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martes, 16 de junio de 2020

El pelotazo, un relato de amor

Nuevo lanzamiento de dados para hacer un relato corto...

El pelotazo

dados con los que hice el relato corto romántico El pelotazo
El lugar que había elegido Elixe para su tarde de relax tenía un enorme árbol en el que apoyarse y unas maravillosas vistas al lago repleto de patos. Era el sitio idóneo para desconectar de una semana dura, y el olor a verde era tan intenso que casi podía imaginarse de vuelta en su casa, a la que no podía volver hasta que le concedieran vacaciones y le quedara algo de dinero para el viaje. Dos factores que no solían coincidir, motivo por el cual tenía tanta morriña, pero siempre le quedaba imaginárselo. Lo primero que haría cuando volviera a casa sería ir a recoger setas con sus padres y luego su padre las cocinaría con ese toque tan especial que tenía. Luego, visitaría a sus amigas y harían una fiesta de las...
Un pelotazo en la cabeza la sacó de golpe de su ensueño. Desconcertada, se dio cuenta de que la orilla del lago se había convertido de repente en un campo de fútbol improvisado y de que los dos niños responsables del chichón en ciernes corrían hacia ella para ver si estaba bien. Antes que ellos, la alcanzó el adulto que los tenía a su cuidado, que interrumpió la bronca que les estaba gritando para preguntar:
-¿Estás bien? Mira que les he dicho a mis sobrinos que tuvieran cuidado de no molestar a nadie, pero ha sido decirlo y ver cómo te estampaban el balón en la cara.
Elixe iba a ladrarle alguna bordería cuando alzó la vista y se encontró con unos ojos tan azules como el mar que se veía desde los acantilados de su hogar. Se quedó sin palabras y eso ahondó la preocupación del joven, al que tranquilizó en cuanto pudo reaccionar. El golpe, en el fondo, no había sido nada, pero fue la excusa perfecta para que comenzaran a charlar mientras los niños descargaban su energía a balonazos.
Meses después, bajo ese mismo árbol, ultimaban los detalles del viaje al pueblo de Elixe, donde irían a coger setas con sus padres... que por fin conocerían al prometido de su hija, del que tanto habían oído hablar.

https://deborahfmunoz.com/mis-obras/ 
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miércoles, 3 de abril de 2019

El reencuentro, un relato de amor

Otra vez lanzo los dados (desastre de vídeo) y comparto el relato corto que ha salido como resultado del reto de escritura creativa:

El reencuentro

dados del reto de relatos cortos: El reencuentro
Era un día hermoso, uno de esos en los que se supone que todo el mundo debe estar alegre. Sin embargo, Mario no podía estarlo: su padre estaba entre la vida y la muerte, y a él todavía le quedaban varias horas de autobús hasta llegar a su lado. Solo deseaba llegar a tiempo para hablar con él una última vez, pero su deseo no le fue concedido, ya que a mitad de camino recibió la llamada para confirmarle su fallecimiento. Por primera vez en mucho tiempo, rompió a llorar en público, sin parar hasta que el cansancio le venció y se quedó dormido en su asiento.
No esperaba a nadie en la estación de autobuses, pero allí estaba Mayte, la vecina de sus padres y la mujer a la que había amado, pero a la que también había abandonado para buscar oportunidades en la gran ciudad. Él no quiso quedarse, ella no quiso acompañarle y su relación se había roto así, sin más, sin un cierre definitivo. Nunca había logrado olvidarla, y allí estaba, dándole un abrazo que, si bien no acabó con su pena, sí la hizo algo más ligera.
Se preguntaba si había encontrado a alguien, si le guardaba rencor, pero ella no le dejó entrar en lo personal y, cada vez que intentaba sondearla, o expresar lo que todavía sentía por ella, la joven cambiaba de tema y le hablaba de los últimos momentos de su padre o de las novedades del pueblo. Así siguieron el resto del día: ella se mantuvo a su lado físicamente, pero sin salir de los límites de una conversación superficial ni entrar en todo lo que había pendiente entre ellos.
No obstante, tenerla a su lado era todo lo que necesitaba y, cuando ambos se iban a despedir para irse a dormir tras un funeral agotador, él supo que nunca más podría separarse de ella. Ni siquiera pensó en el prometedor trabajo que había conseguido recientemente, ni en la vida a la que renunciaría si se quedaba en el pueblo. Antes de que Mayte se metiera en su casa, le dijo que estaba dispuesto a todo para recuperarla, que no vendería la pequeña tienda de ultramarinos que había heredado, sino que se quedaría allí para regentarla y formar una vida juntos... si ella le aceptaba.
Mayte se echó a sus brazos. Ya casi había renunciado a esperarle, de hecho, hacía poco había decidido que, aunque siguiera amándole, iba a empezar a buscar pareja. Le había hecho mucho daño que se marchara sin mirar atrás pero, mientras Mario la besaba con desesperación, supo que, si él no se hubiera marchado, hubiera vivido toda su vida preguntándose cómo habría sido su vida si lo hubiera hecho. Ahora que lo sabía, pero aun así la había elegido, podrían ser felices sin esa sombra.   

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jueves, 23 de noviembre de 2017

Relato corto: Los amigos

Nuevo relato breve hecho con el reto de escritura creativa de las palabras olvidadas. Usé lumbrera (Persona que brilla por su inteligencia y conocimientos excepcionales), manjar (Alimento o comida que resulta exquisito, delicado o apetitoso) y miccionar (Orinar).

 Los amigos

palabras
Palabras diseñadas por @layils, @_., @josep.tb
La peor decisión de su vida la tomó durante su primer día de colegio, cuando, al ver el panorama, optó por convertirse en el payaso de la clase para caer en gracia a sus compañeros. Treinta años después, era un hombre serio, que ganaba más dinero que cualquiera de sus conocidos, pero para ellos seguía siendo el graciosillo al que expulsaron por miccionar en el coche del director y el que convenció al lumbrera de la clase de que era todo un manjar el bocata de paté con mierda mezclada que le ofrecía con la excusa de que era una pena tirarlo, pero que no podía comérselo porque tenía el estómago revuelto.
Aun así, no le importaba mucho hasta que su novia -una chica que destacaba por su seriedad y le había dicho reiteradas veces que no le gustaban las bromas- dijo la temida frase: 
—Quiero conocer a tus amigos.
Intentó hablar con ellos para pedirles que ocultaran su vergonzoso pasado, pero se cachondearon de él y, aunque prometieron que le darían el gusto, no se fiaba de ellos. Se dio cuenta entonces de que tenía tres opciones: decirle a su chica que no tenía amigos, contratar amigos falsos o presentarle a los suyos, pero matarles en cuanto se hiciera la más mínima mención al pasado. Dado que la primera opción le haría parecer un bicho raro y la tercera era inviable, se decidió por la segunda.
Por suerte, todo salió bien y su chica quedó encantada con los actores que se hicieron pasar por sus conocidos. Al menos, hasta que salieron del restaurante y, casualidades de la vida, se toparon con algunos de sus amigos de verdad, a los que no pudo ignorar porque se acercaron a ellos y comenzaron a avasallarlos sin darle opción de escapar.
Tal y como había temido, no tardaron en mencionar algunas de sus hazañas más vergonzosas y pronto se convenció de que ella le dejaría en cuanto se quedaran solos. Así pues, cuando se despidieron la miró con desesperación y, al verla alzar la ceja, confesó que esos eran sus verdaderos amigos y que odiaba cada vez que mencionaban un pasado con el que ya no se identificaba.
—Ya que estamos diciendo la verdad, Mavis no es en realidad mi amiga —le sorprendió ella—. Ni siquiera me cae bien, pero es la única conocida que tengo que no está como una cabra. Pero es que pareces tan serio que...
Esta nueva confesión dio pie a una larga conversación sobre sus locos conocidos y sus respectivos pasados que les acabó por convencer de que eran el uno para el otro. Pronto, decidieron hacer una gran fiesta con todos sus verdaderos amigos para anunciarles su compromiso.

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viernes, 16 de mayo de 2014

Relato: Destino

Sí, tengo este blog abandonado, pero es que cuando no hay tiempo... Os dejo un microrrelato que he rescatado de una carpeta perdida de la mano de Dios, no encontré un hueco para hacer nada nuevo (por suerte, sí para acabar mi última novela).

Destino

Les separaron cuando eran pequeños, y cuando fueron lo bastante mayores para buscarse no encontraron rastro del otro. Odiaron al Destino y dejaron de creer en él, pero Destino no estaba dispuesto a perder a dos de sus creyentes más fieles y lo había orquestado todo para que se encontraran de nuevo. Una cartera perdida con la foto de ambos de niños fue todo lo que hizo falta.
Tenía que haberles dejado sufrir, por incrédulos, pensó el dios, mirando conmovido su reencuentro.
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jueves, 22 de marzo de 2012

Amor platónico, un relato

Ella era su amor platónico desde la infancia, pero apenas se conocían y solo se saludaban con cortesía cuando se veían, así que nunca se atrevía a decirle nada.
Él era su amor platónico desde la infancia, pero era tan tímida que nunca se había atrevido a decirle nada más que un saludo cuando se veían.
De nuevo se cruzaron y se saludaron amablemente, tras lo cual siguieron su camino.
-Ojalá me amaras –dijeron a la par, cuando ya se habían perdido de vista el uno al otro.
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miércoles, 26 de octubre de 2011

Relato: Las dos caras del amor

 Este es mi relato para el concurso de La voz de Astarielle (categoría: amor no paranormal).

Las dos caras del amor

Me da igual lo que me digan. El amor es doloroso, mucho más que cualquier otro sentimiento. Y si está próximo a la amistad, se vuelve insoportable. Así que, cuando vino a mí con el corazón destrozado porque la asquerosa de la que está enamorado le dejó, tomé la determinación de cortar por lo sano. El hecho de que me pidiera que le ayudara a montar la declaración de amor más maravillosa del mundo para recuperarla, me dio las fuerzas necesarias para llevar a cabo esa determinación.
Y aquí estoy yo, con el corazón destrozado y sin poder hablarlo con mi amigo porque he cortado toda relación con él precisamente para no acabar con el corazón destrozado. ¿Irónico, no? Todo porque es incapaz de mirarme como mujer y solo me ve como compañera de juerga. El hecho de mirar la hora y saber que ahora mismo esa imbécil está recibiendo un ramo de preciosas orquideas para luego disfrutar de una maravillosa cena romántica empeora las cosas.
Un par de horas más tarde. 
Suena el timbre, abro la puerta y le encuentro trajeado en el umbral. Así que le ha rechazado y viene a mi casa a que le consuele, como siempre. Estoy a punto de dejarle con la puerta en las narices pero me da pena. ¡Maldición, no le puedo dejar así, soy su amiga! Le abrazo y murmuro las palabras de consuelo que necesita. Se ríe, me mira y me besa. No entiendo nada.
-La miré y me pareció tan estúpida –me dice–. Una muñeca vacía a la que había vestido con atributos que en realidad no tenía. Una ilusión. Y mientras cenábamos y escuchaba su aburrida conversación banal, sólo podía pensar: ojalá estuviera aquí Mar.
Le miro con cariño mientras experimento la otra cara del amor, la cara alegre. Sin esperar más, nos besamos apasionadamente.
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sábado, 14 de mayo de 2011

Consigna de mayo: Paraíso y marea

Este mes hubo un malentendido con las consignas de adictos a la escritura y se dieron dos: paraíso y marea. Así que he cogido y los he juntado... El resultado es bastante más cursi de lo que os tengo acostumbrados (mucho más) pero es lo que ha salido...

Paraíso:
Buscamos juntos el paraíso de forma incansable por todo el mundo, atravesando mares y continentes, llegando hasta donde nadie había llegado, a cada rincón de este ancho mundo. Nunca encontramos ese lugar, pero ahora, en los últimos momentos de mi vida y rodeado por tus brazos, que me doy cuenta de que nuestra búsqueda no fue tan absurda, porque el paraíso lo he vivido cada momento que he pasado junto a ti.
Sólo te pido que guardes mis cenizas y que, cuando mueras tú, espero que dentro de muchos años, nuestros hijos cojan las urnas y nos lancen al mar cuando la marea esté bien alta, para poder continuar nuestro viaje juntos por toda la eternidad.

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sábado, 12 de febrero de 2011

Mariposas


Este relato lo hice en Navidad y se me olvidó colgarlo... así que aquí lo dejo.

Mariposas

Casi había olvidado lo que era celebrar la Navidad pero su pareja, con la que vivía desde hacía un par de meses, había insistido tanto que terminó por ceder a regañadientes y decorar su casa como cuando era pequeña y aun le hacían ilusión esas cosas.
No obstante, el día 25 por la mañana no pudo evitar sentir esas mariposas en la tripa que no sentía desde hacía años y, mientras abría los regalos junto a él, decidió que quizás la Navidad no era tan absurda… compartida con alguien especial.
***
Bueno, ahora las notas:
  • ¡He ganado un concurso en Historias del silencio! Estoy muy contenta, nunca me toca nada XD
  • Estoy ya pensando en la continuación de viajera interdimensional. Ahora no tengo tiempo, pero se está fraguando en mi mente.
  • Estoy muy, muy ocupada últimamente. Los trabajos en grupo me matan, especialmente si me dejan plantada y me toca hacer todo el trabajo (casi no he tenido tiempo ni de ir a comprar el premio de la ganadora del concurso). Así que nada, no estaré muy activa por la blogosfera. Ni siquiera sé si podré participar en algunas cosas que me gustarían, como el concurso de relatos de AM editorial o el proyecto de este mes de Adictos a la Escritura. Lo intentaré, pero no prometo nada...
  • Por petición popular, voy a seguir con la historia de Terral, el personaje que hice hace unos meses para adictos a la escritura. (estos son la ficha y el relato que hice). En concreto, ahora mismo estoy trabajando en los inicios: antes de que Terral naciera. Tardará unos meses, es el relato de libreta (sólo lo escribo cuando me hacen esperar y no tengo un libro o un ordenador a mano).
  • Estoy pensando en hacer una página con las cosas que voy leyendo, aunque no sé, será mucho trabajo (teniendo en cuenta que leo dos libros a la semana y a veces más). ¿Qué pensáis?
Y creo que nada más por el momento. Tampoco tengo mucho más tiempo: actualizo incursores de la noche y ¡a hacer trabajos inútiles y sin sentido! (que asco de vida).

miércoles, 29 de julio de 2009

Flechazo (parte 2)

La ceremonia era tan larga como lo fue la suya. Larga y aburrida. Nadie se movía y todos lucían su mejor sonrisa, pero lo cierto era que lo único que querían era salir de allí y estirar las piernas. Al menos ese día se estaba entreteniendo de lo lindo mirando a Amanda. ¡Esa chica no era como las demás, ni mucho menos! Así lo atestiguaban sus expresiones de aburrimiento y sus numerosos bostezos y cambios de postura.

Por fin llegó el momento en que se ponían las bandas y ese ridículo gorrito de graduado, pero el mirar el programa del acto le dio un vuelco al corazón al ver que detrás de esta parte (la única que debería haber, por otro lado, porque más que graduaciones, lo que hacían en ese instituto parecía una serie de conferencias y lecciones magistrales sin fin). Cuando Amanda salió a recoger su banda, estiró el cuello para verla mejor, lo que llamó la atención de sus padres, que, al menos eso creía Alejandro, estaban preocupados por su falta de interés por las chicas ¿Cómo interesarse por ninguna, si todas parecían cortadas por el mismo patrón? Pero Amanda no.

-No sabía que te interesara Samanta –dijo su padre en un susurro, con una nota de alivio que fue incapaz de disimular.

-La que me interesa es Amanda, la que lleva pantalones –respondió él, con intención de escandalizarles. Pero su padre le miró con comprensión y su madre no objetó nada porque no llevara un vestido azul cian y rosa, tal era su alivio porque su hijo se interesara por alguien.

La ceremonia continuó durante un rato más, hasta que llegó el momento de la matrícula de honor. Su padre tenía la costumbre de ofrecer un empleo de verano al que se la llevaba, con la idea de fichar a los buenos estudiantes mientras aun eran baratos, por lo que los estudiantes hacían lo imposible para lograrla, algo difícil porque el instituto sólo concedía una. Para desgracia de su progenitor, su hermana no había sido una de las agraciadas por semejante honor, no habiendo llegado siquiera a acercarse a las notas mínimas. Él, en cambio, sí que la había logrado invirtiendo muchas horas (después de todo, prefería quedarse a estudiar antes que salir con sus compañeros) y se había pasado todos los veranos siguientes trabajando para su padre gracias a ello.

Cuál fue su sorpresa cuando dijeron el nombre de Amanda. Ella se levantó sin fingir sorpresa como habría hecho cualquier otra, se dirigió al escenario ignorando por completo a todos sus compañeros, que no paraban de cuchichear, y recogió su diploma con una sonrisa. Después, se dispuso a dar el tradicional discurso. Era la parte que más difícil le había resultado a él, porque redactar un discurso para leerlo después de horas de ceremonia resultaba agotador. Pero lo cierto era que ella no parecía nerviosa, ni preocupada por no poder gustar. Posiblemente fuera igual que con su atuendo, que realmente le daba igual. Eso la hacía aun más admirable.

- He pasado mucho tiempo buscando las palabras adecuadas para este discurso, y no he encontrado nada que decir. Nada que añadir a lo que nos han repetido mil veces ya, a los consejos de los que tienen experiencia. Por todo esto, seré breve. No soy quien para aconsejaros, porque estoy en vuestra misma situación. En realidad, todo cambia y a la vez nada. Quizás lo que ahora va a diferenciar nuestra vida será que podremos elegir. Elegir qué queremos hacer, dónde queremos hacerlo, con quien. Elegir si dejarnos influenciar en nuestras decisiones, o si a pesar de todo las tomaremos por nosotros mismos. Elegir si regirnos por un código moral propio, o si por el contrario nos regiremos por uno ajeno. Elegir, en definitiva, qué hacer con nuestra vida. Espero sinceramente equivocarme lo menos posible en mis decisiones (porque estoy segura de que me equivocaré) y os deseo lo mismo para vosotros. Gracias a todos, y buena suerte.

Nada más acabar, sin quedarse parada a que acabaran los aplausos (que eran bastantes, probablemente en agradecimiento por la brevedad y simplicidad de ese discurso), se encaminó a su sitio y no enseñó la matrícula a los que tenía alrededor, probablemente porque ellos eran demasiado orgullosos para pedirle que se lo enseñara (aunque estiraban la cabeza para ver si podían verlo de refilón) y ella no lo enseñaría si no se lo pedían. ¡Qué chica más peculiar!

La ceremonia duró dos discursos más y por fin, acabó. Después llegó el tentempié de antes de la cena, a la que estaban invitados todos los asistentes. Era interminable, porque después de cenar los alumnos se irían de fiesta y probablemente sus padres le obligarían a asistir para que vigilara a su hermana. Ya lo habían hecho más de una vez.

Allí, sus padres se acercaron a su hermana para felicitarla y, después, toda la familia se dedicó a hacer relaciones sociales. Alejandro localizó a Amanda y, estratégicamente, comenzó a dirigir a su familia en su dirección. Cuando su padre también la vio, se acercó a ella para realizarle la oferta de empleo. Amanda, demostrando una prodigiosa seguridad en sí misma (había que tenerla para tratar con su padre) escuchó lo que tenía que decirle y, lo que es más, negoció las condiciones del empleo con gran habilidad. Su padre, en vez de indignarse por sus exigencias, parecía encantado por su nuevo fichaje y acabó por ceder en varios puntos, hasta que estuvieron de acuerdo los dos. Para cuando acabaron, Alejandro estaba más fascinado que antes y su hermana estaba que echaba chispas. Mirando a Amanda con auténtico odio, trató de avergonzarla de todas las formas posibles, pero ella redirigía los insultos de tal forma que era su hermana la que acabó por pasar vergüenza y, disculpándose ante sus padres, se marchó a otro lugar.

Finalmente, logró llevarse a Amanda aparte para pasar un rato a solas con ella, por lo menos, todo lo a solas que podían estar en esa sala llena de gente.

- Me ha encantado tu discurso –dijo sonriente.

-¿De veras? Lo cierto es que, aunque dijera que he pensado mucho en ello, lo improvisé ayer por la tarde, porque se me había olvidado por completo. ¡Vaya, se me ha escapado! No se lo cuentes a tu padre, no sea que piense que soy olvidadiza –le respondió con un guiño y una gran sonrisa.

-Mis labios están sellados, será nuestro secreto.

-La verdad es que no estaba enterada de que tu padre ofreciera un puesto de trabajo a los alumnos con matrícula, y me ha sorprendido bastante, espero que no se me haya notado demasiado. ¿Tú también trabajas para él durante los veranos?

-Sí, la verdad es que yo también tuve la matrícula. Cuando venia al instituto, no tenía nada mejor que hacer que estudiar.

-Eso es exactamente lo que me ha pasado a mí. La verdad es que he sido invisible para todos hasta el día de hoy, y no precisamente por mi discurso o por ser la alumna con mejor nota. Cambiando de tema, ¿Entonces somos compañeros de trabajo?

-¡Es cierto! ¡No sabes cómo me alegro de eso! Eres la primera persona con personalidad que sale de este sitio. No te imaginas cómo era la chica que logró la matrícula el año pasado.

-Apuesto a que si se hubiera graduado este año, habría llevado un vestido cian o rosa, súper tacones y micro bolso.

- Yo también me atrevería a afirmarlo. Espero que este verano decida irse de vacaciones y no trabajar, porque involuntariamente convirtió mi vida en un infierno el verano pasado con sus tonterías.

-No sería para tanto.

-Digamos solamente que si dieran premios a la estupidez, ella se llevaría el primer premio y le sobraría para ganar el segundo y el tercero. No sé cómo pudo lograr la matrícula.

-Yo creo que el nivel de estupidez tiene un límite… y no se puede superar, por más que las chicas de este instituto se esfuercen día a día por hacerlo. Sencillamente es imposible.
Pasaron bastante tiempo hablando, y en la cena se sentaron juntos, porque al parecer la familia Amanda se encontraba en el extranjero y no habían podido ir a su graduación. Todas las chicas que se acercaban se tenían que dar la vuelta desilusionadas o enfadadas cuando se encontraban con la cara larga de Alejandro y las réplicas mordaces y comentarios sarcásticos de Amanda. Ojalá la hubiera conocido antes y ojalá le hubiera acompañado a todas las aburridas veladas que había tenido que tragarse solo desde hacía años. Se habría ahorrado un montón de conversaciones banales con niñatas coquetas que ardían en deseos de conquistarle, quien sabía si por un reto personal o por su dinero.

Finalmente, todo acabó. Por primera vez en mucho tiempo, no se había aburrido ni había mirado el reloj. Despidiéndose de Amanda, prometió llamarla al día siguiente.

Se fue entonces con sus padres, que habían comenzado a despedirse de los presentes. Por suerte, esa noche no tendría que hacer de niñera de su hermana pequeña.

-Esto no te lo perdono nunca –dijo su hermana en un susurro. Sorprendido, la miró sin comprender. –Me has arruinado la graduación, el día más importante de mi vida, y me has avergonzado delante de todos al pasarte la noche con esa buscona.

-No es una buscona –la defendió Alejandro. No le gustaba que hablara mal de la única chica que le había gustado nunca.

-¿De veras lo crees? Apuesto que lo tenía todo planeado, su ropa, su estilo, incluso su forma de comportarse. Esa rata es realmente lista. Sabía perfectamente qué hacer para cazarte. Te ha manipulado a ti y ha manipulado a papá. Le ha salido rentable la noche.

-Te aseguro que no es una manipuladora. Y aunque lo fuera ¿Qué? ¿Acaso tus amigas no lo han intentado una tras otra? Realmente no te molesta, ni te importa, que me manipulen, sino que lo haga una persona que no te gusta –la respondió él.

Pero su hermana había sembrado la sombra de la duda. ¿Y si era cierto que le había manipulado, que todo era falso? Finalmente, se encogió de hombros para sí mismo. ¿Qué importaba realmente? Al fin y al cabo, había encontrado a alguien con quien poder matar el aburrimiento en esas absurdas y aburridas fiestas.

miércoles, 15 de julio de 2009

Flechazo (parte 1)

Era la tarde de graduación, la tarde más importante de sus vidas, o al menos eso pensaban todos. Atrás quedaban los dos cursos más difíciles de sus vidas, los exámenes, los fines de semana estudiando… No era de extrañar, por todo esto, que todos llevaran varias semanas preparando ese momento. Los vestidos, los trajes, los complementos, todo tenía que quedar perfecto, porque todos recordarían a sus compañeros según cómo fueran vestidos ese día. Muchas de las chicas, incluso, habían planeado qué ponerse para combinar juntas cuando los orgullosos padres les echaran las fotos de rigor. Iba a ser realmente espectacular. Todo sería perfecto.

Pero no es oro todo lo que reluce. Muchos de los allí presentes estaban deseando que la tarde pasara lo más rápidamente posible. Deseando que terminara de una vez, poder irse a casa. El instituto no había significado mucho para ellos. En un lugar como ese, de pago, los que no vistieran de marca y no aceptaran el rol impuesto por el grupo, no eran bien recibidos. Era un grupo cerrado, y todos daban su amistad a cambio de algo. De ayuda al hacer los ejercicios, de amistad con uno de los líderes, o incluso, de formar parte del propio grupo. Ese ambiente de amistad condicional no terminaba de agradar a los que habían llegado en los últimos cursos, y, aunque con el tiempo se habían logrado acostumbrar unos cuantos, otros tantos aun se sentían incómodos entre esa masa egoísta, aunque procuraban, por su bien, disimularlo de la mejor forma que podían.

Alejandro conocía bien este ambiente, porque él había vivido la misma situación hacía tan sólo dos años. Por suerte, su paso por el instituto había pasado bastante desapercibido, y había tenido la suerte de ser aceptado por todos desde un primer momento, quizás porque su padre era una persona poderosa y lo bastante influyente como para que todos le tuvieran en cuenta. Ahora estaba allí otra vez, por suerte, esta vez, para ver la graduación de su hermana. Había venido toda la familia, al igual que el resto de las familias estaban allí casi íntegramente. Este tipo de actos también servían a los padres para hacer vida social. Él hubiera deseado no estar allí, no tener que pasar por lo mismo por lo que pasaba casi cada mes, cuando el instituto de su hermana o la universidad, o la empresa de su padre realizaban una fiesta. Y él siempre tenía que estar allí, como primogénito de la familia, soportando a los aduladores y contestando cortésmente a las mismas preguntas una y otra vez “¿Qué estás estudiando?” “¿pretendes tomar las riendas de la empresa cuando seas mayor?” “¿qué se siente al ser el hijo de alguien tan importante?”

Se aburría horrores. Había llegado una hora antes, como era costumbre en su familia, debido a que su padre pensaba que era poco elegante llegar con la hora ajustada, aunque la verdadera razón era que los momentos antes de las ceremonias eran buenos para hacer negocios y contactos. Aun así, no habían sido los primeros, ya que muchos otros habían tomado ejemplo de las costumbres de su padre.

Tras los saludos a los presentes, su hermana se había dedicado a presentarle a todas las amigas que iban llegando, también a algunos chicos. Lo cierto era que ella sí que se había adaptado a la perfección al entramado de relaciones hipócritas que había en el instituto. Todos eran iguales. Observó con cierta sorpresa que todas las chicas llevaban vestidos increíblemente similares, coincidiendo incluso en los colores. Todas peinadas con recogidos ostentosos, bolsos diminutos en los que no entraba nada y zapatos de tacones imposibles. Y todas le miraban con interés, como lo habían hecho sus compañeras en el instituto y seguían haciendo en la universidad, coqueteando con él de manera descarada unas, otras más sutilmente, pero todas ellas sin verdadero interés en lo que él era en realidad, en sus opiniones.

Mirando el reloj continuamente, los minutos parecían horas. Horas largas. Cuando miraba a la mareada de gente que ya le había saludado, y pensaba en la que aun quedaba por saludar, se ponía enfermo. La ingente cantidad de mujeres (tanto madres como hijas) vestidas de rosa y azul cian le sorprendía. El hecho de que los estampados que estaban de moda fueran tan psicodélicos le mareaba.

Fingiendo que se iba al baño, logró escabullirse a la parte trasera durante unos minutos. Allí vio de lejos a una chica que le llamó la atención. No llevaba vestido, sino pantalones de corte sencillo, y llevaba una blusa bonita pero informal. Su pelo, largo y moreno, estaba suelto, y, algo realmente sorprendente, no llevaba tacones aunque no era demasiado alta. Su bolso tenía el tamaño lógico de un bolso (no inmenso, pero sí con el suficiente tamaño como para que le entrara algo más que la tarjeta de crédito, un gloss y la raya del ojo), y sus complementos no eran esas horribles joyas que estaban de moda, sino adornos discretos que resaltaban sus rasgos. No había duda de que no podía ser una alumna (ninguna se atrevería a ir así a un acto como ese), pero no sabía de ninguna nueva profesora, y era imposible que fuera una madre, pero no obstante, se dirigió al lugar donde estaban reunidos todos con una seguridad en sí misma que era impresionante. Fascinado, decidió que ya era hora de volver al lugar de reunión, pero, por desgracia, había mucha gente y alguien le paró a saludarle. Cuando volvió a mirar, la chica misteriosa no estaba.

Volvió a donde estaba su hermana y se vio obligado a disculparse por la tardanza ante ella y sus amigas. Despistado, no paraba de mirar de un lado a otro buscando a la chica, pero sin éxito, hasta que una mirada enfurruñada de su hermana le obligó a prestar más atención a la banal conversación que estaban manteniendo los protagonistas de la noche.

-¡Santo cielo! ¿Es que nadie ha avisado a esa loca de que este es un acto serio? –dijo de repente una de las amigas de su hermana. Todo el grupo se giró a la vez, y Alejandro tuvo que hacer lo mismo. ¡Era ella! Dedujo por la cara de todos los presentes que era realmente una alumna, y que se iba a graduar también ella ¡Qué valor tenía para aparecer allí vestida en contra de la moda de ese año!

-¿Quién es? –preguntó admirado. Su hermana le miró con un gran reproche al advertir su tono de voz, pero no obstante respondió:

-Es una tal Amanda. Vino hace dos años, pero yo no me había enterado de que existía hasta que nos enteramos de que Samanta tenía que salir con ella a recoger el diploma. ¡Le dimos instrucciones detalladas de lo que tenía que ponerse! ¿Cómo se atreve? ¡Pobre Sam! –exclamó, tras lo cual se marchó corriendo a consolar a la tal Sam, que estaba teniendo un ataque de nervios bastante profundo en la otra punta de la sala.

Cuando ya estuvo más calmada, ambas se dirigieron hacia Amanda en actitud desafiante. Aunque cualquiera se hubiera amedrentado ante las dos chicas más poderosas del instituto, ella se quedó tranquilamente apoyada en la pared, sin ninguna intención de huir de las dos fieras que se le acercaban.

-Oh, Amanda, qué bien que hayas venido, pensábamos que no llegabas. –oyó decir a su hermana - Pero de qué vas vestida, querida, que guasona. Será mejor que vayas a cambiarte antes de que empiece la ceremonia, no vaya a ser que por la tontería no te de tiempo y tengas que ir así a la fiesta.

-Oh ¿disfraz decías? Parece que aquí todos hemos tenido la misma ocurrencia. Sí, será mejor que vosotras también vayáis a cambiaros, parece que todas hayáis comprado el vestido en el mismo todo a cien. ¿No os mareáis con tanto rosa y cian en estampados psicodélicos? –respondió Amanda con sarcasmo. Esa chica era impresionante, pero parecía que no se daba cuenta de que las dos fieras habían aumentado tanto su enfado que estaban a punto de saltar sobre ella. Antes de que las dos respondieran a la provocación con una de sus maldades, Alejandro se adelantó.

-¿No me vas a presentar a tu amiga, hermanita? –dijo con la mayor de sus sonrisas. Su hermana le fulminó con la mirada, pero hizo lo que acostumbraba a hacer: comportarse como una perfecta damita de alta sociedad.

-Te presento a Amanda. Se va a graduar con nosotros, pero ha tenido la ocurrencia de venir vestida de esta forma. Ahora mismo se va a su casa a cambiarse.

- ¿A cambiarse? ¿Pero por qué ibas a hacer tal cosa, Amanda? Estás estupenda así vestida. De hecho te felicito por ser la única mujer en esta sala que no marea con su vestido. Escucha, falta aun un rato para que empiece la ceremonia. ¿Quieres venir a tomar un poco el aire? Por estos lares está bastante cargado de malas vibraciones.

- Sí, me parece una buena idea –dijo ella, siguiéndole afuera. Una vez allí, añadió –Gracias por tu intervención, empezaba a pensar que se abalanzarían sobre mí de un momento a otro. ¿Puedo preguntar el nombre de mi nuevo héroe?

Echándose a reír, Alejandro respondió:

-Soy Alejandro, y una de las fierecillas es mi hermana. Tienes valor, eso te lo reconozco. Hasta a mi me dan miedo. A veces.

-Pensé que no importaba demasiado cómo fuera vestida, porque después de todo ya no les voy a ver más y, ya de venir a este solemne aburrimiento, quería venir cómoda. No se me ocurrió que podría ser el objetivo de un linchamiento de fashion victims…

-Has hecho bien, en serio. Ojalá yo hubiera tenido el valor de vestirme original el día de mi graduación, aunque supongo que mis padres habrían hecho lo imposible por impedirlo. Es lo que tiene pertenecer a una familia influyente.

-¿Debería impresionarme?

-Te agradecería que no lo hicieras. No lo soporto.

-Me alegro mucho, porque no tenía intención de hacerlo -dijo ella con una sonrisa. Mirando por encima del hombro, añadió -Va a empezar la ceremonia, debo irme. Gracias de nuevo -gritó mientras corría de nuevo al interior del edificio. Sonriendo como no lo hacía en años, él también se dirigió al lugar de la ceremonia, donde se reunió con sus padres, que levaban ya un rato esperándole.

viernes, 16 de enero de 2009

Encuentros (parte2) (perdón por el retraso)

Roberto

¡Se negaba! ¿Cómo era posible? Había usado la sonrisa, su sonrisa más encantadora, con la cual había logrado siempre hacer desfallecer a las chicas. Y ella no sólo se había negado, sino que también lo había hecho con un tono enormemente burlón y sin poner ninguna excusa. Sin estar acostumbrado, ni mucho menos, a que ninguna chica le negara nada, preguntó:

-¿Por qué no?

-Porque si te ayudo, no será tu regalo, técnicamente será un regalo mío pero que has pagado tú - respondió ella, aun con ese tono burlón. Era increíble. Inconcebible. Le había dado una respuesta simple y coherente, seguro que pensando que era irrefutable. “A este juego podemos jugar dos, bonita” ¿Acababa de pensar que era bonita? Aunque ahora que la miraba con atención, lo cierto era que era bastante atractiva. Casi guapa. No entendía cómo no se había fijado antes en ese detalle.

-Pero si no me ayudas, probablemente le compraré algo que ya tenga o que no le guste, lo que sería una desilusión para Sara y ya sabes el mal humor que se gasta cuando no le ha gustado algo… -contraatacó utilizando otra vez su sonrisa. A lo mejor la primera vez no la había usado bien…

-Pero eso es tu problema, y yo no tendré que aguantar su mal humor, porque mi regalo seguro que sí le gusta –volvió a replicar Estrella. Esa chica empezaba a caerle bien. Era la primera que conocía capaz de negarle algo de forma tan directa. Pero en ese momento, era un problema. Probó con su último recurso… suplicar.

-Venga, mujer, ¡si no te cuesta nada! Estoy desesperado, inseguro de que lo que me llama la atención sea lo que le gusta a ella. ¡Por favor!

- El que no me cuesta nada es relativo. Y lo cierto es que tu desesperación, más que empatía, me produce risa.

¡No funcionaba nada! Y lo más estúpido de todo era que eso le encantaba. “La verdad es que la chica es encantadoramente borde. Aunque eso suena contradictorio, es así. Me gusta su estilo.”

-Bueno, pues ríete de mi, pero mientras me ayudas, que seguro que tienes ocasión.

-¿No me vas a dejar en paz hasta que no logres que te ayude? –respondió ella con tono cansado.

-Lo cierto es que te has convertido en un reto personal para mí –dijo burlonamente. Y era verdad. Como también era cierto que ahora le apetecía mucho pasar un rato más con ella.

Estrella

¡Era un pesado! Pero un pesado encantador, eso sí. Y le respondía de forma bastante inteligente. Quizás no fuera tan tonto como parecía. Lo cierto era que tenía pensado aceptar… tras hacerle sufrir un poco. Así pues, se hizo de rogar un poco, como si se lo pensara, y luego se levantó lentamente y dijo con voz de aburrida:

-Está bien

Él sonrió, pero no era esa sonrisa para encandilar, que en el fondo era una sonrisa entrenada y falsa que hacía que se le marcaran los hoyuelos. Era una sonrisa de verdad, la primera que le veía, y eso le gustó.

-¿Qué tenías pensado? –preguntó arrebatándole los libros que llevaba en la mano. Filosofía, un libro en inglés, narrativa histórica… Lo cierto era que tenía intuición al elegir los libros, pero a Sara no le pegaban nada –No sirven. Sara no habla inglés, sino francés, no la he visto nunca coger un libro de filosofía y ese libro se lo presté hace poco y me lo devolvió al poco diciendo que no podía pasar de la página quince.

-Es que esos no son para Sara, son para mí –dijo él, volviendo a arrebatarle los libros.-Pensaba comprarle algo de este tipo, de los que se lee siempre, y con ésos estoy totalmente perdido.

Increíble. Los libros eran para él. ¿Sería que tras su máscara de tonto guaperas se escondía una persona inteligente y compleja. Empezaba a gustarle ese chico. Y no solo físicamente. ¿Quién iba a decirle que alguna vez Roberto le caería bien?

-Bueno, pues entonces, elige uno y yo te doy mi aprobación o no- dijo sonriendo ella también. Él eligió uno tras pensárselo un rato.

-¿Por qué ese? –preguntó ella, sin entender una elección tan rara y sin mirar siquiera la contraportada.

-Me gusta la portada. ¿Lo apruebas? –dijo con un tono extraño “¿Está coqueteando conmigo?”

-No, a menos que quieras comprarle los cinco que van delante.

-¡Ups! –exclamó Roberto, tras lo cual lo dejó en su sitio echándose a reír. “¡Qué chico más raro! Pero no lo estoy pasando tan mal…”

Cajas del centro comercial

Roberto

Acababa de pagar y esperaba a que lo hiciera Estrella. ¡Qué chica más interesante! ¡Y pensar que no quería hablar con ella cuando la vio por primera vez en el centro comercial! Había sido muy paciente con él (más de lo que él se hubiera atrevido a esperar) y, de hecho, había hablado con tanta pasión del libro que había cogido por primera vez que había cogido el primero de la colección a ver qué tal estaba. Y además no era tan empollona ni tan tontita como se figuraba al principio Era una persona fascinante y le alegraba encontrar a alguien con quien, para variar, poder hablar de cualquier tema sin parecer un bicho raro. Era un estúpido por haberse dejado llevar por su primera impresión con ella. “No es que sea aburrida, es que es algo tímida, nada más. Pero yo soy un imbécil y he desperdiciado meses de lo que puede llegar a ser una buena relación solamente por prejuzgarla”

-Estás en las nubes –dijo Estrella a su lado. Salido de su ensimismamiento, le dedicó su mejor sonrisa y miró sus bolsas. Tenían pinta de pesar un montón.

-¿Seguro que puedes con todas?

-Lo cierto es que estoy acostumbrada, lo hago una vez al mes, y soy bastante fuerte –dijo ella sonrojándose. Era guapa de verdad. Seguro que si no llevara unas pintas tan raras sería sensación entre los chicos.

Estrella miró entonces la hora y dijo:

-Tengo que irme a casa ya, se me ha hecho muy tarde y es casi la hora de comer. Ha estado bien. Nos vemos.

-¡Espera! –dijo Roberto casi gritando -¿y si te invito a comer? Después de todo, es lo menos que puedo hacer después de hacerte perder el tiempo de esta manera por lo inútil que soy para encontrar un regalo apropiado. –No podía dejarla ir tan pronto, ahora que estaban disfrutando de su mutua compañía, que se caían bien.

-No sé… Se supone que tengo que irme ya a casa y…

-Y ¿Qué? Ya no tenemos que estudiar nada, nos lo estamos pasando bien y tú misma has dicho que ya es la hora de comer. ¿No crees que es mejor que hagas una llamada a tus padres y que te ahorres el llegar tarde? No me negarás que no es un buen argumento…

Ella le sonrió y se echó a reír

-¿No me vas a dejar en paz hasta que no logres que vaya?

Roberto se echó a reír también y respondió

-Lo cierto es que te has convertido en un reto personal para mí

Domingo por la tarde. Parque cercano al centro comercial

Estrella

Hacía horas que terminaron los bocatas que habían comprado previamente en un restaurante de comida rápida, pero lo cierto era que no se aburría en absoluto. Roberto era, en realidad, muy interesante. Su fachada de chico tonto pero guapo se había desmoronado enseguida, y le gustaba lo que había debajo.

Habían hablado de todos los temas posibles, música, filosofía, cine, arte… No siempre coincidían en todo, ni mucho menos, y era eso, quizás, lo que más le gustaba. Tenía sus propias opiniones, y lo mejor era que sabía argumentarlas. Lo único que la había molestado un poco era que parecía un imán para las chicas. Todas le conocían y todas se paraban a hablar con él. Hasta que se dio cuenta de que él estaba tan incómodo como ella, y se habían ido a una zona del parque por la que no solía pasar nadie.

Atardecía. Finalmente, se dio cuenta de lo tarde que era y se levantó

-Bueno, ahora sí que es hora de irme a casa ¿Sabes? Mis padres no acostumbran a tenerme todo el día fuera de casa y deben estar algo preocupados.

-¡Vaya, sí que es tarde! Te acompaño –dijo, levantándose él también y cogiendo una de sus bolsas. -¡Pesa de veras!

Sonriendo, se encaminaron hacia la casa de Sara sabiendo que era el comienzo de una nueva amistad.

El domingo siguiente por la tarde. Fiesta de cumpleaños de Sara

Sara

Se había perdido algo importante y lo sabía. No había otra explicación posible. Los sucesos extraños empezaron el domingo pasado, cuando su primo Roberto la llamó para pedirle, por favor, que le dejara asistir a la fiesta de cumpleaños que le habían preparado sus amigos. No entendía exactamente el por qué de su petición, ya que era frecuente que Roberto se dedicara a decir lo raras que eran sus amistades. Aunque adoraba a su primo, esa faceta suya no la gustaba nada, y no quiso invitarle al principio, pero al final insistió tanto que aceptó con recelo.

Pero la cosa había sido cada vez más rara. Su amiga Sara se había pasado toda la semana comportándose de un modo extraño. Sonreía mirando al infinito, perdida en sus ensoñaciones. Las ensoñaciones eran comunes en ella, pero no con tanta frecuencia, y no de esa forma.

Pero había algo más. Dos tardes, había dicho que no iba a salir con el grupo porque había quedado. Para Estrella, eso significaba quedarse en casa leyendo. Como ese verano todos habían decidido que iban a hacer que Estrella no se convirtiera en un vampiro (el verano anterior incluso no podía salir al sol porque le hacía daño en los ojos) habían ido a buscarla, para encontrarse con sus desconcertados padres diciendo que pensaba que había salido con ellos. Cuando la preguntaban por dónde se había metido y con quién, se limitaba a reírse y responder “Si te lo dijera, no me creerías”

Luego estaba la cuestión del regalo. Roberto había acertado de pleno, y eso que todos los años la regalaba algo horrible.

Pero lo más extraño de todo se lo había encontrado cuando llegó a su fiesta. Roberto y Estrella estaban conversando como si fueran amigos de toda la vida y no paraban de reírse. Pasó eso por alto hasta que, por casualidad, los vio besarse en un rincón.

Apostando que todo estaba relacionado de algún modo, aunque sin comprender cómo se había producido esta situación, se acercó a ellos cuando la dejaron libre un momento y preguntó:

-¿Y bien?¿qué está pasando aquí?

Los dos se miraron y, riendo, Roberto respondió:

-No nos mires con esa cara, mujer, después de todo, aunque sin quererlo, todo esto es culpa tuya.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Encuentros (parte 1)

Domingo por la mañana. Vestíbulo del centro comercial

Estrella

Era principio de mes y, como acostumbraba, se iba a aprovisionar de libros con el dinero de la paga que le daban sus padres. ¿Qué mejor sitio que un centro comercial para ello? Así que allí estaba, mirando el cartel informativo para ver a qué planta tenía que dirigirse, porque era la primera vez que visitaba el centro comercial, inaugurado, no obstante, hacía varios meses.

En el momento que se giró para ir a las escaleras, le vio. Ese idiota del primo de su mejor amiga, Roberto.

No tenía nada de ganas de hablar con él, así que pensó “Haré que no le he visto”

Roberto

Ese día prometía ser un auténtico aburrimiento. Tenía que comprarle un regalo a su prima y, como no, no tenía ni idea de qué comprarle. Aunque se llevaban bien, no salían con la misma gente, ni tenían los mismos gustos en nada.

Mirando el cartel, mientras hacía tiempo hasta que se le ocurría algo, la vio. La friki de la amiga de su prima Sara, Estrella.

No le gustaba demasiado y nunca había intercambiado con ella más de tres frases seguidas, así que pensó “Fingiré que no la he visto”

Sección de música del centro comercial

Estrella

Ya que estaba allí, iba a comprarse un disco. Había sido una decisión espontánea, algo poco propio de ella, que acostumbraba a planificar hasta el más mínimo detalle cuando se trataba de administrar su paga, ya de por sí escasa. No obstante, guardaba un pequeño fondo para ese tipo de caprichos sin planificar, y ahora iba a aprovecharlo para comprarse el CD nuevo de su grupo favorito. Ese día había decidido que, por un mes, no se lo iba a gastar todo en libros.

Una vez localizado el disco que quería, se encaminó hacia las escaleras para subir a la cuarta y última planta que, cómo no, era la de los libros. Y allí estaba él otra vez. Lo cierto era que ya tenía bastante con tener que tratar con él y su aire de superioridad las escasas ocasiones en que su amiga Sara se paraba a hablar con él, así que, por segunda vez, fingió no haberle visto.

Roberto

Ya que tenía que pasar por el calvario de encontrar un regalo decente para su prima, había decidido que lo mejor era darse un capricho antes. Se fue directo a buscar el CD nuevo de su grupo favorito y se encontró con que la extraña mujercilla que se decía amiga de su prima estaba con el mismo CD que él quería en la mano. “Quizá no tenga tan mal gusto como creía” se dijo a sí mismo mientras, fingiendo mirar otro estante, esperaba a que ella se decidiera, ya que si se acercaba no tendría más remedio que hablar con ella.

Por fin se dio la vuelta hacia las escaleras disco en mano, y le lanzó una mirada rápida. “Me ha visto, vaya, ahora tendré que hablar con ella”, pensó. Pero ella pasó de largo sin decirle ni un solo hola. “Si es que esa chica está siempre en las nubes, hay que ver, no darse cuenta de que estoy aquí… ¿O sí se ha dado cuenta?” Pero eso era imposible, porque era raro que las chicas le ignoraran de una forma tan descarada, a menos, claro, que fuera una de esas ridículas estrategias para ligar, y no solían durar mucho. “¿Por qué estoy dando vueltas a esto? Me haya visto o no, es una suerte que no me haya hablado” Pensaba esto, pero lo cierto es que se había quedado algo mosqueado con el no-saludo de Estrella.

Sección de librería del centro comercial

Estrella

Cargada de libros, tanto que apenas podía ver por donde pasaba, calculó que aun así le quedaba la mitad del presupuesto, porque, por suerte, sus padres le habían dado una paga extra por sus buenas notas. Así que decidió ir a su sección favorita: la de literatura fantástica y de ciencia ficción.

Aunque lo cierto era que leía de todo, su pasión por este tipo de libros la había dado la fama de “friki”, lo que a su vez había ocasionado una escasez en su lista de amigos. Por suerte, hacía dos años había encontrado a Sara, que compartía sus extraños gustos literarios pero era algo más abierta con los demás. Desde entonces, se había integrado a la perfección en su grupo de amigos. “Va a ser su cumpleaños dentro de poco, tengo que comprar mi parte del regalo”, recordó de repente. Sus amigos y ella habían planeado comprarle cada uno un libro de una saga que quería, y todos lo tenían ya comprado menos ella, que nunca tenía dinero a no ser que fuera a principios de mes. Por suerte, localizó el regalo de su amiga en seguida “Menos mal que no está agotado, como la última vez…” Lo cierto era que no quería ni recordarlo. Se había recorrido todas las tiendas en un radio de 25 kilómetros a pie, para al final encontrarlo en la última tienda visitada. Aunque andaba rápido, le había llevado casi un día entero encontrarlo, porque encima se perdió.

Dejando el montón de libros que ya iba a comprar a un lado, se puso a mirar con detalle todas las novedades que habían salido. Y en un momento dado, le volvió a ver. “¿Este bobo en la sección de librería? Cualquiera lo diría…¡Y yo que pensaba que lo máximo que alcanza a leer son los carteles publicitarios, y porque tienen poco texto!” Volvió a ignorar su existencia, aunque la había visto, y siguió con las novedades. Cuando acabó con ellas, se acuclilló y miró todos los libros del estante de abajo, perdiendo la noción del tiempo.

Roberto

Desesperación. No había otra palabra que definiera mejor lo que sentía en esos momentos. Había recorrido las secciones de DVD, música, ordenadores… sin éxito. Ya llevaba tres llamadas a su tía para ver si tenía algo interesante, y la respuesta siempre había sido “Sí que lo tiene”. Finalmente, había decidido probar con la sección de librería. Su prima leía mucho, aunque no tanto como la loca de su amiga. Esa llevaba un libro hasta para ir a la piscina., la muy cutre.

Antes de irse a la sección de frikis, tomó la decisión de pasarse por las que le gustaban a él. Filosofía, narrativa, en otros idiomas… Al contrario de lo que se solía pensar debido a su imagen de chico popular, él también era un ávido lector (de cosas normales, eso sí), y lo cierto era que sacaba unas notas muy buenas. Pero no iba por ahí pregonando sus méritos como Estrella. De alguna forma, ella se las ingeniaba para que todo el mundo supiera que era la niña modelo. Insufrible.

Fue con esa última palabra pensada cuando volvió a verla. Esta vez no se extrañó ¿Dónde, si no, iba a estar la intelectual? Esta vez, ella levantó la cabeza y cruzaron una mirada. Esta vez sí que era imposible que no le hubiera visto. Pero, por tercera vez en ese mismo día (ahora estaba seguro de que así era), le volvió a ignorar. Ni una sonrisa, ni un gesto, ni un saludo, simplemente cogió otro libro y se puso a leer la contraportada. “¿Pero qué le pasa a esa chica? ¿Es que pretende fingir que no me ha visto? ¿Quién se cree que es para ignorarme así? Pero, por otro lado ¿Por qué me importa tanto?” Pensaba malhumorado, mientras buscaba algún libro que le animase.

Luego llegó el momento fatídico. Lo había demorado un montón, pero ya no tenía excusa. No le quedaba nada más que una sección. Y allí se fue. Por suerte, se había ido ya esa maleducada. O al menos eso pensaba, hasta que la vio al otro lado del expositor de novedades, tirada en el suelo y mirando la contraportada de otro libro, con una enorme pila de libros a su lado coronada por el CD de su grupo favorito.

Ella le había ignorado, y él hizo lo mismo. Hasta que la desesperación pudo con él. No sabía qué comprarle a su prima… y ella era su mejor amiga. Era su oportunidad de averiguar qué comprarle… aunque para ello tuviera que soportar un rato de charla con esa chica insoportable.

Estrella

Tan ensimismada estaba con la lectura del argumento del libro que tenía en mano que cuando alguien la tocó el hombro para llamar si atención pegó un gran bote y se dio con la cabeza contra la estantería en que estaba apoyada. El que es torpe es torpe, qué se le va a hacer. Levantó la cabeza para ver quién era el causante y se encontró cara a cara con los ojazos azules del primo de su amiga. “¡Maldición! ¿Es que este chico no capta las indirectas? ¿Qué debo hacer para que se de cuenta de que no quiero hablar con él? ¿pegarme un cartel en la frente?” Resignada, preguntó

-¿Sí?

-Eres amiga de mi prima –dijo él tan tranquilo. “Comprobado, es tonto”

-Sí –respondió, sin saber qué más decir.

-¿Sabes que va a ser su cumpleaños? –volvió a decir. “¿Quiere ir a parar a algún sitio o solo quiere hablar por hablar?”

-Sí –volvió a responder. En otra situación, le habría respondido con algún sarcasmo, pero es que estaba totalmente desconcertada. Y lo cierto era que el chico imponía. Le gustaba, por lo menos en el ámbito físico, y su cercanía le provocaba una revolución hormonal siempre, pero desde el primer momento había decidido que era un idiota y ella siempre tomaba sus decisiones y hacía sus amistades con racionalidad. Y su razón la decía que se alejara de él.

-¿Sabes ya qué comprarle? – preguntó Roberto indeciso. “¿A qué viene el interrogatorio”

-Sí –repitió “¿Qué hago para librarme de este pesado?”

-¡Estupendo! Me preguntaba si podrías ayudarme a buscarle un regalo adecuado –dijo con la que seguro era su sonrisa más encantadora. Seguro que con esa sonrisa conseguía que cualquier chica hiciera lo que él quería… Pero ella no era una chica cualquiera y encima se había dado un golpe en la cabeza por su culpa. No estaba por la labor.

-¿Qué te ayude? Estás que sí, majo- a Roberto le cambió la cara. “Jajaja, apuesto a que no esperaba esta respuesta”


(demasiado largo para una sola entrada: continuará...)