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lunes, 18 de abril de 2016

¿Qué harías si alguien cobrara tu sueldo en tu lugar?

Qué pregunta más tonta, ¿verdad? Te quejarías, montarías un pollo, te desmotivarías y, si la cosa siguiera así, dejarías de trabajar. Lógico, normal. ¿A que sí?
¿Y si alguien te dijera: "Eh, amigo/a, te regalo quince euros si me ayudas a hacer que esa persona no cobre su bien merecido sueldo"? Esa debería ser también una pregunta tonta: si no eres una mala persona, dirías que no, que no vas a ayudar a alguien en algo tan ruin como robarle el sueldo a una persona que ha trabajado duro (y menos por esa miseria).
Pues bien, esas respuestas tan lógicas a preguntas tan absurdas no parecen serlo tanto cuando se trata de la piratería. Porque, por alguna razón, a muchas personas eso de "Eh, amigo/a, te regalo un libro que vale quince euros si me ayudas a generar ingresos por publicidad y así hacemos que ni el autor ni el editor vean un mísero céntimo de su bien merecida compensación económica" les parece una idea genial y agradecen efusivamente la oportunidad de descargarlo.
Una vez más he sufrido en mis carnes este asunto. Yo trabajo durante meses muy duro para escribir un libro. Mi editor trabaja durante meses muy duro para que ese libro salga perfecto.Y UNA MAFIA (os recomiendo que leáis este artículo sobre el negocio de la piratería) coge ese libro, lo escanea página a página, lo sube a una web de descargas y ¡hala! a vivir la vida gracias a los ingresos por publicidad. Algunos dirán que exagero, pero no nos engañemos: nadie pierde el tiempo escaneando de esa manera y formateando el libro para varios dispositivos si no va a sacar más dinero de lo que "vale" ese tiempo. Una vez más os remito a ese artículo. Es un negocio muy bien montado para ganar dinero a costa del trabajo duro de otros.
Esa fue la razón de que dejara de regalar Atrapada en otra dimensión e Incursores de la noche, libros que, os recuerdo, eran gratuitos. Y si eran gratis, ¿para qué piratearlos? Una vez más, volvemos a lo mismo: porque si los pirateaban podían lucrarse gracias a la publicidad, todo a costa de mi trabajo.
Lo que más me fastidia es que algunas personas, en su ignorancia, ¡hasta se creen que me hacen un favor por descargarlo ilegalmente! Ni siquiera cuando regalaba mis libros porque quería que me leyeran me hacían ningún favor al descargarlo fuera de las plataformas autorizadas: lo único que lograban era que yo ni siquiera tuviera la satisfacción de saber las cifras reales de descarga y que perdiera poder de negociación con los libreros a los que ofrecía tener en tienda los ejemplares en papel. 
Ahora es peor: estoy en una etapa de mi vida en la que no solo quiero que me lean: quiero que se valore mi trabajo. Y, cada vez que alguien se descarga el libro de esa forma, el mensaje que me está mandando es que no valora para nada las horas que he invertido en crear esa obra. Volviendo a la analogía, es como si, además de ayudar a robarle el sueldo a alguien, le dijeras: "Pero venga, no te pongas así. ¡Si en el fondo te estoy haciendo un favor! Así, a la larga, subirá tu caché y podremos ayudar a robarte un sueldo aún mayor..." 
Pero el colmo de los colmos es cuando alguien se ofende por mi actitud ante la piratería, porque no soportan escuchar eso de que son cómplices de un robo. ¡Me fastidia tanto que encima la mala de esta historia sea yo! Entre tanto, alguien se pega la gran vida y se toma un daikiri en las Bahamas a la salud de todos los escritores anónimos a los que ha robado el fruto de su esfuerzo. Qué mundo más maravilloso.

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viernes, 2 de enero de 2015

Carta a los Reyes Magos

Esta vez, el proyecto de Adictos a la escritura iba de hacer una carta a los Reyes Magos. Dado que he descubierto que es un trauma pedir cosas materiales (necesité una mañana para hacer la wishlist fnac y otra tarde para hacer la de Amazon y llegar a la cantidad que se sorteaba) he pedido algo que será mucho, mucho más útil.

Carta a los Reyes Magos
Queridos Reyes Magos.
Este año, como todos los anteriores, no pido mucho.
No quiero aparatos electrónicos, aunque me vendría bien una impresora nueva porque la mía saca los documentos con rayas blancas. Tampoco pido otros regalos materiales, como películas, muebles nuevos, escapadas a un spa, juguetes... ¡ni siquiera libros, a pesar de que he sido buena y he reducido considerablemente mi lista de pendientes!
No, no pido nada de eso porque ya estoy yo para comprármelo cuando lo considere oportuno y ahorre lo suficiente.
Lo que pido este año es algo más inmaterial, pero infinitamente más útil: que el esfuerzo sea recompensado. Esta petición es tanto para mí como para el resto del mundo. Una meritocracia de verdad, con todas las letras, aunque no salga en la RAE... Todo lo contrario a la pamplina que tenemos ahora.
Vamos, que los vagos desalojen los puestos que ocupan inmerecidamente y se vayan a vivir debajo de un puente, donde no molesten. O mejor, hacedles desaparecer directamente que, si no, con acogerse a la caridad y a todas las bonificaciones a las que puedan acceder, seguirían sin dar palo al agua y parasitando a la sociedad...
No estoy hablando solo de las administraciones públicas sino de TODOS los puestos de TODAS las empresas del país. Así, los que llevamos toda la vida luchando por conseguir una posición tendremos la posibilidad de demostrar nuestra valía en vez de ser incapaces de levantar cabeza solo porque unos cuantos inútiles saben que, como nos dejen avanzar, quedarán muy, pero que muy mal. Y todos los que valen pero están en la calle porque había que elegir entre ellos o el “hijo de”, el “amigo de”, el “enchufado de”... recuperarían sus empleos.
Por supuesto, también habrá que hacer una pequeña segunda purga. No a los que no se han esforzado, que esos ya habrán desalojado, sino a los que se esfuerzan... pero se aprovechan también del esfuerzo ajeno y pretenden tenerles trabajando en un régimen de semiesclavitud a cambio de una miseria, a pesar de que lo que hacen sus empleados vale mucho más de lo que les pagan y que la excusa de “está aprendiendo” solo sirve para los primeros meses.
Qué complicado, pensaréis vosotros, queridos Reyes. Bueno, puede ser, pero sin duda resultará más útil que todo lo que habéis hecho hasta el momento. Deberíais replantearos las cosas. Vosotros sois magos, demonios, no tiene sentido que desperdiciéis vuestra magia en regalitos tontos que no valen más que para dar una breve satisfacción momentánea que se olvida en cuestión de días. ¡Usad la magia para algo constructivo de una santa vez!
Si cumplís este deseo, tan sencillo como es, el país irá mejor y los que lo merecemos tendremos dinero suficiente para comprarnos todas las chorradas que nos dé la gana, sin vuestra intervención. Aunque claro, lo mismo desaparecéis vosotros también en el proceso. Después de todo, solo trabajáis una noche al año y ni siquiera os esforzáis en pensar qué quiere cada uno: os tenemos que escribir una carta detallando lo que tenéis que traernos. Ni lo de llevarle regalitos a Cristo tuvo demasiado mérito, a decir verdad. Lo del oro vale, pero el resto podríais haberle hecho regalos más útiles, que nació en un pesebre, no en un palacio. Seguro que habrían agradecido más unos pañales, o algo con lo que vestirle, o unas lembas, o más oro. Pero en fin, es lo que tenéis muchos de los ricos, que no pensáis en lo que podemos necesitar los pobres porque tenéis una carencia seria de empatía.
Sin más dilación acabo esta carta. De verdad de la buena, si cumplís mi deseo os podréis jubilar y todos seremos mucho más felices.

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miércoles, 11 de diciembre de 2013

La maldición de la sinceridad. O cómo echarte fama de bruja por ser fiel a ti misma.

Siempre he pensado que la sinceridad es la mayor virtud que puede existir y que la mentira y la hipocresía son lo peor que puede pasarle a una sociedad. Lo que tiene una consecuencia obvia: mi discurso está caracterizado por una brutal sinceridad (brutal, sí, porque también pienso que una verdad suavizada no es en realidad del todo verdad), profusión de datos objetivos, tendencia a la argumentación y un intento por ser lo más precisa posible e ir directamente al grano. A eso hay que sumarle que no hablo si no sé de qué estoy hablando, lo que hace que tienda a quedarme calladita por no decir estupideces sin fundamento. Pero claro, si sé del tema y alguien está diciendo una estupidez, no me callo.
Por supuesto, no siempre tengo la razón ni pretendo tenerla. Soy humana, me equivoco, pero no me subo nunca a un burro del que resulta imposible bajarme. De hecho, más de una vez nadie ha tenido que decirme nada para que yo me diera cuenta de que iba mal encaminada y rectificara. Públicamente, no intentando ocultar mi equivocación, como si fuera un delito cometer un error. En cualquier caso, estamos hablando de opiniones, y la opinión es algo subjetivo y muy personal, por muy basada en datos que esté. Y cuando se trata de dar opinión sobre un libro o cualquier otro proyecto artístico, uno sólo puede basarse en sus gustos. También respetaré siempre las opiniones ajenas, por muy contrarias que sean a la mía, siempre que no entren en el círculo vicioso "Me gusta porque me gusta", "Es así porque es así" o, peor, "Es así porque lo digo yo".
Es evidente que cara al exterior mi forma de hablar puede parecer brusca, y la mayor parte de mis conocidos me tienen por una persona borde, hosca y asocial. Sobre todo asocial, porque en esta sociedad tan hipócrita se exige la verdad pero luego nos ofendemos si no nos responden con una mentira piadosa. Sin embargo, prefiero que me digan a la cara que no me sienta bien algo, o que uno de mis relatos ha salido mal, o que me pongan los pies en el suelo de inmediato a que me mientan y enterarme a la larga de que me han criticado a mis espaldas y me he dado el batacazo porque me animaron a echar a volar sin paracaídas. Así que actúo en consecuencia y como agradecimiento recibo el rechazo de las personas que me han pedido sinceridad y a las que se la he dado. No imagináis lo que cabrea eso, pero dado que la alternativa es traicionar mis principios, sigo en mis trece.
Lo peor es que se puede decir la verdad sin ser ofensivo (¿cómo? pues argumentando) pero la gente:
  1. Escucha sólo la primera afirmación, se ofusca y no escucha el resto de cosas que le tienes que decir.
  2. Está tan acostumbrada a que le mientan y le suavicen la verdad que piensa que tú haces lo mismo, que lo que piensas es mil veces peor y tiene muchas connotaciones negativas, cuando en realidad lo que piensas es ni más ni menos que lo que has dicho.
  3. Es tan insegura que, cuando le hablas de los puntos a favor y los puntos en contra, sólo ve los puntos en contra y piensa que los puntos a favor son mentiras piadosas.
  4. Es tan creída que, por más que le argumentes que está equivocada, no te hace caso y te respondes que le dices eso por rencor, envidia, intolerancia o lo que sea. Por supuesto, una vez se da el batacazo vuelve a disculparse con el rabo entre las piernas, pero el daño ya está hecho. ¿Para qué iba nadie a querer seguir teniendo trato con alguien que reacciona así cuando le dices lo que piensas?
Como podréis imaginar, en el fondo es un poco solitario, aunque también tiene sus puntos buenos.  Por ejemplo, los (pocos) amigos que tengo son amigos de verdad, que aprecian ese rasgo tan incomprendido y presuntamente asocial de mi carácter. Por no hablar de que soy una de las primeras personas en las que bastantes escritores piensan cuando necesitan un lector sincero de sus textos. Además, si alguien pone palabras en mi boca que no son ciertas, se lo puedo rebatir inmediatamente. Y más si tenemos en cuenta que casi toda mi comunicación es por escrito (y ese es el motivo, amigos, por el que que, si no podemos vernos cara a cara, prefiero el mail o el sms al teléfono).
Con esta entrada no busco sólo el desahogo (que también, no imagináis la de burradas que me han dicho ciertas personas sólo por expresar respetuosa pero "bruscamente" mi opinión) sino evitar malentendidos con los nuevos seguidores e incluso con escritores que quieren elegirme como lectora beta por mi fama de ser sincera pero luego se ponen en plan tonto porque lo soy.
Digo siempre las cosas como las pienso. Ni las suavizo ni, como me acusan algunos, las exagero. Si digo que una historia me parece entretenida pero que le falta algo, es que me ha parecido que es entretenida pero que le falta algo. Si digo que me ha gustado pero enumero muchos puntos a mejorar, es que me ha gustado pero podría haberme gustado más si hubiera una mejora en esos puntos. Si digo que algo me parece cursi es que me parece cursi. 
Si digo a alguien que sus "argumentos" ni son argumentos ni se sostienen, es que se basa en sentimientos y en razonamientos con fallos graves. Si digo que no se ha documentado bien, es porque yo me he documentado y he encontrado suficientes datos fácilmente accesibles que me llevan a pensar que no se ha molestado lo suficiente. Mientras que si digo que la documentación me rechina es que no me he documentado sobre el tema, pero que he percibido incongruencias. Y si digo que algo no hay por dónde cogerlo y le reto a que me argumente lo contrario, más le vale encontrar un buen e irrefutable argumento o me estará dando la razón.
En realidad, tratar conmigo es tremendamente simple. Los que me conocen, tanto personal como virtualmente, lo saben. Os diré siempre la verdad, os daré la razón si me equivoco (pero tenéis que demostrar que me equivoco), nunca diré nada sin añadir los porqués y una vez que se aprende a ceñirse literalmente a mis palabras y a no intentar buscarles dobles sentidos soy transparente. Tenedlo en cuenta.
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sábado, 1 de junio de 2013

El efecto IKEA... o por qué soy tan caótica con mis relatos

El otro día me dio por mirar mis documentos para programar entradas de este blog y meter algunos relatos. Aquí, como sabéis, aparte de relatos inéditos, cuelgo los que presenté a diversos concursos. La cuestión es que he llegado a un punto ¡en que no sé ni qué tengo escrito, ni qué he publicado aquí ni qué he mandado a concursos! Lo que es más, no tengo ni idea de si los que he mandado se han fallado, si puedo reutilizarlos... Incluso cuando me publican algo en una antología, ni me acuerdo de qué era lo que había mandado (cosa que, por cierto, me ocurrió con Historias del dragón). Esto llega a un punto en que tengo como más de dos centenares y medio de relatos (sí, escribo mucho...) en lo que yo denomino El limbo: olvidados y, si me topo con ellos, dudo a la hora de publicarlos aquí por si acaso eran de algún concurso...
Intenté paliar este problema con una base de datos hace tiempo. Título, número de palabras, género, si lo había mandado, dónde, si lo había publicado aquí... Pero, cuando formateé el ordenador y me decidí por openoffice en vez de un word pirateado, todas mis bases de datos se fueron al traste. Y no me veo con fuerzas para empezar de nuevo.
Sin embargo, hay otra cara de la moneda: con mis novelas soy más cuidadosa. Las conozco casi al dedillo, recuerdo hasta qué estaba haciendo mientras las escribía... y les hago seguimiento. E incluso así, valoro más las que escribí durante más tiempo y las que requirieron más atención. Otra excepción son mis relatos eróticos o los relatos más largos (de unas 10 páginas). ¿Por qué pasa esto? Pues bien, aunque suene a coña, en la economía conductual esto tiene un nombre: efecto IKEA.
¿Qué es el efecto IKEA? Es un efecto, estudiado y demostrado científicamente, que básicamente consiste en que valoramos más lo que más trabajo nos lleva. Lo cual me viene al dedillo para explicar mi propio comportamiento con mis relatos cortos porque, teniendo tantos (cuando mi base de datos aún estaba operativa había ya más de 350 y eso fue hace unos años) ¿cómo voy a valorarlos en su justa medida, especialmente cuando me lleva tan poco tiempo escribirlos? Estamos hablando de que un micro lo termino en cinco minutos. Que un relato de longitud media me lleva menos de una mañana. Así que los hago, me lo paso bien, los reviso un poquito y... a otra cosa.
Por supuesto, con relatos eróticos es otra cosa. Me cuestan. Los reviso cien veces para que no parezcan porno y sean elegantes. Así que los valoro más, porque me han costado un mayor esfuerzo. Y lo mismo pasa con los relatos más largos: me tiro más tiempo y los recuerdo casi todos. No es de extrañar que con mis novelas sea tan... detallista. Las mimo mucho, las reviso. He invertido demasiado tiempo como para no hacerlo. Incluso cuando ya están publicadas sigo revisándolas de vez en cuando. Vamos, efecto IKEA total.

¿Y vosotros? ¿Sufrís el efecto IKEA? ¿Tenéis relatos que no sabéis muy bien qué habéis hecho con ellos? ¿Valoráis más vuestros escritos más largos y los que más os han costado?

miércoles, 13 de febrero de 2013

La imagen y reputación de un escritor en internet (4): algunas directrices básicas a seguir

Después de contar lo importante que es la reputación y los comportamientos perjudiciales en relación con los bloggers y con elresto del público, voy a hablar de otros casos que me parecen bastante acertados para mejorar la reputación. Por supuesto, esto no es una regla fija, cada uno tiene su sistema y cada cual debe cultivar su reputación a su manera, porque de otro modo se notará forzado y probablemente el público perciba disonancias.
1.-Ser educado.
Una respuesta educada puede ser la diferencia entre una reacción negativa y una reacción neutra. Además, aunque en principio el destinatario haya sido un maleducado no significa que nos tengamos que poner a su altura.
2.-Ser sincero.
Seamos realistas: ahora, más que nunca, todo se acaba descubriendo. Pongo un ejemplo muy sencillo pero que se repite habitualmente, sobre todo entre escritores:
-¿Vas a ir a la presentación?
-Sí, claro (por compromiso... porque no le apetece nada).
Se acerca el día y el que ha dicho que va decide que pasa del tema, y en vez de decir que no va porque no le apetece o porque tiene otro compromiso se inventa alguna como que está malo o que ha surgido algo urgente. Al día siguiente, el autor se pone a cotillear a su colega y se encuentra con mensajes tipo: me lo estoy pasando pipa en nosédonde, justo a la hora en la que se llevaba a cabo dicha presentación.
Eso, de cara a la imagen, es penoso. Igual que lo ve el autor al que han hecho la faena, lo ve la gente que conoce a ambos, porque por lo general ni siquiera son lo bastante listos como para dar la excusa en privado, sino que la hacen pública... al igual que acaban haciendo público lo que hacían realmente en vez de ir a donde se habían comprometido a ir.
3.-Ser lo más accesible y cercano posible.
Si te preguntan, responde. Si te piden algo, responde (aunque no aceptes dar lo que piden). Si alguien te comenta que ha leído tu libro y le ha encantado, razón de más para responder. Parece de cajón ¿verdad? Pues no hay manera. Algunos no son capaces ni de darle al me gusta si les mencionas de forma positiva porque te ha gustado su libro o algo similar.
4.-Ser agradecido.
Viene al hilo de lo anterior, pero es más extenso. No estoy hablando de que, por ejemplo si te hacen una reseña, cojas el enlace y lo pongas por todas partes (yo, personalmente, lo hago, porque me entusiasman esa clase de detalles, pero eso es cosa de cada uno)... pero lo mínimo es que visites dicho enlace y des las gracias, de forma pública o privada.
Otra cosa que no se puede hacer es negarte a hacer un favor tonto a alguien que te ha hecho un favor previamente. Hablo, entre otras cosas, de esos odiosos concursitos tan de moda de “quien más likes tenga gana” o “el relato al que más gente vote gana” (reniego de ellos y nunca participo: creo que para que sea justo hace falta el anonimato, y que tengas más poder de convocatoria no significa que seas el mejor). Si has importunado a tus contactos con una petición para que te voten, lo mínimo es que, cuando ellos te lo pidan a ti, no te niegues.
5.-Pensárselo dos veces antes de escribir las cosas.
Intentar ponerse en la mente de otras personas es fundamental para evitar malos entendidos.
Un ejemplo tonto: estudiando las teorías de la irracionalidad de Ariely (muy curiosas, por cierto), se me ocurrió comentar en twitter: “La gente es tonta XD”. Iba a pulsar el botón publicar cuando lo releí y me di cuenta de una cosa: aunque me estaba refiriendo a las teorías, fuera de contexto puede interpretarse de cualquier forma. Si no lo hubiera pensado antes de publicarlo, cualquiera que lo leyera podría pensar que me refería a alguien en particular.
También he encontrado casos en los que se hace esa clase de comentarios sólo para obtener respuesta y que alguien te mencione y pregunte ¿Por? Es un error. Puede que algunos se interesen y lo hagan, pero muchos otros se darán por aludidos y se ofenderán.
6.-Aceptar las críticas (razonadas) con dignidad.
También parece obvio, pero muchos no se aplican el cuento. En mi caso, nunca me he encontrado con una crítica negativa de mis novelas pero de mis relatos... alguno que otro ha recibido un varapalo. Sé lo que se siente: te cabreas. Pero si luego reflexionas y lees el razonamiento con calma, te darás cuenta de que se da uno de estos dos supuestos:
A) No le ha gustado porque no le gusta el género o el estilo de escritura que usas. No puedes cabrearte por eso... aunque sí puedes hacerle notar (con educación y buen rollo, en privado) que, si no le gusta el género, no ha elegido la lectura más apropiada.
B) Tiene razón. Estas son las mejores, porque se aprovechan para que en el futuro no vuelva a pasar.
7.-Ser coherente. Ser uno mismo.
Lo dicho: si no eres coherente, algo sonará forzardo y a la gente le rechinará.
Por ejemplo, en mi caso tengo que reconocer que soy excesivamente sarcástica y que suelo tener mal pronto. La gente que me conoce personalmente lo sabe y es inevitable que, en mis comentarios en redes o en mis blogs, salga a relucir mi carácter. De modo que no puedo, en aras de tener una buena reputación, hacer comentarios o actuar de forma contraria a mi personalidad, porque de ser así se percibirán disonancias. Lo que sí puedo hacer es contar hasta tres y suavizar ese sarcasmo en caso de considerarlo necesario, para evitar malas interpretaciones o provocar reacciones negativas a algo inocente o sin mala intención, pero nunca fingir ser quien no soy o contradecirme para ganarme a distintos públicos.
8.-No intentar abarcar más de lo que puedes: modera tus compromisos.
Me he encontrado con algunos autores que pretenden estar en todo y hacerlo todo, de modo que se comprometen a realizar cosas que no pueden cumplir. Queda mejor decir "no puedo" que decir "cuenta conmigo" y que luego te eches atrás o hagas las cosas a medias y mal.
9.-Avisar de tus ausencias.
No hace falta que des motivos, pero si vas a ausentarte unas semanas o vas a estar poco activo lo suyo será que avises, para que la gente no espere un feedback por tu parte que no se va a producir.
10.-Manejar a los detractores, a los trolls y a los individuos que tienen algo contra ti con elegancia.
Si entras al trapo, quedarás igual de mal que ellos. Si no lo haces, acabarán por aburrirse y te dejarán en paz, quedando tu reputación intacta. Me vienen a la mente varios ejemplos recientes, tanto de los que lo han hecho como de los que no. Los que os mováis mucho por la blogosfera sabréis a quiénes me refiero. Aunque si no lo sabéis no pasa nada, el concepto está bastante claro...
11.-Tratar a los que quieren aprovecharse de tu éxito, tus contactos o tu reputación con mano firme, pero sin ensañarse.
-Mira, acabo de sacar un libro y me harías un favor si lo promocionases entre tus lectores.
-Hola, pues verás, no hago ese tipo de cosas, ni siquiera te conozco y sería injusto para mis lectores que te promocionara así por las buenas. Mucha suerte.
Así de fácil. No les das lo que quieren, pero no eres grosero. Tampoco es plan de decirle: “ni de coña, majo, búscate la vida” y luego encima pasarse tres pueblos con esa persona. Es posible que, en un tiempo, esté en posición de devolverte el ensañamiento.
12.- Aporta algo. Que no todo gire a tu alrededor:
No estoy diciendo que generes contenidos nuevos, sino que, si te topas con ellos y los consideras lo bastante interesantes, los compartas. A la gente le suele aburrir ese yo-yo-yo constante de ciertos autores, pero si les muestras algo interesante (siempre que no te apropies de ello) estarán mejor predispuestos a seguir lo que dices.

Y hasta aquí el especial reputación. Como ya he dicho, es un concepto intangible y no tiene reglas fijas, pero espero que estos pequeños consejos, muchos de sentido común, os sean de ayuda.

sábado, 9 de febrero de 2013

La imagen y reputación de un escritor en internet (3): algunos ejemplos de lo que no se debe hacer... en general

Después de contar lo importante que es la reputación y loscomportamientos perjudiciales en relación con los bloggers, voy a hablar de otros casos que pueden perjudicar la reputación y se hacen públicamente, donde cualquiera puede leerlas, o con no lectores que has decidido que tienen que comprar el libro a toda costa. Por supuesto, todos los ejemplos son reales... lo cual es triste.
1.-Espamear todos los grupos de facebook que encuentras con tus enlaces.
¿No os ha pasado? Entráis a facebook y encontráis como el triple de notificaciones que de costumbre, aunque no haya pasado nada especial como un evento en el que puedan haberte etiquetado. Cuando me encuentro con esto, ya sin necesidad de mirarlo todo digo: Uy. Y no falla: todas las que no suele haber normalmente son exactamente lo mismo:
XXX nombre del autor XXX ha publicado en el grupo YYY.
Y lo que ha publicado es el mismo enlace, con el mismo comentario, en todos los grupos. Sólo puedes pensar: qué tío/tía más pesado.
Variante 1 que empeora aún más la reputación: que para colmo el link no sea información relevante.
Por ejemplo: mensaje 1: voy a sacar el libro. Eso es medianamente aceptable. Pesado, porque lo leo ochenta veces, pero aceptable. Pero luego: mensaje 2 (mira la portada qué mona: he cambiado un minúsculo detalle en el que nadie se va a fijar si no lo pregono a los cuatro vientos), mensaje 3 (he empezado a maquetarlo), mensaje 4 (le he puesto una mierdecita para decorar el inicio de los capítulos), mensaje 5 (he acabado de maquetarlo), mensaje 6 (voy a hacer una preventa), mensaje 7 (lo acabo de mandar a la imprenta), mensaje 8 (ya tengo aquí los ejemplares), mensaje 9 (date prisa, que se acaba la preventa), mensaje 10 (se acabó la preventa), mensaje 11 (he hecho una oferta)... Y todos esos mensajes con su link correspondiente y publicados en centenares de grupos de facebook, en el muro del escritor, haciendo un evento...
Variante 2: que empeora aún más la reputación: que esos spam sean publicados sin permiso del propietario del grupo.
Variante 3 que empeora aún más la reputación: que esos spam se publiquen en grupos que no tienen nada que ver con los libros o que no tienen que ver con la temática del libro que quieres vender.
Variante 4 que empeora aún más la reputación: que publiques el mismo mensaje dos veces o más por semana en todos esos grupos.
2.-Invadir las biografías ajenas, añadir a grupos sin permiso, etiquetar en un intento de que tu imagen/texto aparezca en biografías ajenas y barbaridades varias
Por desgracia, estos comportamientos son los más comunes. No hay semana en que no invadan de algún modo mi muro, me etiqueten sin permiso, me añadan a grupos que no me interesan y me mencionen de alguna forma para llamar mi atención sobre algo que ni me va ni me viene. Normalmente les llamo la atención por privado pero, como vuelvan a hacerlo, les bloqueo y publico un mensaje en mi muro muy cabreada... sin nombres. Pero que yo no ponga nombres no significa que otras personas, con toda la razón del mundo, no los mencionen.
3.-Entradas/post fatalistas porque tu libro no se ha vendido
No tengo palabras cuando me encuentro con un autor haciendo un post como si fuera el fin del mundo porque no ha conseguido vender ni un ejemplar de su libro (más si dicho autor pasa de los cincuenta años: casi sería comprensible en caso de un chaval inmaduro pero...). Sí, qué penita, pero toda inversión puede fracasar. Eso también hay que asumirlo y no pretender vender lo que no has conseguido colocar despertando la pena de la gente. Un poquito de dignidad, señores.
Variante 1 que empeora aún más la reputación: quejarte, uno por uno, a todos tus amigos de facebook
Que sean tus amigos de facebook no significa que tengan que comprarte el libro. Yo, por ejemplo, tengo casi 1000 amigos. Agrego a todo el que solicita mi amistad. Si quisiera comprar los libros de todos... arruinada estaba. Que me mandes un mensaje quejándote porque no lo he comprado lo único que consigue es que te bloquee... y que esté muy predispuesta a no comprar, o incluso leer (si recibo como regalo), ese libro.
Variante 2 que empeora aún más la reputación: que la queja sea spam
O sea, que etiquetes sin permiso a la gente para quejarte de que no has vendido...
Variante 3 que empeora aún más la reputación: que además de quejarte por no vender, insinúes que tu obra es la mejor del mundo, que el que no la compra es un idiota y que tendrán un castigo metafísico por no hacerlo.
En todo caso, el idiota eres tú, por soltar semejantes barbaridades.
Lo triste, amigos lectores, es que un señor hizo esto... con las tres variantes. No dignifiqué su etiquetado con una respuesta, me limité a desetiquetarme y bloquearle.
4.-Ser un borde.
Puede sonar obvio, pero no está de más decirlo. Imaginad mi sorpresa cuando, consultando una duda en un grupo de escritores, recibo esta contestación:
Para qué, si no vas a vender nada.
Lo triste es que fue el mismo señor que cometió el cuádruple error garrafal del punto anterior.
5.-Cabrearte con los éxitos ajenos o dar muestras públicas de tu envidia
Que pienses que tu libro es la leche... vale. Pero que pienses que los de los demás son una mierda, sin haberlos leído, y critiques abiertamente a sus lectores porque han elegido ese libro en vez del tuyo... es vergonzoso. 
Que no pares de tirar pullas a un escritor que no conoces personalmente sólo porque ha tenido éxito y quieres levantar polémica porque... no sé... escribe un género que desprecias o cualquier barbaridad semejante... o crees que por denigrar los escritos de una persona vas a vender más de los tuyos... vas mal. Peor que mal.
Dejando a un lado que los seguidores de dicho autor te van a crucificar (con motivo), se va a correr la voz de que eres un imbécil y vas a perder a buena parte de los que estaban dispuestos a apostar por tu obra... conseguirás que las ventas de la persona que criticas mejoren, y más si esa persona maneja la situación con elegancia y dignidad.
6.-Dar rienda suelta a nuestro ego
No hay nada que moleste más a un lector que un escritor con ego desmedido. No quiero que el autor, que cree que su obra es el libro que revolucionará el mundo literario, me diga lo maravilloso que es él como escritor y lo buenísimo que es su libro. Quiero escuchar esas opiniones de otros lectores, no del que lo ha escrito.
Variante 1 que empeora aún más la reputación: que el autor legitime sus comentarios ególatras con las opiniones de sus familiares y amigos.
Soy genial y maravilloso. No lo digo yo, también lo dice mi madre.
Por favor, señores, seamos serios... ¿A quién no le despierta una sonrisa semejante comentario? ¿A quién no le revolotea la palabra imbécil en la mente cuando lee semejante perla?
Variante 2 que empeora aún más la reputación: compararte con un escritor conocido
Es el mismo sistema que en mis consejos para elaborar una sinopsis. Si te comparas, me iré directo al objeto de tu comparación, no a ti.
7.- Plagiar.
Y no me refiro sólo a obras o relatos, sino a comentarios, frases buenas, reseñas... ¡o incluso diseños!

En la próxima entrada... algunos ejemplos de lo que sí se puede hacer.

sábado, 2 de febrero de 2013

Especial: La imagen y reputación de un escritor en internet (2): algunos ejemplos de lo que no se debe hacer... con los blogueros

En el artículo anterior hablé de la reputación de los autores en internet y de su importancia. Pues bien, en esta segunda parte voy a poner algunos ejemplos reales (sin nombres, por supuesto) con los que me he topado. Son comportamientos tan increíblemente descarados y odiosos que han dañado, a mis ojos, la reputación de los autores que los han llevado a cabo hasta el punto de que ni siquiera consideraría leer sus obras.
Por supuesto, no son todos y en esta parte me refiero sólo a lo que ciertos autores hacen con los blogueros. Puede que en principio, si es privado, pienses que no se va a enterar nadie pero... ¿acaso los bloggers no hablan entre ellos, no hacen comentarios en redes sociales? En la próxima hablaré de comportamientos más generales con los que un lector habitual puede encontrarse.
1: Exigir a un blogger que lea y reseñe tu libro, o que te haga publicidad:
Ninguno de mis blogs tiene un número impresionante de seguidores, pero aun así muchos autores se han puesto en contacto conmigo para que les de mi opinión o me lea su libro. Yo siempre estoy abierta a ese tipo de cosas, por supuesto, pero siempre que el autor tenga un mínimo de educación. Si leo un mail tipo:
Te envío mi libro xxx para que lo reseñes. Link de más información. Libro adjunto.
1.-Pienso que el que sea es un maleducado, ya que no ha sido ni capaz de decirme hola, ni adiós, ni por favor.
2.-Pongo al autor en mi lista negra.
3.-No sólo no me molesto en contestar, sino que borro el mail.
4.-Hago un comentario en redes sociales contando lo que me ha llegado al mail, aunque no pongo nombres. Este es mi sistema. No me gusta poner nombres. Pero claro, otros blogueros no son tan cuidadosos...
Variante que empeora aún más la reputación: Tener la cara dura de pedir como favor que lean tu libro... y no proporcionarlo, sino esperar que encima te lo compren:
El nivel 2 de indignación llega cuando el mensaje llega sin adjunto y con un link de compra. Una vez, antes de que mi buzón de correo se convirtiera en un circo, me dio por seguir dicho link, pensando que el libro estaría en versión gratuita, y la buena de la autora no sólo pretendía que lo comprara... había puesto la versión electrónica de un libro que no conocía ni el Tato por 10€.
Subvariante de la variante: tener la cara dura de decir que el propio blogger te lo ha pedido (cuando ni es así ni sabe siquiera quién eres) y fingir que le haces un favor rebajando "simbólicamente" el precio de tu e-book (3 € por un ebook de un desconocido... va a ser que no) ^^.
Variante 2 que empeora aún más la reputación: que dicho mensaje lleve faltas de ortografía.
En fin, creo que no hace falta decir por qué eso hace que la indignación sea doble. Una variante de la variante es que te escriba el mensaje como si fuera un sms.
Variante 3 que empeora aún más la reputación: que el libro no tenga nada que ver con la temática que el blog en cuestión tiene.
Mi blog es de un poco de todo, pero siempre narrativa. Ni reseño poesía (no me gusta) ni autoayuda (decir que no me gusta es poco para definir mis sentimientos hacia dichos libros), ni biografías (las leo, pero no me parece oportuno reseñarlas) ni libros técnicos (también los leo y muchos serían dignos de reseñarse, pero no considero que a mis lectores les puedan interesar).
Imaginad la cara que se me pone cuando recibo un mensaje impertinente de un autor que, sin saludar, ni pedir por favor, con faltas de ortografía (puede haber combinación de una o varias variantes... o incluso pueden presentarse todas juntas)... me exige que publique una entrada de información y una reseña de su libro... de autoayuda. Lo que es más, dicho libro iba dirigido exclusivamente a hombres... Sobra decir que lo hizo con un montón de blogs y que en las redes sociales hubo mucha mofa cuando se comentó esa perla de mensaje, especialmente entre las féminas, algunas de las cuales tienen blogs exclusivamente de romántica.
También me he encontrado con otros que me han enviado libros pornográficos (leo erótica, nunca porno), o de cómo gestionar redes sociales...
Variante 4 que empeora aún más la reputación: enviar varios mensajes y acabar con uno quejándote porque no han hecho lo que querías.
Creo que lo único que puede expresar por escrito este comportamiento es: ¿...? ¿Perdón?
Variante 5 que empeora aún más la reputación: hacer todo esto de forma pública y no por privado.
Ya no sólo quedas más con el blogger, invades su espacio y le cabreas más... encima lo ve más gente, que también pensará mal de ti.
Variante 6, que es ligeramente menos molesta que las anteriores: exigir a un blogger que se ha leído tu libro y ha tenido a bien comentar en redes sociales que le ha gustado que te haga la reseña cuanto antes
Es ligeramente menos molesto, pero molesta igual. Cuando se ha dado el caso, dicha reseña, que pensaba publicar dos días después porque tengo por norma publicar prioritariamente las de autores noveles... pasó directamente al fondo. Teniendo en cuenta que tengo unas setenta reseñas acumuladas, ese autor, si tiene suerte, verá publicada la reseña de su libro un año después... o más tarde.
Una variante de esta variante, que cabrea mucho más y empeora la reputación, es exigirle que te haga un especial o decirle que compre otro libro para hacer un sorteo o alguna locura similar.
2.-Quejarte a un blogger o a alguien que te ha hecho una crítica porque no es todo lo positiva que querías.
Señores, no podemos gustar a todo el mundo, cuando publicamos una obra es casi seguro que llegarán críticas negativas. Asumámoslo. Que te quejes no va a cambiar la opinión del bloguero de turno, todo lo contrario. A lo mejor había sido un poco... diplomático, en consideración a que es tu nueva obra, y decide reescribir la reseña con un tono un poco menos favorecedor. Considero oportuno quejarse, de forma privada y con educación, por supuesto, en estos supuestos:
-Que la reseña no esté razonada.
-Que el crítico ni siquiera se haya leído la mitad del libro.
Tres variantes, en este caso. Por suerte nunca me ha ocurrido, pero conozco personalmente a gente a la que sí le ha pasado.
Variante 1 que empeora aún más la reputación: que la queja sea pública. Las razones son evidentes.
Variante 2 que empeora aún más la reputación: que la queja venga acompañada de insultos.  Además de quedar como un maleducado, cabreas aún más.
Variante 3 que empeora aún más la reputación: que además de quejarte te dediques a trolear al blogger en cuestión y a acosarle o hablar mal de él. Ni explicarlo hace falta.
Variante 4 que empeora aún más la reputación: si el blogger es también escritor, ensañarte con él y con sus obras, aunque no las hayas leído ni tengas intención de hacerlo. Dejando a un lado que dar tu opinión sin habértela formado, sólo en base a tu cabreo, es una mala idea... probablemente en tus intentos por justificar ese ensañamiento acabes metiendo la pata.
3.-Fingir que sigues o que te gusta un blog para que el blogger se pase por el tuyo y lo siga.
Hola, me encanta tu blog. Pásate por el mío. Te sigo.
Y mensajes similares, con un nivel mayor o menor de elaboración pero con una idea básica: dejar tu enlace y, si cuela, conseguir un nuevo seguidor. Lo triste es que muchos ni siquiera se leen la entrada en la que publican semejantes joyas y a veces resulta hasta divertido leer sus comentarios en esos contextos.
Variante 1 que empeora aún más la reputación: que tenga faltas de ortografía. Eres escritor. Si lo primero que lee alguien son tus faltas, mal andamos.
Variante 2 que empeora aún más la reputación: que lo publiques en el blog de alguien que ya te sigue. Quedas mal, y sólo consigues que deje de seguirte alguien que ya te sigue.

martes, 22 de enero de 2013

Especial: La imagen y reputación de un escritor en internet (1): por qué tiene importancia.

Vivimos en un mundo en que internet está en todas partes. Así que es más que probable que buena parte de nuestros lectores potenciales busquen información sobre nosotros y nuestras obras en la red antes de ponerse a leer nuestros escritos. Y si lo que buscan no les gusta, las probabilidades de que ese potencial lector se convierta en un lector real disminuyen en picado.
Voy más allá. Aunque el lector potencial no haya hecho una búsqueda activa, si se mueve por las redes sociales, especialmente si está más o menos metido en este mundillo, puede que llegado el momento ni siquiera se moleste en tener en cuenta a ciertos autores debido a ciertos comportamientos y comentarios con los que se ha topado de forma más o menos casual en su día a día en dichas redes.
No es cuestión sólo de estar en todas partes, sino de estar donde se debe estar, cuando se debe estar y cuidando nuestras palabras. Especial énfasis pongo en eso último, porque es de todos sabido que un comentario inadecuado o mal planteado vuela mucho más rápido que un comentario políticamente correcto. Eso puede llevar a una popularidad repentina (que esa popularidad sea positiva es otro cantar) que se esfumará tan rápidamente como otro decida hacer un comentario similar o como la gente se harte. Pero a largo plazo daña tu reputación y, por tanto, te hace perder muchas papeletas.
En internet todo queda, tanto lo bueno como lo malo. Y no nos engañemos, se encontrará lo malo antes que lo bueno. Lo que es más, aunque el autor, en frío, se decida a borrar lo que ha escrito, es más que probable que esas palabras no desaparezcan. Y, con la competencia que hay en este mundillo, especialmente para los que estamos empezando, una mala reputación brilla y destaca... lo que no quiere decir que eso nos favorezca.
Seamos realistas, la gente no es racional a la hora de comprar libros. Hay demasiados y, aunque muchos de los componentes de la decisión sean racionales, muchos otros no lo son. Una parte de ese componente emocional tiene mucho que ver con el autor, más concretamente con su imagen. Dado que nadie puede conocer a todos los autores personalmente, la imagen que se percibe del mismo es la que presenta en internet.
Ese componente emocional e irracional que es la reputación del autor puede suponer una enorme ventaja o desventaja estratégica. No obstante, si la reputación es negativa supone mucha más desventaja que ventaja te otorga una reputación positiva.
Se trata de una cuestión muy fácil de entender, una asociación de valores subconsciente tan sencilla como: este autor me cae mal, el libro no me va a gustar. Si el autor me cae bien, es posible que el libro me guste. Pero me caen bien más autores de los que me caen mal, así que la ventaja de los que me caen bien sólo es respecto a los que no, pero no entre ellos (a no ser que uno me guste tanto y tenga una reputación tan brillante que destaque demasiado entre el resto... cosa muy poco común, por cierto).
Si para colmo dichos autores son relativamente desconocidos, y más si no tienen el amparo de una editorial que se encargue de presentarles de una determinada forma, la reputación en internet no es que sea crucial, sino que resulta imprescindible.
Pero diréis: “Algunos autores basan su imagen de marca en ser bordes y les va bien”. No lo niego. Es más, son la excepción que confirma la regla. Se podría dividir a todos los escritores en dos franjas: conocidos y desconocidos. Lo bueno de estar en la primera franja es que puedes forjarte la imagen que te de la gana: la gente ya se ha leído tus libros antes, lo que significa que tu forma de ser no afectará tanto a las ventas. Es lo que tiene que haya una experiencia de compra previa, bien del propio lector o de sus círculos sociales.
Por otro lado, la imagen asociada a valores negativos puede interesar a cierto tipo de públicos, que decidan comprar el libro precisamente porque el autor no es políticamente correcto. Eso también es cierto, pero hay que pensarlo por cabeza. Supongamos que la franja de personas que hace eso es de un 5% de los compradores. Pues bien, cuando estamos hablando de un público masivo (al que sólo pueden aspirar los autores conocidos y best sellers) ese 5% supondría una cantidad bastante aceptable. Por el contrario, para públicos más reducidos (y los que compran libros de autores noveles son un grupo muy reducido) un 5% no te supone ninguna ganancia, y tanto más si para ganarte a ese 5% has perdido al 95% restante en el proceso.
En definitiva: nuestra reputación en internet nos permite diferenciarnos y en un mercado tan saturado de oferta, una reputación negativa, a no ser que seas un best seller y te dirijas a un público muy específico, es contraproducente.

En la próxima entrada de este especial de reputación... Algunas cosas que no se deben hacer... con los bloggers.

viernes, 23 de noviembre de 2012

14 cosas que no debes hacer al redactar tu contraportada:

Cosas que tengo muy en cuenta a la hora de redactar mi contraportada. Entrada completa en escriboleeo. A lo largo de los años he cometido algunos errores de calibre al hacerla, pero ¡de todo se aprende en esta vida!

 

14 cosas que no debes hacer al redactar tu contraportada:
  1. No decir de qué va el libro.
  2. Contarme un argumento que no tiene nada que ver con el libro.
  3. Meter spoilers de tu libro o de los anteriores.
  4. Tener faltas de ortografías.
  5. Poner una letra que no se lea.
  6. Poner únicamente las opiniones de la crítica.
  7. Compararlo con un best seller o con el libro de moda.
  8. Decir que tu libro es chachi.
  9. Alabar la pluma del autor.
  10. Poner un montón de adjetivos que me dicen cómo me sentiré leyendo la historia..
  11. Decir que no podré dejar de leerlo.
  12. Decir que me cambiará la vida.
  13. Poner fragmentos irrelevantes, por muy bonitos que sean.
  14. Una foto gigante del autor y su biografía.
 Y eso es todo. Puede que se me olvide alguna cosa ¿se os ocurre a vosotros? ¿No os parece un poco de lógica?

viernes, 23 de septiembre de 2011

Opinión: La inspiración ¿realidad o ficción?

Hallábame yo escuchando disertar a mi profesora de Creación Publicitaria y a algunos de mis compañeros sobre la creatividad y cómo ésta es algo que no viene con nosotros de serie, sino que se aprende. Y, cómo no, levanté la mano y dije que se estaba obviando algo muy importante: la inspiración.
La profesora me miró con cara rara y yo me expliqué con el ejemplo de la Maratón de Escritura que hicimos: cómo, aunque escribimos igual, tardábamos más o menos en función de lo inspirados que estuviéramos. Es algo empírico y para colmo lo sufrí en mis carnes, pero ¿cómo explicarlo con palabras? Y va ella y me pregunta ¿Qué es la inspiración? Pues bien, así de golpe, uno no sabe explicarlo de sopetón. ¿Cómo explicar un concepto tan abstracto?
Reflexionando ahora en casa, he sacado ciertas conclusiones sobre la inspiración:
¿Existe? Sin lugar a dudas.
¿Es externa a nosotros? No, no es una bombilla que se enciende ni una señora invisible vestida con ropas griega que con un toquecito hace que todo salga sólo, pero también hay que tener en cuenta una cosa: es completamente inconsciente. Uno no puede llegar y decir: voy a entrar en estado de inspiración. Aunque sí puedes ponerte a trabajar en algo creativo (aunque seguro que sin inspiración tardas dos o tres veces más).
¿Qué es, entonces? Dejando a un lado los misticismos y eso de que la inspiración es algo divino y externo al individuo, sólo puedo definirla como un estado mental, completamente subconsciente, una predisposición de nuestra mente para tener mejores ideas y llevarlas mejor a la práctica.
¿Y por qué es tan difícil de explicar? Pues muy fácil, porque es algo que tenemos dentro y que no todo el mundo comparte.  Porque es demasiado abstracto como para explicarlo sin recurrir a metáforas visuales como la de la bombilla o la musa. Porque sí, cuando estás inspirado es como si todo saliera sólo.
Lo cierto es que la creatividad se aprende (cualquiera puede ser un genio en cualquier materia, si le dedica suficiente tiempo) pero la inspiración... la inspiración la llevamos dentro y viene cuando le da la gana. Y puede que no sea una musa... pero como si lo fuera: no la puedes llamar, no puedes acceder a ella, se cansa de ti y te abandona cuando menos lo esperas, pero siempre vuelve en el momento más insospechado.

¿Y vosotros qué pensáis? La inspiración ¿existe, es externa, es interna? ¿Las musas os acompañan? ¿La creatividad se aprende o la tenemos dentro?  ¿Puede haber creatividad sin inspiración? ¿Puede haber inspiración sin creatividad?