Un nuevo lanzamiento de dados para hacer un relato, aquí tenemos el vídeo con el lanzamiento:
El milagro
El monasterio era demasiado remoto y no tenía ninguna reliquia ni milagro que justificara una visita de los peregrinos. Por eso, acababan allí los monjes que peor se desenvolvían y aquellos de los que querían deshacerse por motivos políticos.
Aldo, que en pocos meses se las arregló para convertirse en abad, era de esos últimos. Le habían echado por su negativa a que reformara y actualizara la iglesia de su ciudad. En realidad, la reforma era una excusa para que Giacomo, el magnate que la financiaba, se quedara como adorno para su hogar las maravillosas esculturas que ya no quedaban bien con la nueva decoración.
Las protestas de Aldo eran molestas, así que acabaron por poner como párroco a un amigo de Giacomo y desterrándole al monasterio, pero se la iba a devolver y ganaría la partida.
Cuando era párroco de esa iglesia, había tenido contacto con gente de toda catadura. Incluyendo buenos ladrones, a los que se dispuso a cartear con una serie de indicaciones que iban desde cómo forzar la cerradura de la casa del magnate hasta los mejores días para perpetrar el robo.
Los ladrones se podían llevar cualquier cosa de la casa, siempre que se hicieran también con la escultura del ángel que había estado en lo más alto del altar de la vieja iglesia: la más hermosa de todas. Luego, solo tenían que encontrar una forma de mandársela.
El ángel viajó escondido en un carro de paja hasta llegar a su destino, y Aldo solo le pidió al ladrón que la transportaba un último favor antes de mandarle a casa con todos sus pecados perdonados: ayudarle a poner la escultura en lo alto del destrozado altar de la iglesia del monasterio cuando cayera la noche.
La milagrosa aparición del ángel corrió de boca en boca y pronto empezaron a acudir fieles para admirar la estatua. Aldo sabía que tarde o temprano alguien la reconocería, así que en ningún momento ocultó en sus cartas a las autoridades eclesiásticas que era el ángel de su vieja iglesia, del que él era tan devoto. Paralelamente, Giacomo, iracundo y demasiado seguro de su poder, cometió el error de reclamar su devolución.
Las autoridades eclesiásticas, que habían ignorado el asunto de las estatuas y la reforma hasta el momento porque había mucho dinero en juego, ya no podían hacer la vista gorda cuando había un milagro de por medio. El magnate nunca las había comprado, las había tenido en depósito y, si el ángel había querido ir con Aldo a su nuevo hogar, quizás era una señal de que el resto de estatuas debían acompañarte.
Así pues, Giacomo perdió todas las estatuas y su prestigio por haber huido el ángel de su hogar. Mientras, Aldo, abad con fama de beato de un monasterio donde se había producido un milagro, con una iglesia reformada repleta de maravillosas estatuas que los peregrinos admiraban, alcanzó una posición inmejorable. Cierto que había tenido que cometer algún pecadillo para conseguirla, pero todos habían salido ganando. Salvo Giacomo, claro.
*:–☆–:*:–☆–:*:–☆–:*:–☆–:*:–☆–:*:–☆–:*
¿No quieres perderte más entradas como esta?
Aparte de mi web, puedes apuntarte a la newsletter o seguirme en Twitter, Facebook, Instagram, LinkedIn o Tiktok



No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Muchas gracias por visitarme y comentar! Espero que lo que publico te haya gustado pero, si no es así, por favor, ¡dímelo de forma constructiva! Tus comentarios me ayudarán a mejorar.