Varsovia
Tenía la primera tarde libre en Varsovia y decidí visitar el centro por mi cuenta. La idea era acercarme primero al Palacio de la cultura y la ciencia, buscar una casa de cambio para conseguir moneda local y luego entrar a la catedral (muy sosa) y la iglesia de Santa Ana. El tiempo estaba loco, pero lo vi todo y también aproveché para vagabundear por el centro histórico, que me pareció una preciosidad, sobre todo la plaza donde está la sirena de Varsovia.La panorámica, donde nos pusieron al tanto de toda la historia de la ciudad, empezó en el parque de los Baños Reales, donde está la estatua de Chopin (hay muchos bancos en la ciudad con botones que, al tocarlos, hacen que se escuche música del compositor) y varios palacios. Luego, volvimos al bus y vimos el barrio judío sin bajarnos (porque no hay nada) hasta el Monumento a la Resistencia. Desde allí caminamos hasta el centro histórico (todo reconstruido) que había visto el día anterior y nos dieron tiempo libre. Después hubo una parada para ir a un restaurante en otra zona de la ciudad, con un bulevar muy largo y seguimos hacia Gdansk.
Al final del viaje hubo tarde libre en Varsovia. Busqué en internet qué podía ver (que no hubiera visto ya) a esas horas, y salieron algunas iglesias. Solo conseguí entrar en la Iglesia de la Santa Cruz, las demás estaban en misa o no dejaban pasar, o me metí donde no debía pasando bastante vergüenza. Pero bueno, el paseo por el centro fue una agradable despedida de la ciudad.
Gdansk
La excursión empezó muy pronto y fue corta porque el guía tenía prisa. Fuimos primero con el bus a la zona de los astilleros, con mucha historia de revueltas obreras contra la URSS. Luego, nos llevaron al centro histórico (reconstruido) y paseamos por allí hasta la iglesia de Santa Ana, donde un par de horas más tarde estaría el espectáculo del reloj astronómico (fui y es bastante simple, no merece la pena reorganizar horarios por él). La iglesia más allá del reloj no tiene nada de interés especial, así que al salir fui a la iglesia de Santa Bridget. Es de pago, pero el interior impresiona y además estaban tocando el órgano.
La siguiente parada fue el museo del ámbar. Enseña desde cómo se formó y su historia hasta objetos hechos con él. Es curioso, pero estuve más rato en la cola que dentro. Luego fui a una casa museo en la que pasé menos de 10 minutos porque no tenía nada y me dirigí al ayuntamiento, también musealizado. Tiene muchas cosas de la historia de la ciudad y salas bonitas, así que eché más rato allí.
El museo de Artus era el siguiente, pero aunque el horario decía que estaba abierto lo encontré cerrado. Así que fui al museo naval, pero llamarlo naval es muy optimista. Hay dos plantas habilitadas: una con canoas y botes de varios países y otra con la historia de la explotación del viento y cómo funcionan los molinos de viento que tienen en el Báltico. 6€ costaba la broma.
Al salir, ya no quedaban museos abiertos que visitar y diluviaba, así que me fui al hotel.
Castillo de Malbork
Es el castillo de ladrillo más grande del mundo y pertenecía a los caballeros teutones. Teníamos una hora y media para ver todo el castillo, pero se quedó en una hora porque los de la taquilla para comprar las entradas tenían horchata en la venas. Aun así, saltando trozos de la audioguía, conseguí verlo todo y llegar al final a tiempo.
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