadía de Kylemore y Acantilados de Moher

Acantilados de Moher

Luego, nos llevaron a los acantilados de Moher, con un corte espectacular. El recorrido completo son unos dos kilómetros y es un paseo precioso, aunque si eres bajito solo ves muro. La subida a la torre también tiene unas vistas bastante limitadas.
Por otro lado, tienen una audioguía bastante decente para ir enterándote de cosas mientras paseas y un centro de interpretación con un vídeo en 4D y fotos y curiosidades.

Limerick

Después fuimos a Limerick, una ciudad muy deprimida que empieza a levantar cabeza. Tiene un castillo y una catedral, así como una piedra con un tratado (tan erosionada que no se ve nada, aunque la rodean grabados con la historia de los reyes). Lo vimos a la carrera y la sensación que me dio fue que la guía no quería estar mucho tiempo por ahí porque la ciudad no le parecía segura.

Adare

La última visita del día fue Adare, un pueblo con algunas casas de tejado de paja y dos monasterios (en la iglesia de uno pudimos entrar), conocido por el hotel de superlujo (que obviamente no se puede ver).
Irlanda - casas de paja de Adare y calle de Killarney
Irlanda - casas de paja de Adare y calle de Killarney

Kenmare, Muckross, Killarney

El último día era casi todo de paisajes y autobús. Visitamos el anillo de Kerry, haciendo una parada primero en Kenmare, un pueblecito con un par de calles bonitas y una iglesia a la que pude entrar. Luego hicimos varias paradas fotográficas en los lagos, deteniéndonos en Muckcross House, una mansión victoriana que tiene un paseo precioso junto al lago.
Finalmente llegamos a Killarney, donde tuve bastante tiempo libre. Es una ciudad bonita y animada, con una catedral preciosa y una iglesia con mucho encanto, muchas tiendas y pubs y muy buen ambiente.
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miércoles, 7 de enero de 2026

Relato: La Liga contra la Discriminación a los Monstruos

 Otro relato hecho en base al lanzamiento de dados que veis a continuación:

La Liga contra la Discriminación a los Monstruos

Dados en los que se inspiró el relato
«Los de la Liga contra la Discriminación a los Monstruos tienen razón.
Todo lo que se dice de los trolls es una patraña», pensó Galin.
Llevaba horas perdida en el frío bosque cuando se encontró con uno que llevaba una gran cesta de setas. Se había quedado paralizada de terror, pero entonces el monstruo (mejor dicho, Grok) la había saludado con cortesía y se había puesto a charlar como si tal cosa.
Ahora, estaba en la impoluta casa de la criatura, tomando una bebida reconstituyente antes de reemprender el camino de vuelta a casa. Casi le daba pena tener que marcharse, porque allí estaba calentita y la charla era muy agradable. De hecho, le estaba entrando modorra...
—No sé cómo lo haces, Grok, pero preparas a los humanos que da gusto. ¿Cómo haces para que queden tan tiernos? —preguntó uno de los invitados del troll a comer.
—No es ningún secreto. El miedo les tensa los músculos antes de morir, así que me aseguro de que, cuando les paso el cuchillo, estén bien relajados —explicó el orgulloso cocinero. Últimamente es más fácil que se confíen, porque los tontos de la Liga contra la Discriminación a los Monstruos nos hacen parte del trabajo. Lo malo es tener que dar conversación a la comida hasta que alcanza el punto óptimo de relajación. Un momento... ¿no oléis a quemado?
Los monstruos tenían pánico al fuego y se formó una desbandada, pero las salidas estaban bloqueadas por las llamas y pronto empezaron a atravesar las ventanas todo tipo de artefactos incendiarios. Algunos se lanzaron a través de los cristales, solo para que los humanos del exterior acabaran con ellos.
Estos habían rastreado a su amiga Galin hasta el punto donde se encontró con el troll. Les había desconcertado ver que le seguía por su propio pie, pero nunca habían sido muy amigos de la gente de la Liga y corrieron en busca de un matamonstruos retirado. Por si acaso. 
La demora había sido fatal para Galin, claro, pero a ellos les había salvado de sufrir su mismo destino. Esa noche, habían hecho un favor al mundo humano eliminando a unos cuantos enemigos, pero nadie podía enterarse. La Liga era cada vez más influyente y matar monstruos sin pruebas de sus atrocidades estaba mal visto. Que las pruebas estuvieran en el estómago de las criaturas que habían achicharrado era lo de menos: si alguien se enteraba, se convertirían en unos parias.
Por otro lado, el bosque era grande, y los monstruos vivían aislados. Nadie tenía por qué enterarse. Ni de esta, ni de próximas incursiones. Había sido una noche emocionante, y su amiga Galin merecía una venganza más extensa. Con la ayuda del cazamonstruos retirado, podrían hacer una buena limpieza. Acabar con los monstruos antes de que la Liga manipulara definitivamente a la opinión pública para que los protegieran. Quién sabía, quizás debieran también incluir a algunos de los miembros de la Liga en sus futuras partidas de caza. Después de todo, la culpa era suya.
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