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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

martes, 30 de noviembre de 2021

Relato: Dones envenenados

Un nuevo lanzamiento de dados. Esta vez decidí hacer una especie de cuento moderno. 

Dones envenenados

Dados que inspiraron el relato de fantasía Dones envenenados
Érase una vez un hada de los deseos llamada Lavanda que tenía un sueño: ser la más poderosa de entre todas sus hermanas. Para eso, tenía que hacer felices a muchos humanos y decidió ponerse en marcha. 
Escogió a su primer protegido al azar y, tras un par de días observándole, Lavanda pensó que era una tarea sencillísima. El chico se pasó todo el fin de semana jugando al tenis con su padre y una de las noches se dedicó a mirar por su telescopio, que apuntaba a la casa de enfrente.
Con eso, decidió que ya tenía toda la información que necesitaba y decidió concederle un don: ganaría todos los torneos, con lo que se convertiría en un famoso tenista profesional y, gracias a eso, la vecina de enfrente se enamorara de él. Hecho eso, se desentendió de él y se dedicó a sus asuntos. Tenía que hacer felices a muchos otros protegidos para ser más poderosa.
Pero los años pasaron y, mientras sus hermanas florecían, Lavanda empezó a perder sus poderes. ¿Cómo era posible, si había otorgado más dones y deseos que nadie? La situación se volvió tan preocupante que se puso a investigar, pero no sacó nada en claro. Su primer protegido era ahora un tenista famoso y estaba casado con su antigua vecina, y todos los que habían ido tras él habían logrado, gracias a lo que ella les había otorgado, fama, riqueza o prestigio.
Lavanda empezó entonces a sospechar de sus hermanas y las denunció a la Reina, convencida de que esas envidiosas habían encontrado la forma de robarle su poder. Pero la Reina solo tuvo que observar con un poco de atención para ver que Lavanda no había hecho bien su trabajo.
-Todos los dones que has otorgado han hecho más infelices a tus protegidos -afirmó. 
Lavanda protestó con energía, pero la Reina la llevó frente a su primer protegido. Acababa de ganar un partido y su esposa había hecho una fiesta para celebrarlo.
-¿Ves? -dijo Lavanda-. Lo tiene todo.
-¿Lo tiene? -preguntó la Reina. En ese momento, el tenista suspiró con tristeza y miró con anhelo el cielo nocturno. Siempre había soñado con ser astrónomo, pero su padre había visto en él un filón al verle jugar al tenis y le había machacado desde pequeño para que llegara a ser una estrella. Ahora era famoso y tenía mucho dinero, sí, pero también muy poco tiempo para mirar las estrellas y una vida vacía junto a una mujer que solo le quería por interés (y a la que nunca había espiado con su telescopio; la estrella polar estaba en la misma dirección que su casa).
Ese fue solo el primero de muchos protegidos a los que los dones de Lavanda habían apartado de sus verdaderas vocaciones para conducirles a unas vidas superficiales e infelices. Pero el hada no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer:
-¡Qué sabrán esos ingratos! Merecen pasar el resto de su vida arrastrándose en el fango, por no disfrutar de lo que les he dado.
Con ese estallido, tan impropio de un hada de los deseos, Lavanda perdió el poco poder que le quedaba y se desvaneció. La Reina lloró por la pérdida de su hija; era su responsabilidad no haberla vigilado más de cerca. Pero pronto se recompuso. Había mucho que hacer si quería reparar tantos años de dones envenenados: se encargaría ella misma de ese asunto. Empezaría por ese tenista tan infeliz; era hora de que una lesión truncara su carrera y acabara con su matrimonio interesado, lo que le permitiría replantear qué haría el resto de su vida.

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sábado, 27 de noviembre de 2021

Viaje a Italia 4: Milán

Viaje a Italia los días anteriores:

Milán: toda una sorpresa

Confieso que no esperaba mucho de Milán, por eso no me importó demasiado que los billetes de tren y avión que encontré no me dejaran ni un día completo en la ciudad. Me equivoqué, y diría que me faltó, al menos, un día extra. Me quedo por ver, aparte de algunas zonas más de paseo que me recomendaron, el cementerio monumental, el Castillo Sforzesco por dentro, el museo del novecento, el museo Da Vinci... Demasiadas cosas. Pero vamos por partes.
Debo decir que la estación de trenes de Milán me pareció alucinante, hasta el punto de que estuve un rato allí. Luego llegó una pequeña decepción cuando salí por la puerta y me encontré con una pelea de vendedores ambulantes y una ciudad repleta de rascacielos y conductores coléricos sin ningún encanto antiguo. 
Después, camino del hotel, me fui topando con algo más decimonónico y empecé a pensar que la ciudad, o parte de ella, tendría su encanto. Entonces me topé con la galería de Víctor Manuel II y todas las dudas desaparecieron. Al salir de las galerías también me encontré con la catedral de Milán, maravillosa, y con muchos otros puntos interesantes y bonitos. Así que todo apuntaba a que el día siguiente sería interesante.
Castillo Sforzesco, Catedral de Milán, Galerías de Victor Manuel, universidad de Milán
Castillo Sforzesco, Catedral de Milán, Galerías de Victor Manuel, universidad de Milán
Lo que sí hice fue un tour por la Milán monumental. Me levanté pronto para hacer la maleta, desayunar y dar una vuelta por el centro. Luego, con la maleta a cuestas (no sabía qué haría al finalizar el tour, así que ni pregunté en el hotel si habría consigna), me fui a la ruta guiada.
Nuestra guía era estupenda y se notaba que conocía a fondo la ciudad, que tiene más historia de lo que parece (el tour, de hecho, duró casi tres horas). Empezamos en la catedral, cuya historia nos fueron contando en varias etapas. También fuimos a una iglesia que estaba en el primer espacio consagrado de la ciudad, en el Imperio romano, que además tiene sarcófagos en lo alto. 
Luego, entramos en la universidad, que era un antiguo hospital con servicios gratuitos a los ciudadanos. También pasamos por la Iglesia de San Bernardino, que tiene una capilla decorada de forma muy tétrica... ¡Con huesos! Conocimos también distintos palacios y edificios públicos de distintas etapas de la ciudad, así como fuentes, leyendas... Hasta canciones. 
El tour finalizó frente a una escultura muy controvertida de Maurizio Cattelan que parece un corte de manga y está frente a la bolsa de Milán. Desde ahí, la guía nos dio indicaciones según nuestras preferencias.
Como me quedaban apenas dos horas y media en la ciudad, me recomendó subir al Castillo Sforzesco para luego pasear por el barrio y bajar en metro en la zona de los canales. Con comer tranquilamente, ver el castillo (por fuera, donde había una exposición de vehículos militares y varios carteles) y pasear por Breda ya se me echó el tiempo encima, así que bajé hasta la parada de bus que llevaba al aeropuerto y me despedí de la ciudad.
 

martes, 23 de noviembre de 2021

Relato de fantasía: La venganza es un plato dulce

Hoy voy a mezclar otras dos consignas: "Usa un narrador en segunda persona para la historia de un personaje que ha sido maldito" y "Utiliza las palabras “bombona”, “afilador” y “revuelta” en tu relato"

 La venganza es un plato dulce

Tú fuiste el culpable de todo. Con esos aires de hombre comprometido con la causa y tu lema de que la venganza es un plato dulce, siempre poniendo a punto tu espada con un afilador, nos hiciste creer que realmente te importaba la revuelta. Pero lo único que te importaba era sembrar el caos y, mientras nosotros nos enfrentábamos a ellos en la puerta principal del castillo, tú te colabas en la cocina y hacías estallar una bombona. ¿Qué conseguiste con eso, salvo matar a inocentes de la servidumbre y que el mago aprovechara la energía mágica que generaron esas muertes para lanzarnos una maldición a todos los que estábamos dando la cara?
Ahora, nuestra vida es dolor, un dolor que se vuelve insufrible cuando no hacemos lo que el mago nos ordena. Pero esta vez es diferente. El mago no nos lo ha ordenado, pero torturarte nos produce placer, incluso por encima de ese dolor que no nos abandona. Va a ser verdad eso que decías de que la venganza es un plato dulce.

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sábado, 20 de noviembre de 2021

Viaje a Italia 3: Verona

Viaje a Italia los días anteriores:

Una tarde en Verona

Como dije, andaba un poco preocupada porque me metí en el tren sin indicación alguna, pero no había de qué preocuparse porque nadie pasó a revisar los billetes, y en cuestión de una hora y media ya estaba en Verona, tras un viaje en tren bastante cansino porque una familia dio el coñazo todo el trayecto. 
El hotel Ark de Verona estaba bien, cerca de la estación y con las habitaciones que tiene que tener un hotel de 4 estrellas y un desayuno maravilloso. Al llegar, me dieron un mapa y me enseñaron cómo llegar a los sitios más destacados, así que me dirigí al centro, que está un poco apartado del hotel, eso sí. 
No tenía ningún plan, me habían anulado el tour y no había alternativas guiadas. Pero había oído que a 20 minutos del centro había un castillo con un mirador flipante y decidí ir a ver el atardecer allí. Era un poco pronto para el atardecer, así que decidí callejear un poco y a lo tonto me recorrí buena parte del casco histórico
Entre otras cosas, me encontré con la Arena, la casa de Julieta (piden certificado covid para entrar hasta la zona del balcón, más allá de eso no pasé porque me parece absurdo pagar por ver la casa de un personaje ficticio y no estaba claro que hubiera nada de interés ahí dentro, más allá de hacerse la foto en el balcón, para lo que necesitas tener a alguien que esté debajo para tirártela), el Castelvecchio y algunas iglesias destacadas en el mapa. 
Luego ya sí que subí al mirador del Castel San Pietro: la cuesta fue matadora, pero la vista lo merece. Me quedé un rato por allí hasta que me vi con fuerzas para emprender la bajada. Ya era bastante tarde, así que decidí ir tranquilamente hacia el hotel, al que llegué después de tomarme un helado que no era nada del otro mundo. Al menos, las calles estaban iluminadas y era difícil perderse.

Puente Castelvecchio, balcón de Julieta, atardecer desde castel san Pietro,   Palazzo della Ragione
Puente Castelvecchio, balcón de Julieta, atardecer desde castel san Pietro,   Palazzo della Ragione
Una mañana en Verona

Tenía un mapa lleno de localizaciones interesantes en Verona y una mañana larga para verlas todas, así que hice check out (me dejaron aparcar la maleta en el hotel) y me puse en marcha. Vi todo lo que me faltaba: la casa de Romeo y sus alrededores, el duomo, el teatro romano, el Palazzo della Ragione, un montón de iglesias, casas y palacios impresionantes, unos cuantos sarcófagos... 
Renuncié a entrar en la Arena porque leí varias reseñas que decían que no vale lo que cuesta, y menos si has estado en el Coliseo, que es el caso. Tampoco entré en la tumba de Julieta: es un museo que por alguna razón tiene un sarcófago que atribuyen al personaje, pero que necesiten eso como reclamo ya me da pistas de lo interesante que es el resto del contenido. 
Esto limitaba mis opciones de entretenimiento, pero por suerte, cuando a media mañana me encontré con que había visto todos los puntos del mapa (y casi todas las calles del centro), todavía me quedaba un sitio en el que meterme, el museo Castelvecchio. Primer punto a favor: es un castillo y puedes subir. Segundo punto a favor, es variado. Sí, casi todo son cuadros, pero también hay esculturas, armas y hasta una colección de campanas. Por 6€ no está mal, aunque no habría sobrado que hubiera carteles en inglés o al menos una audioguía. 
El caso es que salí a la hora de comer y decidí tomar algo más consistente que lo habitual, así que di con un local de pasta artesanal, Miscusi, y probé unos ravioli rellenos de calabaza con carbonara y pistacho que estaban de muerte. De postre, un helado de chocolate artesano en Grom. Mucho mejor que el de la noche anterior. Y con esto ya me había quedado sin tiempo, así que fui al hotel a recoger la maleta y me dirigí a la estación de tren para partir a la última ciudad del viaje: Milán.

Viaje a Italia el día siguiente:


martes, 16 de noviembre de 2021

Relato de ciencia ficción: Juego peligroso

Portada del relato corto de ciberpunk Juego peligroso
Nan había jugado un juego peligroso. Pertenecía a las Fuerzas de Seguridad de la Burbuja, pero había aceptado sobresueldos de una de las Empresas Religiosas que dominaban la ciudad extraoficialmente. Eso no solo engrosó su cuenta de créditos, sino que además le hizo manejar información privilegiada que pudo vender a una segunda empresa. Y el hecho de que esa segunda empresa estuviera interesada en la primera era un dato interesante para una tercera, que pudo adelantarse a los movimientos de sus competidores y la recompensó con mucho más dinero.
Las tres empresas entraron en guerra y todavía pudo arreglárselas para jugar a varias bandas durante un tiempo, hasta que fue descubierta. Entonces, se convirtió en objeto de venganza para las tres empresas más importantes de la ciudad y mandaron a sus fuerzas de seguridad privadas tras ella. 
En cuanto lo supo, hizo una transferencia que vació su cuenta de todos los créditos que había ganado y se encerró en su habitación del pánico, donde tenía todo tipo de consolas con softwares de seguridad que le permitieron poner en serios aprietos a sus sitiadores. Ayudaba bastante que pertenecieran a empresas rivales, y se las arregló para generar algunos combates entre los tres grupos de asalto, pero al final acabaron llegando a la puerta de su último refugio.
Miró el reloj y suspiró hondo: tenían buena tecnología para abrir su puerta tarde o temprano. Esperaba que sus defensas aguantaran lo suficiente, pero ellos avanzaron muy rápido. Cuando saltó la alarma indicando que la penúltima de sus defensas había caído, se agachó, arma en mano, y esperó para vender cara su vida cuando entraran. 
Fue entonces cuando escuchó la explosión y el sonido de la lucha fuera. Suspiró, aliviada. Habían llegado los refuerzos. Aun así, cuando se hizo el silencio, mantuvo la guardia alta hasta que una de sus consolas comenzó a emitir un viejo himno de Cazbengol y la puerta de su habitación del pánico comenzó a abrirse sola.
Nan soltó una carcajada y corrió a abrazar a Zana. El resto de los Incursores del Ocaso les dejó unos segundos de intimidad antes de urgirles para que salieran de allí cuanto antes. Nan cogió la pequeña mochila donde había guardado las pocas pertenencias que había decidido conservar y activó los mecanismos de autodestrucción del que había sido su hogar tantos meses. 
Había costado conseguir una identidad falsa para que la aceptaran en las Fuerzas de Seguridad de la Burbuja pero, una vez dentro, había sido fácil sembrar el caos aceptando sobresueldos de varias empresas y pasando a los Incursores toda la información interesante que conseguía para perjudicar a sus empleadores y mantenerlos ocupados en sus rencillas mientras varias bandas de Incursores se preparaban para sabotear sus puestos avanzados en el exterior. 
Su transferencia había dado la señal de ataque, y además ayudaría a financiar futuras incursiones. Pero eso, para Nan, podía esperar. Después de tanto tiempo viviendo en esa horrible burbuja, necesitaba un buen baño de naturaleza y Zana le había prometido que se tomaría unos meses de descanso para acompañarla. Luego, volverían a la lucha: la ambición de las Empresas Religiosas no tenía límite y las bandas de Incursores necesitaban todos sus recursos para contenerlas. 

 
Portadas de Incursores de la noche e Incursores del Ocaso

sábado, 13 de noviembre de 2021

Viaje a Italia 2: Venecia monumental

Viaje a Italia el día anterior:

Tour por la Venecia Monumental

Dormir en mi habitación era casi como dormir dentro del campanario de una iglesia cercana. Por suerte las campanas se detenían a las doce de la noche, eso sí, a las siete de la mañana tenía el despertador. No se desayunaba hasta las ocho, y fue un desayuno bastante decente para lo que me esperaba. El caso es que, con el madrugón, me sobraba tiempo para llegar al tour, pero salí con mucho tiempo de margen para no perderme.
Sorprendentemente, llegué sin perderme demasiado y el guía, que ya estaba allí, me sugirió que me acercara en el rato que faltaba al Puente de la Academia, que tiene vistas preciosas. Ya había estado la noche anterior, durante mis vagabundeos, pero no se veía casi nada. 
El tour empezó en el Campo Santo Estéfano y era un recorrido por la zona más turística de la ciudad: la de San Marcos. A lo largo del mismo nos hablaron de los orígenes de la ciudad y la República, de cómo se hicieron con el monopolio de la ruta de la seda, de los carnavales o de los mejores lugares para comer. 
Visitamos todos los lugares emblemáticos, como el puente Rialto, el teatro Fenice y, por supuesto, la plaza San Marcos, que tiene una gran belleza en ella y sus alrededores. Allí finalizamos el recorrido a eso de las doce del mediodía. 

Vistas desde el puente de la Academia, puente de los Suspiros, puente Rialto, basílica de san Marcos y Palacio Ducal
Vistas desde el puente de la Academia, puente de los Suspiros, puente Rialto, basílica de san Marcos y Palacio Ducal
Basílica de San Marcos y Palacio Ducal por dentro

Como era pronto para comer, me puse a la cola de la basílica. 3€. Una hora, más o menos, aunque hay que tener en cuenta que todavía hay poco turismo y además era temporada baja. El interior era muy bonito, casi agobiaba tanto oro. Bizantino, por supuesto, dado que casi todo venía del saqueo de Constantinopla. Acercarse al altar o subir implicaba un gasto extra que no estaba dispuesta a asumir, pero aún así eché un buen rato en el sitio. 
Después fui a comer a una pizzería que nos había recomendado el guía, Rossopomodoro, me perdí para volver al hotel a lavarme los dientes y acabé otra vez en el Palacio Ducal, que no tenía casi cola. Eso sí que era casi un milagro, así que renuncié a volver al hotel y allá que me quedé. Apenas esperé. 
La entrada cuesta 25€ y la audioguía 5 más. Esta última me la podía haber ahorrado porque era un tostón. Pero bueno, el Palacio por dentro era una maravilla. El equivalente a cualquier Palacio Real, en realidad. También se atravesaba el Puente de los Suspiros por dentro para llegar a la cárcel, donde tienes un recorrido pequeño. 
La putada es que la entrada te permite visitar también otros museos, pero dichos museos cierran a las cuatro y abren a las once. Eran las 4:10 cuando llegué al primero, así que no me dejaron entrar. Al día siguiente en mi tren salía casi pegado a la hora de apertura de los museos, así que lamentablemente no pude aprovechar la entrada y me quedé con las ganas. 

Últimos paseos por Venecia

Pero bueno, con los museos cerrados ¿qué podía hacer en Venecia? Eso le pregunté a la señora de la oficina de turismo, que básicamente me invitó a pasear o a meterme en alguno de los buses acuáticos para visitar algunas de las islitas. 
Así que en pasear se me fue la tarde, encontrando de camino la librería más maravillosa y extraña que he encontrado nunca: Acqua Alta. No solo está llena de gatetes, sino que además los libros los tienen que tener en balsas y góndolas porque, cuando se inunda, hay que protegerlos. También tienen una escalera hecha de libros desde la que te puedes asomar a un canal. Y muchos marcapáginas y monerías literarias a los que no pude resistirme.
Otra cosa que visité con calma fue el Puente Rialto, donde vi atardecer. Y no tardé mucho más en volver al hotel, ya que empezaba a estar oscuro y, para qué engañarnos, me dolían los pies. 
Solo me quedaba una mañana en Venecia y esa también quise aprovecharla al máximo. Como la campana de la iglesia me despertó implacable a las 7, aproveché esa hora hasta que abría el desayuno para acabar de hacer la maleta y dejarlo todo listo. 
Luego, desayuné y salí a la plaza de san Marco (a esas horas, maravillosamente vacía) para hacer un último intento de entrar en la biblioteca, aunque fuera, pero no, había que pasar por el museo sí o sí, y eso hasta las once no abría. Así que me limité a pasear por la zona hasta que llegó la hora del check out. 
Cerrado el periplo del hotel, me encaminé directamente a la estación. Tenía tiempo de sobra, pero esa zona no la había explorado y quería tomármelo con calma. El camino a la estación casi no parece Venecia: es una calle ancha y sin apenas recovecos y puentes. Los souvenirs en esa zona, por cierto, son más baratos.
A pesar de todo llegué a la estación pronto, así que seguí el canal hasta el puente de Calatrava, un horror resbaladizo salvo en una pequeña zona central, y di unas cuantas vueltas por la zona antes de meterme en el tren. Los asientos no estaban numerados y mi ticket no entraba en la máquina, así que entré sin más, sin saber si lo estaba haciendo mal... Pero eso es otra historia, que contaré en próximas entradas.

El viaje a Italia los días siguientes



martes, 9 de noviembre de 2021

Relato: Un secuestro fallido

Voy a seguir mezclando consignas del reto y esta vez serán "Haz una historia sobre una llamada que sale muy mal" y "Escribe un relato que contenga las palabras montaña, nieve, payaso, almacén y soledad"

 Un secuestro fallido

Alexis sabía que Joel Jiménez, el multimillonario, había llenado de dinero y joyas su caja fuerte. Y sabía que su enamoradísima esposa, Natalia, una mujer histérica y un poco corta, tenía acceso a dicha caja. Cuando se aseguró de todo eso, ideó un plan perfecto.
Investigó al millonario y encontró una brecha en las medidas de su equipo de seguridad todos los miércoles, cuando acudía a un apartamento del centro de la ciudad y pasaba allí un par de horas. Así pues, esperó en el portal del edificio, con una máscara de payaso, a que Joel entrara, le noqueó y, cuando se aseguró de que sus guardaespaldas estaban distraídos, le metió en un todoterreno y condujo rumbo a la montaña. Allí, al final de un camino mal asfaltado donde no se internaba nadie, y menos cuando ya había pasado la temporada de nieve, tenía una casita.
Encerró al millonario en el almacén; todavía estaba inconsciente, pero, aunque se despertara y se pusiera a gritar, no había nadie que pudiera auxiliarle en la soledad de aquel terreno. Al menos, no hasta que él recibiera el dinero y, ya lejos del país, indicara su localización.
Saboreando su cercano futuro en Figi, se acomodó en el salón y llamó a la esposa, amenazando con matar a su marido si no vaciaba la caja fuerte y dejaba el contenido en el lugar especificado. Fue entonces cuando todo se torció.
-Ahórratelo, puedes matarle ya mismo. Le has pillado cuando iba a visitar a esa zorra, ¿verdad? Le está bien empleado -dijo Natalia, empoderada. De pronto pareció olvidarse de que el secuestrador seguía al otro lado de la línea-.  ¿Querías que la idiota de tu mujer fuera una cornuda, Joel? Pues te jodes, la cornuda te deja a merced de ese gilipollas y se queda con todo tu dinero para empezar una nueva vida y encontrar a alguien que la quiera de verdad.
De todas las posibles respuestas de ella, esa era la más inesperada. Pero esa mujer había amado a su esposo con vehemencia, en el fondo no era de extrañar que, al enterarse de su traición, le odiara con la misma vehemencia.
-Muy bien, señora -improvisó Alexis-. En ese caso, tendrá que darme todo lo que hay en esa caja fuerte...  o le contaré a su marido lo que acaba de decirme.
-Pues nada, dígaselo, ¿eh? ¿A quién va a creer, a su amantísima esposa, o al gilipollas que le ha secuestrado? Le diré que no negocio con secuestradores y punto -respondió ella, con desparpajo-. Pero mire, si le mata, a lo mejor le doy un pellizco.
Alexis colgó el teléfono. No sabía si la mujer bromeaba o no, pero no se veía capaz de matar a nadie. Nunca había tenido intención de llegar a esos extremos. Así pues, se puso de nuevo la máscara de payaso, entró al almacén, volvió a noquear a Joel y se dirigió de vuelta a la ciudad, donde le dejó tendido en un aparcamiento poco frecuentado de noche. Dejó una nota a su lado, sin embargo, que decía: "Los cuernos se los pones a tu puta madre".
-Eso te pasa por llamarme gilipollas y por joderme mi futuro pegándome la buena vida en Figi -susurró, mientras se volvía a meter en su todoterreno y comenzaba a conducir de vuelta a su montaña.  

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sábado, 6 de noviembre de 2021

Viaje a Italia 1: Venecia surrealista y desconocida

¡Cuánto tiempo sin viajar al extranjero! Pero ya tocaba y, tras mucho pensarlo, decidí retomarlo donde lo dejé. Venecia iba a ser mi destino antes de que la rotura de pierna de mi madre y el Covid se pusieran en mi camino, así que decidí aprovechar que todavía no cobraban entrada y que era temporada baja para visitarla con calma. Como se me hacía poco, añadí un par de paradas más al viaje: Verona y Milán. Y también cerré la semana en Pamplona, pero estoy adelantándome: de todo hablaré en próximas entradas.

La loca, surrealista y caótica Venecia: un primer contacto con la ciudad.

Llegué a Venecia a las 11:30 de la mañana y en el avión nos habían hecho rellenar un formulario que tendríamos que entregar a la policía a la llegada, o al menos eso nos dijeron. El caso es que nadie nos pidió nada, ni tuvimos que enseñar el pasaporte covid ni el DNI en ningún sitio, así que pregunté dónde estaba la policía para entregar el formulario y me pusieron frente a una cola inmensa. Tan larga era la cola que tuvieron que abrir los puestos en otro lado y allá que me mandaron. Total, que yo esperando ahí más de 10 minutos y, cuando consigo llegar a un punto de check, van y me dicen que estoy en la cola de embarque. Una mujer muy amable me señaló la salida, así que me fui del aeropuerto sin entregar el dichoso formulario. 
Luego tocaba coger un transporte hacia Venecia. Tenías la opción de ir en autobús por muy poco dinero o ir en un barco que te permitía ver la ciudad desde otro punto de vista sin gastarse un pastizal en una góndola, aunque seguía siendo bastante caro: 15 €. Y yo, tan contenta, me cojo el barco sin pensar que tengo tendencia a marearme allá dónde voy.
Las casi dos horas de barquito fueron casi una tortura del mareo que tenía, por suerte no vomité. La verdad es que las vistas son bastante bonitas siempre y cuando elijas el lado correcto del barco (derecha), que fue el caso. Ahora, ¿merece la pena gastarse 15 € en eso? Dado lo mal que lo pasé con el mareo, no soy la mejor persona para responderos.
Luego, llegue a Venecia y la primera impresión fue genial, ya que mi bajada fue en la plaza San Marcos, que es espectacular. El problema fue llegar a mi hotel, porque Google no es muy certero en esta ciudad. Básicamente, siempre te dice que estás como dos calles más allá de donde estás y, como la ciudad es un maldito laberinto, es imposible llegar a destino. 

El hotel Diana de Venecia: entre la película de humor y la de miedo

Di más vueltas que un tonto hasta que finalmente me metí en un bar de un edificio que, según Google, era mi hotel. El camarero debía de estar acostumbrado porque, muy majo él, me acompañó hasta la puerta de mi hotel (no precisamente cerca ni en ese edificio), donde me soltó una frase desconcertante: el Hotel Diana es este pero tienes que hacer check-in en el hotel de enfrente.
Pensé que a lo mejor era que su español no era muy bueno, pero no. ¿Habéis visto esas películas americanas de comedia surrealista en la que estoy todos los viajes sale raro, los hoteles son cutres...? ¡Pues tienen una base real! Fui a entrar en el Diana y el recepcionista me hizo gestos para que entrar en el otro. Y es que resulta que ambos hoteles comparten al mismo recepcionista, que entre muchas otras cosas también ayuda con los desayunos. 
Al margen de esto, la situación fue como un poco de película de terror. El recepcionista tenía toda la pinta de mayordomo maligno, y soltó algunas frases bastante siniestras, aunque creo que su intención era ligar conmigo, antes de mandarme a mi habitación. Por el ascensor al tercer piso y subiendo las escaleras estrechísimas al cuarto accedí a ella. Llego y me encuentro con que no hay ducha. Luego resulta que sí que hay ducha pero está integrada dentro del baño, sin diferenciación, lo cual quiere decir que, si quieres ducharte, luego vas a estar paseándote por un baño encharcado para hacer pis o lavarte las manos. Y no, el desagüe no traga bien, lo comprobé. Del colchón de la cama mejor ni hablamos, al igual que de la almohada. Desayuno en el hotel de enfrente. Y, como no hay un recepcionista fijo, dan a todo el mundo el código de la alarma para entrar en el hotel. Sobra decir que coloqué la mesita de noche delante de la puerta, como hice en París, aunque en este caso con más motivo todavía.
Todo esto sin perder de vista que supuestamente el hotel era de 4 estrellas. Me descojoné porque eran solo dos días, pero si hubieran sido más... lo habría pasado mal.  
Venecia desde el barco y varias escenas que me encontré durante mis vagabundeos

Un tour por la Venecia desconocida

En fin, entre unas cosas y otras, apenas me dio tiempo a comer un sandwich antes de salir corriendo hacia el tour que tenía previsto para esa tarde. ¿He dicho ya que Venecia es un laberinto? Pues me perdí y tuve que correr como un cuarto de hora para llegar a tiempo. 
El tour no era el que había contratado inicialmente, ese me lo anularon. Mi alternativa fue un tour en inglés por la Venecia desconocida. Un grupo chulo y variopinto, con un inglés, una colombiana, dos alemanas, dos Indios (cada uno de una punta de India, no iban juntos) y una egipcia, aparte de servidora. El guía la verdad es que lo hizo bien, recorrimos la Judería y sitios que no suelen estar en los recorridos típicos.
También nos hizo cruzar el canal en góndola. Bueno, nos dijo que era una góndola, pero era un traghetto. Costaba 2€, excesivo para los escasos dos minutos de trayecto (creo que nos timaron, porque buscándolo en sitios oficiales pone precios mucho más bajos), además, ya estaba de barquitos y mareos un poco cansada... Pero quedaba feo decir que no, que yo daba la vuelta por los puentes mientras el resto del grupo iba en el traghetto.
El tipo también buscó sacarnos los cuartos de más formas. Nos llevó a hacer una pausa para el café a la terraza de unos amigos suyos y al acabar nos llevó a cenar al restaurante de otros amigos suyos. Pero bueno el caso es que el recorrido moló y aprendimos bastante. Me había gastado más de lo que tenía previsto en el día con el traghetto y demás, así que le di los acostumbrados 10€ convencida de que tendría que haberle dado mucho menos.
Luego la odisea fue de otro tipo. Laberinto y de noche. La verdad es que hay calles que, si no te iluminas con el móvil, no ves un pimiento. Así que tuve que equilibrar el camino que daba Google mal con que pasara por sitios con una visibilidad más o menos normal. Lo conseguí, claro, y de camino me tope con una tienda de máscaras artesanales. Me flipan las máscaras venecianas. Y ya sabéis que, si tengo que elegir un souvenir, siempre artesanía. 
Entré en la tienda y le dije al hombre que mi tope eran 60 €. La verdad es que se portó: me hizo precio con las dos máscaras que compré (descontándome casi 20€), además de explicarme el proceso de elaboración y qué tipos había. Además, tuvo santa paciencia conmigo, porque iba pidiendo opiniones pero tenía que salir cada dos por tres de su tienda, que no tenía cobertura.
Y con mis máscaras llegué al hotel y, tras darme un agua como pude sin abrir la ducha y encharcar el suelo, me fui a dormir. 

Los siguientes días del viaje a Italia