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sábado, 30 de septiembre de 2017

Manualidad: Pintura: Decorando macetas

maceta
Tocaba trasplantar mis plantitas de interior porque la raíz estaba tan apretada que se estaban muriendo. No es que la maceta que tenía antes fuera espectacular, pero por lo menos tenía algo de color.
La cuestión es que, cuando fui al chino, me encontré con un dilema: solo había macetas con decoración espantosa o macetas de esas marrones neutrales. Por supuesto, elegí las marrones, que además eran más baratas. 
macetaPero claro, las miraba y las miraba y no acababa de estar conforme: iban a quedar fatal. Así que cogí pintura plástica y decidí darles un toquecito de color antes de colocar las plantas. Aunque soy la primera fan de mis dragoncitos, me quedo con la de los búhos. No sé cómo lo hice, pero conseguí darle hasta textura a los pajaritos.
En definitiva: soy incapaz de tener un elemento soso sin darme una mano de personalización ^^.

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jueves, 28 de septiembre de 2017

Relato breve de fantasía: El manantial (reto dados)

 Este es el resultado del último reto Story cubes, podéis verme lanzar los dados aquí:

El manantial

resultado dados para hacer el cuento breve
El secreto de la vida eterna era una bacteria que vivía en las aguas termales de las montañas más inaccesibles de Japón. Al menos, eso era lo que indicaba el manuscrito que había encontrado en esa tienda de mala muerte de Bagdag, tras mucho rebuscar. El problema era que no decía exactamente en qué montañas, solo que el manantial estaba custodiado por un templo sintoísta. En un país donde tirabas una piedra y dabas a un templo, era como buscar una aguja en un pajar.
No obstante, eso no le desanimó y pronto creyó localizar el lugar. Se coló en el templo cuando los monjes dormían y rompió con un hacha las puertas selladas que daban al misterioso manantial, en el que se bañó y bebió hasta saciarse. No obstante, en vez de poder o inmortalidad, lo que sintió fue que su cuerpo se hacía cada vez más pesado, hasta quedar inmovilizado por completo y hundirse en el agua junto a tantos otros que habían caído en la misma trampa.
Los monjes encontraron el desastre de la puerta al día siguiente y negaron con la cabeza, apenados. El agua no hacía otra cosa que convertirte en piedra, pero el loco que había escrito esos pergaminos y los había dispersado por todo el mundo se había asegurado de dar a entender lo contrario. Los monjes habían destruido todos los que pudieron, pero siempre aparecía otro que hacía que la colección de estatuas del fondo del manantial creciera poco a poco.

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Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

sábado, 23 de septiembre de 2017

El día que piloté una avioneta

Los que me conocéis desde hace un tiempo sabéis que llevo mucho diciendo que quería pilotar una avioneta. Era un cupón que me encontré más o menos por la fecha que hice el viaje en globo, pero por entonces el presupuesto solo me permitía una de las dos actividades y elegí el globo. Luego, cuando tuve dinero, ya no estaba el cupón y no ha vuelto a haber uno hasta hace poco. 
Nada más verlo lo compré, a pesar de que mi horrorizada madre intentó detenerme diciendo que, si todavía me lío con el coche y llevo un año y pico con el carnet aprobado, ¿cómo se me ocurría pilotar una avioneta?
-Pues por eso, mamá -le respondí-. Porque con este cupón tendré a un instructor al lado que puede hacerse cargo de los mandos si la lío parda.
yo con la avioneta
Así pues, mi resignada madre me vio partir rumbo al aeródromo de Camarenilla, donde entregué mi cupón y me condujeron hasta el ultraligero que estaba a punto de pilotar.
En este punto debería decir que me da un poco de miedo volar. Nunca he dejado que eso me detenga, pero lo cierto es que mi nivel de estrés se incrementa varios puntos cuando me subo en uno de esos aparatos, en especial durante el despegue y mucho más durante el aterrizaje, momento en el cual tiendo a marearme.
En parte también lo he hecho por eso: porque creo que los miedos se curan con tratamiento de choque. Me curé el miedo a hablar en público apuntándome a todas las actividades que implicaban hablar en público durante la carrera: pues con el miedo a los aparatos voladores tiene que ser más o menos lo mismo.
yo con la avioneta
Antes de meterme en el avión, el profesor me explicó todas las partes del mismo, habló de sus características y de cómo funciona. Básicamente se maneja con una palanca y dos pedales: uno para cada dirección. Parece fácil, pero aun así tenía miedo de liarme. Mi madre tiene razón, no tengo coordinación ninguna, soy por naturaleza una torpe sin remedio. Por eso me cuesta tanto pasarme los videojuegos que requieren el uso de más de dos botones ^^.
El despegue y el aterrizaje los realizaba el instructor (básicamente, por eso seguimos vivos los dos) pero, una vez en el aire, me dejó manejar los controles. Parece fácil, pero como aprietes un poco más de la cuenta (lo cual es fácil) te pasas y puedes liarla. Lo importante era ver tres-cuatro dedos de paisaje, ni más ni menos, y que una bolita se mantuviera centrada cuando girabas. No creo que se me diera muy bien, pero, a pesar del miedo y de la amenaza de mareo (eso se agita como un bote en mar revuelta), conseguí no estrellar el avión.
Ahí va un minivídeo que grabó el instructor:
  
En definitiva, me lo pasé pipa, aunque, teniendo en cuenta mi torpeza, lo lejos que está de casa y lo caro que resulta, no sé si repetiría la experiencia.

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jueves, 21 de septiembre de 2017

Relato breve de fantasía: El corazón de plástico azul (vcmr)

Este es el sexto relato corto de los que organicé con las palabras que recibí en el último Vuestras consignas, mi relato. Podéis leer los anteriores y descubrir qué relatos me faltan por hacer aquí. El relato que tengo que hacer hoy debe contener las palabras amor, aventura, corazón de plástico azul y transhumancia.

El corazón de plástico azul

Su madre parecía aficionada a la trashumancia, solo eso explicaba que cambiaran de hogar al menos cuatro veces al año. De pequeña no le importaba, porque le daba a su vida un toque de aventura del que los demás niños carecían pero, ahora que había encontrado el amor y no quería dejarlo, no podía sino odiar esa situación y enfrentarse a su madre para pedirle explicaciones.
Lo que le explicó no tenía pies ni cabeza: las perseguía un ejército de seres sobrenaturales y debían esquivarlos a toda costa. Ahora era muy posible que las hubieran localizado de nuevo y por ello debían marcharse cuanto antes.
La llamó loca y corrió hasta la playa donde se encontraba siempre con Alfredo. Por suerte, él estaba allí y pudo desahogarse. No obstante, era menor de edad y tenía que ir donde fuera su madre, así que Alfredo solo pudo darle ánimos y prometer esperarla hasta que cumpliera los dieciocho. Selló su promesa entregándole un precioso corazón de plástico azul que ella se colgó junto al pecho antes de despedirse.
Alfredo la vio marchar y sonrió. No era una de las criaturas que perseguían a madre e hija, pero sabía que estas pagarían muy bien a quien les ayudara a localizarlas. Y el pequeño gps que había escondido dentro del colgante sin duda le haría muy rico.

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lunes, 18 de septiembre de 2017

¡Entrevista en La orilla de las letras!

Podéis leerla en este enlace, pero id con tiempo, ¡que me enrollo un montón!

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sábado, 16 de septiembre de 2017

Escapada a Santander: día 3-4: Ruta de Senderismo La Maruca-Faro de Cabo Mayor

Una de las cosas que aparecían en el famoso plano que nos dieron en información turística era un Castillo. Bueno, no aparecía en el plano. Salía una flecha diciendo que en esa dirección llegas al castillo. Y yo ya sabéis que es ver la palabra "castillo" y querer ir. También había otra cosa que me apetecía ver en esa zona que se salía del plano: el Faro de Cabo Mayor. Así que fuimos otra vez a la oficina de información turística donde nos dieron información de una ruta de senderismo. Nos debió de ver con pinta, no sé. Pero, como en la información decía que era fácil, la chica nos dijo que era precioso (y que la hiciéramos al revés) y yo tenía mi espinita clavada por no haber podido hacer el Camino de Santiago este año, decidimos hacerla.

El Castillo (por llamarlo de alguna forma) de la Corbanera

Para llegar cogimos directamente el autobús que iba hasta el castillo. Se supone que es una fortificación de las Guerras Carlistas, declarada bien de interés cultural. Lo que es en realidad: un timo. Tal cual. La gente ha adosado sus casas y sus parabólicas, y es propiedad privada. Está para el arrastre. Como está, mejor no anunciarlo como punto turístico, porque verlo genera cabreo más que otra cosa. Ni foto que le hice (vuelvo a decir, la casa particular de alguien está literalmente apoyada en la muralla y lo que se ve alrededor es el jardín privado de alguien). Con razón nadie de Santander sabía decirnos nada del castillo.

La Maruca y el centro de interpretación del litoral

panorámica de La Maruca
Panorámica de La Maruca
La Maruca es básicamente una playa de piedra, muy bonita, eso sí. Al lado está el centro de interpretación del litoral, al que entramos por curiosidad. Está muy orientado a enseñar a los niños cosas sobre la costa y el reciclaje, me parece estupendo y la empleada era un encanto. Además, allí conseguimos (por fin, y a buenas horas) un plano en condiciones de Santander, además de información sobre la ruta que íbamos a realizar. Tras la visita, nos pusimos en marcha.

A hacer senderismo, como si tuviera costumbre...

Todo sea dicho, si hubiéramos hecho la ruta en la dirección correcta, no como nos recomendó la chica de información turística, hubiera sido perfecto. Pero lo hicimos al revés y, como ya he dicho, había tenido problemas de salud antes del viaje (vamos, que no iba muy en forma), lo que implicó que la horrible cuesta ascendente del último tramo (si lo hubiéramos hecho en la dirección correcta hubiera sido una bajada ligera) justo cuando salió el sol (que ya es mala leche) me dejó para el arrastre.
Pero el resto del recorrido, a lo largo de todos los acantilados, es sencillo y tiene unas vistas espectaculares, de veras que merece la pena.
Puntos de interés en la ruta de senderismo La maruca-Faro de Cabo Mayor
Puntos de interés en la ruta de senderismo La maruca-Faro de Cabo Mayor
Cuando por fin llegamos al Faro de Cabo Mayor (las fotos que molan están en la entrada anterior, de cerca no es tan espectacular) nos echamos una botella de agua en la cabeza y me metí dentro del museo del faro, donde hay cosas relacionadas con él y una pequeña exposición de pintura. Por desgracia, aunque no cerraba hasta un cuarto de hora más tarde, la empleada no paraba de perseguir a la gente para decir que iba a cerrar y que nos fuéramos ya. No es muy agradable ese tipo de acoso, así que lo vi rápido y me largué, aunque me dieron ganas de quedarme hasta la hora en punto, solo por fastidiarla. Menuda maleducada.

La última tarde

Pero bueno, al menos el ratito de descanso me ayudó a recuperarme un poco de la subida, y luego nos sentamos al lado de un camping a tomarnos los bocatas. La idea inicial era bajar andando toda la costa y bordear hasta el hotel, para ver, de paso, el Casino. Eso hubiera ocupado toda la tarde y hubiéramos aprovechado para volver a andar por la orilla del mar. No obstante, estaba tan para el arrastre que cogimos un autobús y vimos esa zona desde el mismo.
Descansamos un buen rato en el hotel y luego fuimos a algo que habíamos visto desde el bus de subida a La Maruca: una feria romana. Tenía muchos puestos, que eran más de lo mismo que en cualquier mercadillo medieval-renacentista-romano... de cualquier lugar de España. Con una salvedad: tenían muchas actividades y cositas no industriales como tiro con arco, juegos para niños, básculas antiguas... Curioso. Allí me tomé un bizcocho que sabía un poco a industrial (vaya con la artesanía de las ferias...) y compré un árbol de la vida, siempre quise uno aunque no uso colgantes.
Tras la visita a la feria volvimos a la zona centro, subimos a la azotea del centro Botín (donde tampoco se veía gran cosa) y buscamos una tienda de souvenirs. Ya sabéis que colecciono marcapáginas; pues resultaba una odisea encontrar uno de la zona. Aunque parezca mentira, no hay apenas tiendas de recuerdos y las que hay son pequeñas y escasean los artículos menos típicos. Al final encontré tres, dos de los cuales eran un poco feos, y compré el otro.

La última mañana

santanderEl tren salía a mediodía y la idea era hacer lo que no pudimos la tarde anterior: pasear por la orilla. Por desgracia, la lluvia que llevaba amenazando desde que llegamos decidió ponerse en marcha y tocó volver a cambiar los planes, así que compramos un paraguas y paseamos por las desiertas (era domingo) calles del centro, bajo la lluvia, hasta que llegó la hora de despedirnos de la ciudad y coger el Alvia de vuelta a Madrid.

Extra: vídeo resumen del viaje



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jueves, 14 de septiembre de 2017

Relato breve: La reina del correveidile

Nuevo relato corto con varias palabras olvidadas. Esta vez usé Correveidile (Persona que lleva y trae cuentos y chismes), Cabás (Sera pequeña, esportilla o cestillo para llevar la compra), Cáspita (Para denotar extrañeza o admiración), Córcholis (Caramba. / Denota extrañeza o enfado) y Dandi (Hombre que se distingue por su extremada elegancia y buenos modales).

La reina del correveidile

palabras olvidadas elegidas para el cuento breve
Palabras diseñadas por @gerardovaquerizo, @crisluna, @pituVSpitu, @rodrigo y @ferranlafu
La Merche era la reina del correveidile. Le encantaba llegar cada semana al mercado con su cabás y acercarse al grupo más numeroso de compradoras para soltar sus chismes:
-Córcholis, no imagináis de lo que me he enterado -empezaba-. El hijo de la Norberta, el que parece un dandi, ha empezado a salir con la niña de la Maripaz.
Pronto, el rumor se difundía y la frase «La Merche se ha enterado de...» estaba en boca de todos, con lo que ella se sentía importante. Y así siguió hasta que le dio el arrechucho y no pudo asistir al mercado el día de siempre. Esa tarde, asomada en el balcón, escuchó una conversación entre dos vecinos:
-La Loli dice que la Tere le ha contado que la Merche se ha ido al otro barrio -empezó uno.
-Cáspita, pues a mí la Norberta me dijo que la Merche se fue a recibir una herencia de un primo lejano y por eso no se la ha visto el pelo hoy en el mercado.
La Merche se lo pasó pipa escuchando os rumores sobre ella y se dio cuenta de que se sentía aún mejor cuando la mencionaban como parte del rumor que como la generadora del mismo, así que a la semana siguiente acudió al mercado con aires misteriosos y no dio más que evasivas a los que se interesaron por su ausencia, lo que generó un nuevo correveidile. Pronto, estaba en boca de todos y se formó un ejército de curiosos en torno a su persona. Por las tardes, mientras escuchaba desde su balcón las historias que se inventaban en torno a su misterio los cotillas, sonrió satisfecha. «Ahora sí soy la reina del correveidile».

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