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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

jueves, 2 de febrero de 2023

Viaje a Egipto: pirámides, esfinge, Menfis y Saqqara

Pirámides de Guiza y Esfinge

La primera mañana en El Cairo fue el de lo típico: las pirámides y la esfinge. No me hacía especial ilusión, pero me gustó bastante. 
Primero nos acercamos a las de Keops y Kefrén, donde teníamos la posibilidad de entrar. No lo hice, no obstante, porque sabía que dentro no hay más que cámaras claustrofóbicas. Hay que tener cuidado con los vendedores, eso sí. Son los más agresivos, mejor no cederles el teléfono por la tentación de una foto graciosa, hay que tener cuidado.
Después de esto, nos llevaron en el bus hasta un mirador donde se veían las tres pirámides. Allí, nuestro guía nos convenció para subirnos a un camello, experiencia que apenas duró unos minutos, pero que no estuvo nada mal. 
Desde ahí, cogimos el bus otra vez para ver de cerca la esfinge y el templo que hay al lado. No se podía ver en 360º, pero me gustó mucho. Como siempre, hubo poco tiempo.
Pirámides y esfinge de Guiza en Egipto

Menfis y Saqqara

Pirámide escalonada y tumba de Kagemni
Pirámide escalonada y tumba de Kagemni
Después de la esfinge, salimos a Menfis para ver la gran estatua de Ramsés II y la esfinge de Menfis, previa visita a una tienda carísima de pergaminos, que sobraba, como todas las visitas similares que nos obligaron a realizar. La gran estatua de Ramsés II es simplemente impresionante, le di varios rodeos aunque estaba lleno de gente. También había muchas más obras en el museo al aire libre, pero no nos dio tiempo.
Todavía no habíamos comido y teníamos que ver antes Saqqara, porque si no cerraba. Allí está la pirámide escalonada de Zoser, uno de los primeros faraones. Su tumba no tenía mayor misterio, se podía ver el sarcófago. Pero sin duda, la tumba más interesante fue la del visir Kagemni, que también se podía visitar, con todos los grabados de la vida cotidiana de los egipcios, con pintura y todo, que me pareció maravillosa y me habría gustado ver con más calma. 
Ya eran casi las 17 cuando llegamos al restaurante y nos lanzamos a la comida, aunque las raciones eran modestas y muchos se quedaron con hambre. Además, el del bus se debió de perder y finalmente no llegamos hasta las 20 y pico al hotel.

El viaje los días siguientes y más...

Viaje a Egipto: Consejos e impresiones
 
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miércoles, 25 de enero de 2023

Relato: Robar un pergamino

Esta era la primera vez que usaba el juego de cartas Fatum. Como era la primera vez, seguí las instrucciones al pie de la letra, lo que condujo a una monstruosidad que se iba haciendo más y más grande hasta que me quedé sin cartas de relación. No pasa nada, era el primer intento. Moraleja para el próximo: detenerme cuando se hayan respondido las preguntas más cercanas al personaje ^^.
Esta es la foto del resultado y la interpretación en texto de la misma: 
Mi personaje es una druida investigadora en un templo, secuaz de un bárbaro bandido que está aliado con una hechicera, tiene un objeto mágico y cuya hermana es vasalla de un pícaro.
La motivación de la druida es la bancarrota que tuvo su origen en un secreto sobre un monje marinero cuyo padre era luchador en una ciudad y murió en una mazmorra tras entrar a un lugar del paraíso.
Un evento del pasado de la druida que le marcó mucho fue un sacrificio desinteresado de un explorador, guardián del templo, que ejercía de maestro de un fantasma paladín amante de un mago de un baluarte.
La druida también tiene un hijo que es brujo, además de un héroe ingenuo.
Es una auténtica fumada: simplemente demasiada información para un relato. Por eso digo lo de que voy a tener que cortar la próxima vez que eche las cartas. Pero, ya que está hecho, vamos a ello:

Robar un pergamino

Ludla se despidió de su hijo con la preocupación en el rostro. Era un brujo poderoso, pero también un pobre ingenuo. Eso, sumado a su impulso desinteresado de ayudar a los demás, le traerían problemas más pronto que tarde. Tenía que encontrar una forma de endurecerle: ya había visto a alguien morir desinteresadamente por los demás, no necesitaba revivir la experiencia, y mucho menos con su hijo como protagonista.
Poco podía hacer, sin embargo, mientras permaneciera en ese estúpido templo fingiendo que investigaba. Tenía que encontrar pronto la forma de acceder al pergamino que quería el dichoso bárbaro que la había contratado. Por qué un bandido necesitaba un hechizo para abrir cerraduras era algo que se le escapaba, aunque se rumoreaba que estaba aliado con una hechicera y que alguien de su familia trabajaba para uno de los principales ladrones del país, así que podía tener sentido. 
En cualquier caso, no hacía preguntas: se limitaría a hacer el trabajo y a recibir a cambio la información que le permitiría liberarse de la bancarrota familiar. Ese monje marinero les había dejado en la ruina, pero no se daba por satisfecho y seguía acosando a la familia para que no fueran capaces de levantar cabeza. Todo porque su padre, en una borrachera, desveló un secreto insignificante sobre él a las personas equivocadas. Que su padre hubiera muerto hacía años no había aplacado para nada su resentimiento.
Seguía con estos pensamientos cuando entró en su lugar de trabajo y lo encontró todo revuelto. Había una gran ausencia entre sus papeles: nada menos que las notas que recogían las pistas que tenía sobre el pergamino que necesitaba. Imaginaba quién podía haberlo hecho y corrió hacia la biblioteca, pero era demasiado tarde: el bibliotecario mayor y el sumo sacerdote la estaban esperando junto al sonriente acólito que le había tenido manía desde que entró.
-Dime quién eres de verdad y para quién trabajas si quieres que seamos benévolos contigo -dijo el sacerdote.
-No sé de qué me hablas -se hizo la loca, con la esperanza de que la creyeran a ella antes que a ese imbécil.
-Una druida no tiene ninguna necesidad de esto -dijo el bibliotecario, agitando un pergamino achacoso que llevaba en la mano. De pronto, toda la atención de Ludla se enfocó en ese objeto y esbozó una media sonrisa que pasó desapercibida al enfurecido anciano-. Si es que eres en realidad una druida.
-Oh, ya lo creo que lo soy -respondió ella con dulzura. 
Lo primero que había hecho cuando llegó al templo fue prepararse para una posible huida, dejando caer, aquí y allá, semillas que se colaban entre las grietas del suelo. En apenas unos segundos, esas plantas germinaron a la vez y levantaron las baldosas, lo que hizo caer a los tres y le puso muy fácil a Ludla la tarea de atarles con sus enredaderas. Una vez inmovilizados, se acercó al bibliotecario y le quitó el pergamino, tras lo cual se marchó del templo con rapidez y acudió al punto de encuentro, donde el bárbaro le contó lo que necesitaba saber:
-El padre del monje no murió en una dimensión demoniaca, sino en una celestial. Y entró en la mazmorra no porque escuchara a tu padre desvelar el secreto de su hijo, sino porque estaba convencido de que allí encontraría un objeto mágico que quería regalar al monje. Ludward Worik fue quien le contó que el objeto estaba ahí porque quería deshacerse de él.
Ludla asintió y se marchó sin despedirse. Tenía un monje al que encontrar y al que contar la verdad sobre la muerte de su progenitor. No le diría quién había sido el que había ocasionado la incursión a las mazmorras que le había costado la vida, sin embargo. Al menos, no hasta que hubiera reparado todo el daño que había causado a su familia y esta volviera a tener las mismas riquezas que antaño. Entre tanto, ella sería libre, por fin, de vigilar más de cerca a su hijo y evitar que se metiera en líos desde las sombras. Un precio muy bajo por robar un pergamino.
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jueves, 19 de enero de 2023

Viaje a Egipto: Philae, pueblo nubio

Philae

Por desgracia, la tarde después de la visita de Abu Simbel no fue tan buena, y no solo por el contraste. Yo tenía una chorrada de excursión a la presa de Asuán que agradecí que me cambiaran a la del resto del grupo, en el templo de Philae. Es un templo erigido en la isla donde Isis se refugió para recomponer a Osiris, aunque no está en su ubicación original por la construcción de la presa de Asuán. Fue en su tiempo muy importante, ya que muchos pueblos peregrinaban hasta él, y fue de lo que más aguantó antes de que eliminaran definitivamente el culto.
Por desgracia, nuestro guía maniobró para que pagáramos todos 15€ más en el espectáculo nocturno inmersivo de luz y sonido. 
Pintaba bien, pero la ejecución era un desastre, como un vídeo documental para niños de primaria de los años 60 del año pasado. No tenían contenido suficiente para una hora y era infumable, además, tenían cuatro luces y apenas se podía hacer fotos, por no hablar de lo masificado que estaba. Entre el sueño que tenía por el madrugón y las ganas de cenar, estaba entre caerme de sueño o reír por lo cutre que era. 
Además, antes de la visita al templo nos colaron una visita a un centro donde hacían aromas, pura venta, donde el aire acondicionado estaba a tope y nos dieron un zumo que me sentó fatal, así que había salido de ahí descompuesta y resfriada. Desde ese día, más resfriada y con la tripa más revuelta cada día...

Interior del templo de Philae y pueblo nubio
Interior del templo de Philae y pueblo nubio
Visita al pueblo nubio

El último día en Asuán, en el programa, no ponía nada, ya que era todo traslados. Pero por supuesto había una excursión opcional antes de irnos al aeropuerto, que consistía en una visita a un pueblo nubio. 
Al principio, paseamos en una faluca (esto sí estaba incluido, aunque para el día anterior), donde vendían algunos productos típicos africanos y cantaron canciones tradicionales, haciéndome salir a bailar (qué vergüenza). 
Luego, pasamos a una motora y avanzamos hasta una playa donde mojé los pies en el Nilo (no llevaba bañador y, de todas formas, no quería ir mojada el resto de la excursión). 
Después, fuimos al pueblo, muy diferente de lo que habíamos visto hasta el momento. Entramos a una casa de una familia nubia, donde también vendían souvenirs y nos dieron pan típico con queso, miel de melaza y una especie de turrón, té de menta y agua. Además, hacían tatuajes de henna, aunque no me arriesgué porque tengo la piel delicada y no quería una reacción alérgica. 
Tras la visita a la casa, fuimos a una escuela, donde nos enseñaron el abecedario árabe y los números en árabe y nubio, además, escribieron nuestros nombres en la pizarra. 
Acabada la visita volvimos al barco a comer: eran las 12, pero nuestro autobús venía a las 12,30 en el aeropuerto. Al menos, esa era la teoría, se retrasó hasta las 14 y llegamos al aeropuerto con el tiempo justo para embarcar. En destino también hubo mucha confusión con los hoteles y fue una paliza.
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miércoles, 11 de enero de 2023

Relato: Un poco de autocontrol

Otro lanzamiento de dados, aquí salgo en directo:

Un poco de autocontrol

Jairo no tenía ningún autocontrol, motivo por el cual su vida era un desastre. Matarse en el gimnasio no servía de nada, porque nada más salir pasaba por delante de la hamburguesería y se ponía ciego, así que su salud era cada vez peor. Le habían despedido de varios trabajos porque no era capaz de callarse lo que pensaba sobre su jefe, y todos sus problemas con sus parejas eran también por eso: por ser incapaz de callar, por no controlar sus arrebatos. 
Tampoco tenía muchos amigos debido a su excesiva espontaneidad, y los pocos que le quedaban casi no le invitaban a las fiestas porque, por muy comedidos que fueran los invitados, él se ponía a hablar, comer y beber como si no hubiera un mañana, incluso se ponía a bailar sin venir a cuento solo porque le gustaba una canción. Una vez, incluso rompió un jarrón con su desenfreno. 
Por eso era tan importante esa moneda que había encontrado: porque había decidido que iba a encaminar todos sus esfuerzos a controlar el impulso de gastarla antes de que acabara su pequeña excursión (otro impulso) a un pueblo perdido de la sierra. Lo consiguió en la gasolinera, pero solo porque en la línea de cajas no había nada que le llamara la atención. Lo consiguió cuando pasó por delante del pozo de los deseos, pero solo porque no creía en esas cosas. Y estaba a punto de conseguirlo en el restaurante, pero entonces salió por la zona del bar y escuchó el tentador sonido de esa máquina tragaperras. 
Antes de querer darse cuenta, la moneda estaba dentro de la máquina y se quedó a una fruta de hacer línea. Entonces sacó un billete de la cartera y lo metió, luego otro, y otro, obsesionado con el gran premio que siempre se le escapaba por poco. De vez en cuando recuperaba algo, pero luego lo volvía a gastar, hasta que se quedó sin dinero en la cartera y se marchó del restaurante con una frustración sin saciar.
Mientras volvía a casa, toda su fijación era encontrar otra máquina y conseguir vencerla. Internamente, sabía que no debía, que era ridículo, pero su autocontrol, ya hemos dicho, no era muy bueno. Incluso cuando consiguió el gran premio de una de las máquinas, se obsesionó con seguir jugando y recuperar todo lo que había perdido en ellas.
Cuando perdió lo poco que le quedaba, se lió a golpes con la máquina, maldiciendo el día en que encontró la moneda. Luego, cuando el camarero intentó detenerle, se lió a golpes con él, maldiciéndole por no detenerle. Cuando llegó la policía, huyó de allí hasta que quedó sin aliento y entonces, solo entonces, se dio cuenta de que el único culpable era él mismo y su nulo autocontrol. Así pues, cedió a su último impulso, se acercó al puente más cercano y saltó.
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