Amigos o algo más Enemigos o algo más incursores de la noche incursores del ocaso Eladil Atrapada en otra dimensión Viajera interdimensional48 trozos 126 trocitos 42 trozos PINCHA EN CADA PORTADA PARA SABER MÁS SOBRE EL LIBRO. Para más información visita la Web oficial de Déborah.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Solo seis balas, un microrrelato ilustrado de zombies

 Otro relato hecho con las portadas que prediseñé hace unos años. La verdad es que, a nivel visual, no evoca una historia de zombies, pero la imagen de la pistola y, sobre todo, el título (Solo seis balas) me inspiraron este microrrelato.

 Solo seis balas

portada del relato corto ilustrado de zombies Solo seis balasSolo seis balas. Ni de lejos suficientes para defender a su familia de la horda de zombies que había invadido su granja y que amenazaba con entrar en su búnker en cualquier momento.
Solo seis balas y comida para siete días. Si no lograban encontrar la forma de entrar, morirían igualmente, de forma lenta y angustiosa. Aunque era mejor que convertirse en uno de ellos.
Solo seis balas, comida para un día y una cuerda. Eso era todo. Pero sería suficiente.
Cuando por fin los zombies lograron abrirse paso, solo encontraron seis cadáveres con una bala en la cabeza y otro colgando del techo. Era una pena no poder engrosar las filas del nigromante, pero al menos pudieron dar rienda suelta a su apetito.

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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

miércoles, 31 de octubre de 2018

Dos vidas incompatibles, un relato de amor

Nuevo lanzamiento de dados para el reto de escritura creativa y nuevo relato en base a los resultados:


 Dos vidas incompatibles

Eran jóvenes y se querían, pero la idea de diversión de Karina era tumbarse en el sofá con sus gafas, un café a mano y un buen libro. Por el contrario, la idea de diversión de Emilio era irse a soltar palomas de la paz con sus amigos en las manifestaciones y pintar cuadros surrealistas con telarañas de colores o mandalas psicodélicos mientras fumaba marihuana para venderlos y donar lo que ganara a las ONG. Su historia no podía funcionar, por mucho que intentaran llegar a un punto intermedio, así que, cuando ella se fue a la universidad, se distanciaron todavía más y lo acabaron por dejar.
Cuando se vieron años después, Emilio acababa de ser detenido en una manifestación por tirar  piedras a los antidisturbios y tenía un amplio historial como activista conflictivo a sus espaldas. Karina, que acababa de comenzar una prometedora carrera como abogada, se lo encontró en el juzgado. La pasión estalló entre ellos una vez más, pero ella soñaba con una familia y una vida profesional estable y sin sobresaltos, mientras que él solo pensaba en el día a día, en luchar contra el sistema y en hacer lo mínimo imprescindible para no morirse de hambre. Nuevamente, su amor no fue suficiente para superar sus diferencias y volvieron a dejarlo.
Muchos años después, ya ancianos, Emilio ya estaba bastante cansado y hacía tiempo que se había hartado de manifestaciones, comunas y una vida errante. Karina, por su parte, había vivido la vida que había querido y ahora, tras jubilarse y enviudar, se aburría como una ostra. Ambos aún se recordaban con cariño y, cuando volvieron a encontrarse por la calle, surgió de nuevo la chispa. Esta vez, sin embargo, ni el futuro ni la juventud se interpusieron entre ellos y vivieron su amor hasta el día en que la muerte se los llevó.   

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jueves, 25 de octubre de 2018

El hijo del capo, un microrrelato

Este es el último microrrelato del reto Vuestras consignas, mi relato. La verdad, ha quedado un tanto tétrico, será que lo he escrito en día de lluvia... Pero, tal y como iba encaminado, era la única manera de cerrarlo de forma creíble. Muchas gracias a María Angélica, que dio las palabras viaje y paisa, y a Stefany, que dio la palabra vainillado.

 El hijo del capo

El hijo del capo estaba harto de su vida, así que un día, vestido como un mendigo, se escabuyó de los hombres de su padre y echó a caminar. Evitó las ciudades y las zonas que controlaban las mafias, pero por lo demás dejó que el azar marcara la dirección de su marcha.
Durante su viaje, pasó una temporada conviviendo con los paisas, exploró la selva con un grupo de jóvenes aventureros y compartió, con una familia que le acogió durante unos días a cambio de unas cuantas reformas, tortas de olor vainillado mientras veían el atardecer del desierto. Todos esos pequeños momentos, esos nuevos amigos y la solidaridad que encontró a su paso, compensaron el hambre y las penalidades que pasó durante su periplo.
Y surgió en él un deseo: devolver al mundo la bondad que se había encontrado. Así pues, cuando vio esa hoja de periódico perdida en la que se anunciaba que su padre había sido asesinado, decidió volver y utilizar su herencia en favor de los demás.
Los hombres de su padre, sin embargo, no iban a tolerar que ese niñato, que había pasado varios años quién sabía dónde, destruyera el imperio mafioso al que habían dedicado su vida. El mismo día en que dejó claras sus intenciones, el cadáver del joven apareció en la cuneta de una carretera anónima.

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sábado, 20 de octubre de 2018

Disparando en la guerra de Paintball de Villanueva de la Cañada

El mes pasado, en mi empresa, datahack, se decidió hacer un staff day. Se mantuvo el secreto hasta el último momento (ni en el bus dijeron nada) y cuando llegamos nos encontramos, ¡en un paintball! Llevaba años buscando un grupo para hacerlo, pero es complicado organizar las agendas de tantísima gente y no había sido posible, así que fue una muy grata sorpresa que me hizo mucha ilusión.
El lugar en cuestión se llama Valdeaventura y lo primero fue dividirnos en grupos de cinco. Luego tocó ponernos los chalecos, encima los monos (no estaban del todo limpios y, además, muchos no cerraban bien) y las gafas protectoras (con las que no se veía ni torta de lo sucias que estaban), tras lo cual fuimos al campo de juego y nos dieron las instrucciones de seguridad, porque un bolazo en mal sitio puede causar daños graves.  Luego comenzó el juego, con dos grupos en batalla y otro esperando.
Hay dos escenarios (ambos muy pequeños, eso sí) y nosotros estuvimos solo en el de abajo. A lo largo de los mismos, hay palés y otros objetos que hacen de trincheras para refugiarse del fuego enemigo. Primero, se hizo un juego de "gana el que acaba con todos los adversarios" y, como el campo es pequeño, la duración es de alrededor de dos minutos. Mi grupo, tras una primera derrota aplastante (me dio la bola de refilón y me dejó perdida), ya no volvió a perder, y a mí no volvieron a descalificarme, así que no experimenté un bolazo directo, pero parece ser que pica bastante. Por cierto, la pistola pesa y tiene mucho alcance.
Cuando ya llevábamos un buen rato con esa dinámica y comenzábamos a acomodarnos en las trincheras, nos hicieron cambiar de juego a un "atrapa la bandera". Aunque intentábamos llegar, salir significaba que te acribillaran, así que solo un compañero consiguió llevarla a su terreno.
Tras esa hazaña heroica, aunque todavía nos quedaban bolas, todos estábamos demasiado cansados, acalorados (menos mal que ese día estaba ligeramente fresco, porque con esos monos te asas vivo) y sudorosos para seguir, así que dejamos la partida y nos fuimos a comer a la estupenda barbacoa.
En definitiva, la actividad es tan divertida como esperaba y os recomiendo probarla porque ¡generas mucha adrenalina!

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