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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

sábado, 30 de octubre de 2021

Viaje a Galicia: Pontevedra por libre (2)

El viaje a Galicia los días anteriores: 

Vuelta a Pontevedra

El tour había acabado y en el hotel había ya poco que hacer. Mi tren salía de Pontevedra a media tarde, así que el plan más lógico era volver a la ciudad y ver lo que me faltaba, aunque fuera con todo el equipaje a cuestas (cinco kilos de mochila principal, más la mochila secundaria, más el agua... parecía una peregrina ^^). Así pues, desayuné y esperé el autobús, junto con otros viajeros que también volvían a casa más tarde.
Tenía bastante claro lo que había visto y lo que me faltaba por ver, pero de todas formas pasé por la oficina de turismo, donde confirmaron mis sospechas. Mi plan era plantarme en el Museo Provincial de Pontevedra, verlo con calma, y luego comer en el Mercado de Abastos y acercarme a la Isla de las Esculturas. Así que me despedí de los otros viajeros, que no habían visitado la ciudad tranquilamente, y me metí en el Museo Provincial.

Museo Provincial de Pontevedra

Fue un alivio que no se pudiera entrar con mochilas y que pudiera dejar la impedimenta en la consigna para visitar el museo con tranquilidad. El lugar está organizado en varias salas, con dos edificios conectados y siguiendo un orden cronológico pero diferenciando la parte artística de la parte arqueológica-histórica. Hay bastantes espacios de descanso y buenas vistas, además, todo tiene carteles explicativos, aunque algunos solo están en gallego, si bien se entienden bien. También había una exposición temporal de Pop-ups que era una pasada.
Parecía más pequeño de lo que es en realidad, así que estuve más tiempo del previsto, sobrepasando las dos horas. Lo bueno es que justo en ese rato se puso a llover, así que fue muy oportuno. Podría haberme quedado un poco más, pero la última parte era más de arte moderno (que no me va demasiado) y el hambre apretaba, así que fui un poco más rápido en esa zona.
Viaje a Galicia: vistas desde el Museo Provincial de Pontevedra y escultura de la Isla de las esculturas
Vistas desde el Museo Provincial de Pontevedra y escultura de la Isla de las esculturas

Salí en plena hora de la comida, así que todos los lugares para comer estaban hasta arriba, incluyendo el Mercado de Abastos. Por suerte, en casi todas las panaderías tienen empanadas, así que compré una para comer y otra para cenar (llegaba tardísimo a casa) y comí tranquilamente antes de ir a la Isla de las Esculturas.

Isla de las Esculturas

Allí estaban esperándome los viajeros de los que me había despedido y recorrimos el sitio juntos. Es un parque donde hay una serie de obras de arte (que a mí me parecieron las típicas decoraciones de cualquier parque) integradas en el paisaje. Tan integradas que algunas no las percibes si no sabes que están por ahí gracias al mapa. El caso es que el paseo es bonito, pero tampoco encontré nada espectacular y, si vas a Pontevedra, te recomendaría que lo dejaras para el final, porque no pasa nada si te lo pierdes.
Y con esto y el camino de vuelta a la estación de tren se acabó el viaje (con un helado por el camino), así que me volví a despedir de los otros viajeros y me fui a esperar al tren. Ni siquiera hubo control de acceso, podría haber comprado el queso en Santiago...

 

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martes, 26 de octubre de 2021

Relato: La oficina de al lado

Hoy mezclo dos consignas del reto: debe desarrollarse en una oficina muy aburrida y debe contener astronauta, galaxia, nubes, armario y uvas.

La oficina de al lado

Fermín trabajaba en una oficina aburrida desde hacía ya más de una década. Sus funciones eran tediosas, así que estaba siempre con la cabeza en las nubes, imaginando que era un astronauta y recorría la galaxia en busca de aventuras. Era imprescindible entretenerse con la imaginación, porque lo más emocionante que había ocurrido en diez años fue cuando un compañero se quedó encerrado en el armario de materiales.
Cuando la oficina de al lado fue ocupada por una start-up donde todos parecían contentos y el descanso de media mañana era una auténtica fiesta en la que compartían uvas en invierno y mandarinas en verano, cortesía de la empresa para que los empleados tuvieran una vida más saludable, la envidia comenzó a corroerle. Él quería eso, ¿por qué tenía que trabajar en una oficina tan aburrida? 
Empezó a considerar un cambio, a tantear el mercado laboral e incluso a apuntarse a algún que otro proceso de selección de empresas que parecían tan divertidas como la de sus vecinos. Y entonces los de al lado quebraron.
-Mucho jijijaja, mucho "somos guays", pero al final estaba claro que nos íbamos a hundir -oyó decir a uno de sus exvecinos, cargado con una caja con sus cosas, en el ascensor.
-Mira, casi lo prefiero -respondió su compañero, en la misma situación-. Uno no puede estar contento todo el rato, y menos con esa mierda de horario y todas esas horas extra que había que echar para demostrar tu compromiso con un proyecto que hacía aguas desde el inicio. Por no hablar de que las posibilidades de crecimiento que vendían eran una patraña.
Esa misma tarde, llamaron a Fermín de una start-up en la que había buscado trabajo para decirle que el puesto era suyo. Le hablaron de lo molones que eran, de que el proyecto era muy emocionante y de que a lo mejor tenía que trabajar más horas al principio cobrando menos de lo que merecía, pero que en cuanto crecieran él sería de los primeros en ascender y disfrutar de las mieles del éxito. 
Fermín rechazó el trabajo y, al día siguiente, volvió a su aburrida oficina con sus aburridos compañeros. Vale que no pasara nada emocionante, pero la estabilidad y un horario de ocho horas sin extras y con un sueldo razonable no tenían precio. Además, para combatir el tedio tenía una poderosa herramienta: la imaginación. Así que, ¿para qué arriesgarse?

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sábado, 23 de octubre de 2021

Viaje a Galicia: Santiago de Compostela y playa

El viaje a Galicia los días anteriores: 

Visita a Santiago de Compostela

El último día del tour, tocaba visitar Santiago de Compostela, punto final de los peregrinos que hacen el Camino de Santiago, ya que están allí los restos del apóstol. El camino, por cierto, está muy presente en toda Galicia (y estoy deseando hacerlo, a ver cuándo consigo planearlo sin que surjan mil imprevistos que me obliguen a posponerlo).
Justo antes de visitar la ciudad, disfrutamos de una degustación de productos típicos (chorizo, queso de tetilla, tarta de Santiago y otros dulces). Estaba rico, especialmente el queso y la tarta, pero he llegado a un punto en que no me arriesgo a que me confisquen el queso en el control de seguridad, como pasó en el aeropuerto de París. La tarta de Santiago me sale riquísima, así que tampoco la compré...
La visita a Santiago empezó con un tour a pie por los puntos más relevantes (casi todos cerca de la Catedral y la Plaza del Obradoiro): el parador, el rectorado, edificios universitarios, museos... En el tour también nos hablaron de la comida, ya que luego teníamos mucho tiempo libre, aunque yo opté por no ir a restaurantes y así tener más tiempo para visitar la ciudad.
Cuando acabó el tour a pie, lo primero que hice fue ir al mercado de abastos para verlo y comprar mi comida (una empanada gallega que sabía a gloria), tras lo cual salí disparada para una exposición de platería enfrente de la catedral. Llegué con tiempo justo para verla antes de que me echaran y vagabundeé un poco por el centro.
Durante el paseo, me topé con una oficina de información turística. Allí me recomendaron visitar el Parque de la Alameda, donde había unas vistas espectaculares y una estatua dedicada a Rosalía de Castro, entre otras. 
Viaje a Galicia: Vistas de la catedral desde la Alameda y la plaza del Obradoiro, Plaza de Cervantes, Catedral desde Plaza da Quintana, Monasterio de San Martiño Pinario y Plaza de la Platería
Vistas de la catedral desde la Alameda y la plaza del Obradoiro, Plaza de Cervantes, Catedral desde Plaza da Quintana, Monasterio de San Martiño Pinario y Plaza de la Platería

Luego, volví a la plaza del Obradoiro (con un gran ambiente, siempre con peregrinos celebrando su llegada y algún gaitero amenizando) para desde allí seguir dando vueltas por el centro (los museos estaban cerrados a esas horas), que es muy bonito, hasta la hora de volver al hotel.

¡A la playa! 

Con eso de que al día siguiente se tenían que levantar a las tres de la mañana para emprender el viaje de regreso (uno de los muchos motivos por los que contraté el transporte por mi cuenta), nos plantamos en el hotel muy pronto. No tenía ganas de meterme en la habitación y tendría tiempo de sobra para hacer la maleta al día siguiente entre el desayuno y la llegada del autobús a Pontevedra, así que yo y otras dos viajeras decidimos ir a una playa cercana al hotel.
Hay dos caminos para llegar y una paisana, antigua mariscadora, nos aconsejó ir por uno a la ida y por otro a la vuelta. ¡Un gran consejo! Uno de los caminos estaba repleto de viñedos, el otro era un precioso bosque, y así disfrutamos de ambos. Volvimos con el tiempo justo para ducharnos antes de la cena y me despedí de todos los que se iban tan temprano, no sin antes asegurarme de que no me despertaban a horas intempestivas (sirvió de poco porque las paredes eran de papel y escuché decenas de despertadores al unísono a esa hora).
Viaje a Galicia: Viñedos de camino a la playa, playa y vuelta en el bosque
Viñedos de camino a la playa, playa y vuelta en el bosque

El último día del viaje...

 

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martes, 19 de octubre de 2021

Relato: El misterio del sapo Zamora

Hoy tocaba lanzar los dados y esto es lo que salió:
 

El misterio del sapo Zamora

Dados que lancé para hacer el relato de fantasía El misterio del sapo Zamora
El mundo mágico quedó conmocionado cuando uno de sus miembros más eminentes, el Comisario Zamora, fue convertido en sapo. Los hechizos de transformación eran complejos y muy complicados, además de irreversibles salvo que lo deseara el lanzador del hechizo. Además, casi nadie era capaz de hacerlos, y los pocos que sí podían tenían coartada para ese día. Así pues, había un mago desconocido convirtiendo a la gente en sapo y la comunidad estaba al borde del pánico.
El despacho donde estaba el Comisario Zamora, o más bien el sapo Zamora, se había precintado. El lugar de trabajo de un hombre tan poderoso sin duda estaba plagado de trampas mágicas, así que solo hubo un voluntario para entrar y desactivar las trampas antes de que entrara el resto del equipo. 
El valiente era Valle, que entró en el despacho armado solo con un maletín, una lupa y su habilidad mágica. Sus compañeros cerraron la puerta a cal y canto y se dispusieron a esperar con paciencia las dos horas de rigor que habían pactado. Si no salía antes de ese tiempo, tenían que dar por hecho que Valle había caído en una de las trampas mágicas y las cosas se complicarían todavía más.
No tuvieron que esperar tanto, sin embargo. Valle salió apenas quince minutos después.
-Despacho despejado, muchachos. Aunque tampoco hay mucho que hacer: nada más entrar, he tenido claro lo que ha pasado -les dijo.
Los demás también lo tuvieron claro nada más entrar. Sobre la mesa del escritorio, estaba el sapo Zamora junto a una serie de papeles que explicaban cómo hacer el hechizo en cuestión y cómo ligarlo a una trampa mágica. Frente al escritorio, apoyado en la pared, un espejo reluciente con la marca de un hechizo que había rebotado en él.
-El muy idiota intentó que el espejo contuviera la trampa, pero el hechizo para montarla le salió mal y, en vez de absorber el conjuro cambiaformas, rebotó en él -dedujeron en voz alta los investigadores. 
Valle asintió y el caso se cerró rápidamente, para tranquilidad de la población, que acabó por premiar al valiente investigador, impresionada por su habilidad al haber desactivado las trampas tan rápido. ¿Y qué mejor premio que el puesto vacante de comisario?
En cuanto ocupó su nuevo despacho, donde puso un terrarium para alojar al sapo Zamora, Valle volvió a colocar todas las trampas y sonrió al anfibio.
-Espero que estés cómodo, porque ahí pasarás el resto de tu vida -le dijo al excomisario. Pero no porque el hechizo fuera irreversible al haberlo lanzado la misma persona que lo recibió, como todos pensaban, sino porque Valle, el verdadero lanzador, que lo había aprendido a escondidas, no estaba dispuesto a hacerlo. 
Y es que, cuando entró en el despacho para desactivar las trampas, no tuvo que hacer eso; ya se había dedicado a eliminarlas, poco a poco, durante los meses previos. Lo que hizo en ese cuarto de hora había sido preparar el escenario para confundir a todo el mundo: solo había tenido que sacar de su maletín con doble fondo extraplanar un espejo en el que había rebotado un hechizo inofensivo y los papeles con los apuntes del supuesto hechizo fallido. 

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sábado, 16 de octubre de 2021

Viaje a Galicia: La Coruña

El viaje a Galicia los días anteriores: 

Excursión a La Coruña

El cuarto día de tour era la excursión opcional a La Coruña, que no dudé en contratar: estaba bastante lejos del hotel, pero, si se le dedicaba el día completo, sin duda merecería la pena.
Empezamos con una visita panorámica en autobús con una guía local, que nos dejó bajar en la torre de Hércules, el faro más antiguo en funcionamiento, para hacer fotos, pero no nos acompañaron y no vi algunas de las cosas que comentaron que estaban ahí (hay bastantes estatuas por la zona, como la de Caronte, además de puntos a fotograficar como la rosa de los vientos). Tampoco se podía subir, ya que el aforo es muy limitado y, de todas formas, no habría dado tiempo a hacerlo. 
Después, seguimos con la panorámica por la ciudad, donde vimos las tres playas, la estatua de Botero y otros puntos de interés. Volvimos a bajar del autobús para que la gente se tirara una foto con un pulpo hecho con cerámicas al lado de un monte al que no daba tiempo a subir y seguimos en el autobús hasta la plaza de María Pita, heroína de la ciudad contra Drake y en honor a la cual son las fiestas. Nos contaron bastantes cosas sobre ella ese día y la verdad es que fue una mujer admirable, cuya historia merece la pena conocer.
Después tuvimos tiempo libre antes y después de comer, así que nos dio tiempo a visitar todo el casco histórico y sus iglesias; la fortaleza (por fuera; por dentro es un museo, pero no daba tiempo a verlo en condiciones); los jardines de Méndez Núñez, donde hay un calendario floral y un reloj hechos con plantas; la zona más moderna y, por supuesto, el paseo marítimo con sus preciosos edificios acristalados, que en realidad eran la parte trasera de las casas (si te fijas en algunos, son el cuarto de la lavadora, el baño...). 
Viaje a Galicia: Torre de Hércules desde allí y desde el pulpo, ayuntamiento y puerto con edificios acristalados
Torre de Hércules desde allí y desde el pulpo, ayuntamiento y puerto con edificios acristalados
La verdad es que eché de menos hacer el tour a pie y ver La Coruña con un guía que me explicara las cosas con calma. Es una ciudad preciosa para pasear, con edificios interesantes, la mayoría decimonónicos, que ya sabéis que me encantan. Así que tengo que volver en algún momento para verla con más calma (y visitar los museos, y hacer algún free tour) 

El resto del viaje a Galicia... 

 

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martes, 12 de octubre de 2021

Relato romántico: Un guante perdido en una mañana resacosa

Hoy tocaba escribir un relato en el que uno de los personajes estuviera dormido todo el rato, y lo voy a mezclar con otro reto en el que un guante perdido debe ser el desencadenante del relato.

 Un guante perdido en una mañana resacosa

La noche anterior se había pasado, y no poco, con el alcohol. Solo eso podía explicar que Nerea hubiera acabado en la cama con Lolo, ese hombre que parecía tenerla en un pedestal desde hacía años. Pena que fuera tan tímido y aburrido. Aunque la noche pasada no lo había sido tanto; estaba claro que él también se había pasado con los cubatas, porque ahora estaba durmiendo la mona y no había forma de que se despertara.
Casi mejor. Así podré marcharme antes de que se genere una situación incómoda. Y, con un poco de suerte, cuando se despierte ni se acordará de que estuvimos juntos, pensó Nerea, y comenzó a recorrer el camino hasta la entrada, recogiendo su ropa y vistiéndose, hasta que tuvo todo puesto salvo un guante.
Maldijo entre dientes. No podía irse sin él. Se lo había tejido su abuela y, además, no quería dejar ningún rastro suyo en la casa. Así pues, comenzó a buscarlo más minuciosamente y, ahora que estaba más despejada, no pudo evitar fijarse en detalles de la casa, decorada con mucho gusto, que se le habían pasado por alto: esas estanterías repletas de libros, películas y discos, muchos de los cuales estaban entre sus preferidos; el divertido collage de fotos de Lolo en distintos países del mundo que le encantaría visitar; que todo estuviera lleno de plantas bien cuidadas.
Vaya, a lo mejor Lolo no está tan mal, se sorprendió. 
Pero aun así siguió en busca de su guante y, cuando ya hubo registrado cada palmo del pasillo, del salón y de la cocina, donde había un bizcocho casero a medias que tenía una pinta estupenda, no le quedó más remedio que volver al dormitorio. No había mucho que ver allí, salvo el armario, la cama y el propio Lolo. Este, tapado con una sábana que apenas le cubría hasta las caderas, despeinado y con un asomo de barba, era mucho más sexy de lo que dejaba entrever su ropa de pijo anticuado.
Nerea rebuscó entre las sábanas con cuidado, tratando de no despertarle, y por fin, tras moverse Lolo en sueños, encontró el dichoso guante, que él había estado aplastando con su cuerpo. Se lo puso, triunfal, y se dispuso a marcharse, pero el roce de las sábanas la hizo detenerse. Se giró para mirarle; seguía igual, dormido... y muy deseable. Dudó. Ya estaba vestida y sería muy raro volverse a desvestir para esperar a que despertara. Además, si la resaca de él era la mitad de fuerte que la suya, no le parecían las condiciones más apropiadas para el primer polvo que recordarían con claridad.
Así pues, tomó una decisión. Se marchó sin hacer ruido, sí, pero no sin antes dejarle una nota con su número de teléfono y un simple "¿Nos vemos esta noche? Nerea".
Apenas media hora después, todavía de camino a su casa, recibió la respuesta: "Estoy a tu disposición". Nerea sonrió al ver el mensaje. ¿Quién le iba a decir, apenas veinticuatro horas antes, que estaría impaciente por volver a ver a Lolo gracias a un guante perdido?

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sábado, 9 de octubre de 2021

Viaje a Galicia: catamarán en O Grove • La Toja • Pontevedra • Combarro

El viaje a Galicia los días anteriores: 

Crucero en Catamarán desde O Grove

El tercer día del tour empezamos con un crucero por la ría en catamarán. No estaba muy convencida con esta excursión, pero la verdad es que fue muy divertido. Primero nos acercaron a conocer  las  “bateas”, plataformas flotantes donde crían mejillones, ostras y vieiras. Allí, nos explicaron cómo se recolectaban los distintos mariscos y luego nos pusieron bandeja tras bandeja de mejillones al vapor, bebidas incluidas. ¡Estaba riquísimo! También había posibilidad de probar ostras, previo pago, aunque preferí los mejillones.
Recorrimos buena parte de la ría, con un paisaje precioso, y la música fue primero tradicional gallega, pero según íbamos avanzando pasó a ser más fiestera y la gente se volvió un poco loca (algunos fueron casi a botella de vino por cabeza).
Viaje a Galicia: batea, ermita y playa en La Toja
Batea, ermita y playa en La Toja

Visita a La Toja

Después fuimos a La Toja, donde tuvimos tiempo libre para visitar la ermita, completamente cubierta de conchas. Es una isla casi completamente turística y más allá de eso, el balneario y la antigua fábrica de jabones no hay mucho más, así que fuimos a una de las playas de ribera, con el bosque a pie de playa, a recoger algunas conchas.

Pontevedra

Tras ir a comer al hotel, fuimos a Pontevedra. Ya había estado, y con un tour más largo que el que teníamos en el circuito, que solo duró una hora (el free tour del primer día fueron dos), pero aun así nos llevaron a algunos puntos en los que no había pasado y nos contaron cosillas interesantes. Cuando acabó, teníamos tiempo libre, pero nos lo tomamos con calma y dimos una vuelta antes de tomamos algo. A mí todavía me quedaba un día casi completo en la ciudad, así que no tenía necesidad de correr a visitar nada.
Viaje a Galicia: tras el ayuntamiento de Pontevedra y Combarro: vistas desde la playa y algunos hórreos
Tras el ayuntamiento de Pontevedra y Combarro: vistas desde la playa y algunos hórreos

Combarro

Acabado el tiempo en Pontevedra, partimos hacia Combarro, famoso por sus numerosos hórreos. Es un pueblo bonito, pero estropeado por la masificación y el ansia de captar turistas. En la calle con más hórreos, entre la aglomeración de gente y los numerosos toldos y negocios, da mucho agobio y es imposible sacar buena fotos. Pero, una vez sales de ahí, es bonito, y puedes acceder a una pequeña playa que hace de mirador del pueblo desde un ángulo en el que se ve espectacular. Además, nosotros nos perdimos y visitamos también los huertos del pueblo ^^.
Acabada la excursión, volvimos al hotel y nos tragamos un señor atasco por los veraneantes que volvían de la playa, lo cual fue una paliza. Aunque la ventaja es que acabé tan cansada que ni del ruido me enteré a la hora de dormir.

El viaje a Galicia los días siguientes...

 

sábado, 2 de octubre de 2021

Relato histórico: El Guerrero Gato

Este relato lo he hecho para el concurso Historias de la Historia, de Zenda Libros. Está ambientado en el Madrid de la picaresca, hice una ruta hace poco sobre el tema y me quedó el gusanillo de escribir algo sobre el tema ^^.

El Guerrero Gato

Le llamaban El Guerrero Gato, pero era un apelativo demasiado heroico para lo que de verdad hacía: saldar deudas, reales o de honor, en nombre de aquellos que eran incapaces de cobrarlas por sí mismos. 
Nunca faltaba quien necesitara servicios de ese tipo, aunque también había competencia: la calle donde la gente solía ir a contratar esa clase de trabajos, cerca de la Plaza Mayor, siempre estaba plagada de rufianes de aspecto amenazador, algunos de los cuales resultaban ser simples caraduras que cobraban y desaparecían sin cumplir el encargo. Pero El Guerrero Gato tenía una buena reputación y muchos iban directos a él, dispuestos a pagar un poco más con tal de que hiciera lo que ellos no se atrevían a hacer. 
Ese día, fueron dos los que contrataron sus servicios: un comerciante que quería dar una lección a un moroso y un padre de familia cuyo honor había sido mancillado. Mera rutina. No tuvo que hacer ningún preparativo especial cuando empezó a caer la noche; simplemente puso a punto su espada y su daga y luego, envuelto en su capa larga y su sombrero chambergo, comenzó a acechar a su primera víctima entre las sombras. 
Se decía que sus adversarios miraban la muerte a la cara y se arrepentían de su ofensa. El Guerrero Gato no negaba esos rumores, pero nada más lejos de la realidad. Si quería cumplir el encargo sin riesgos, y no había vivido tantos años corriéndolos, lo mejor era ser sigiloso y matar a su víctima antes siquiera de que intuyera que su fin estaba cerca. Así lo hizo con el moroso.
El de la deuda de honor, sin embargo, iba a ser otro cantar. Nada más verle, supo que no sería tan fácil. Caminaba por el centro de la calle con un aire despreocupado que no engañaba a sus ojos expertos: tenía las manos a punto para desenvainar sus armas al menor signo de peligro. El Guerrero Gato maldijo entre dientes, pero no se amedrentó. Tendría que ser más rápido y más rastrero que su oponente, ya que no le pillaría desprevenido. 
Esperó a que pasara de largo del callejón donde se ocultaba y salió apresuradamente para atacarle por la espalda aunque, tal y como esperaba, al oír el ruido su víctima se giró con las armas prestas para la batalla. El Guerrero Gato no se paró a tantearle. Con el impulso de su carrera, se lanzó contra él en una treta arriesgada. Confiaba en que su suerte no le hubiera abandonado: si el otro reaccionaba a tiempo y libraba la espada antes de que la controlara, prácticamente se estaría ensartando solo.  Pero su oponente no esperaba un ataque tan loco y suicida, así que, una vez más, salió bien parado del encuentro.
Remató a su adversario antes de alejarse de la zona para gastar sus ganancias en un antro de juego cualquiera. No era tan ingenuo como para pensar que, si guardaba el dinero, podría retirarse; tendría que hacer muchos más encargos hasta que eso ocurriera, y alguien le mataría antes de ahorrar lo suficiente, si es que algún ratero no se lo robaba antes. Pero una racha de buena suerte con los dados podía darle esa oportunidad y, si no la tenía, al menos pasaría otra noche en compañía, lejos de su cuartucho solitario.

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