Hoy voy a mezclar dos retos: Escribe una historia ficticia sobre un encuentro con una celebridad en un restaurante y
Escribe una historia en la que la vida de una mujer cambia drásticamente en tres minutos.
El reservado
Era su reservado. Pagaba un generoso suplemento para tenerlo en exclusiva a la hora de comer, todos los miércoles desde hacía años. Era su día, y por eso combinaba sus dos pasiones: leer en silencio y darse un homenaje gastronómico. Por eso, no entendía la insistencia de los camareros y del maitre para que cediera el espacio a una celebridad.
-Es que, entiéndanos, la gente se ha vuelto loca al verle y no le dejan comer tranquilo, ni a nosotros trabajar...
-La solución es muy sencilla -respondió ella-. Que se vaya a otro restaurante donde sí haya un reservado disponible.
Por fin consiguió que el personal la dejara en paz, pero esta vez fue la celebridad quien irrumpió en su reservado. Ella vivía desconectada del mundillo del famoseo y las redes sociales; no tenía ni idea de quién era, seguramente un actor o un modelo, aunque en esos tiempos de influencers en los que cualquiera alcanzaba la fama era imposible saberlo.
-Hola -dijo él con una sonrisa y voz grave. Era guapo, el condenado, y sabía cómo parecer aún más atractivo-. Ya sé que ha dicho que no quiere cederme el reservado, pero me preguntaba si no podríamos negociar... ¿Qué le parecería que comiéramos juntos?
Era tentador, pero no quería sentar un precedente. Si cedía, la situación podría repetirse en otra ocasión y se estropearían sus miércoles.
-Que si tengo un reservado es porque no quiero comer con nadie, ni que nadie me moleste mientras leo mi libro con tranquilidad.
Él pareció sorprenderse por esa respuesta y luego, tras echar una ojeada al título del ejemplar, la miró intrigado:
-No tiene ni idea de quién soy yo, ¿verdad?
-Me temo que no, y debo pedirle de nuevo que abandone mi reservado.
La celebridad lanzó una carcajada incrédula, pero hacía mucho que no encontraba a alguien que despertara su interés de esa manera.
-Solo una cosa más antes de marcharme. Sus reticencias a comer acompañada, ¿solo abarcan el mediodía o también las cenas? La verdad, acabo de terminarme ese mismo libro que está leyendo y estoy deseando comentarlo con alguien, sobre todo la parte del piano. Por cierto, soy Owen -finalizó tendiéndole la mano.
Ahora fue ella la sorprendida. No era precisamente un best seller, pero la referencia indicaba a las claras que lo había leído. Además, había que reconocer que él era un encanto. Tomó su mano.
-Mica. Y, mientras no sea un miércoles a mediodía, estoy libre.
Intercambiaron sus teléfonos antes de que él la dejara sola en su reservado. Esa misma noche, quedaron y, tras varias horas hablando primero del libro y luego de sus vidas, empezaron a tutearse. Ella todavía tardó algunos meses en invitarle al reservado para disfrutar juntos de la lectura y la comida. Años después, felizmente casados, ambos coincidían en que esa breve conversación de tres minutos les había cambiado la vida.
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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

