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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

martes, 21 de marzo de 2017

Viaje a Japón: día 9 (Tokio por libre y regreso)

Días anteriores del viaje a Japón

Día 1: Vuelos y Osaka
Día 2: Osaka, Nara y Kioto
Día 3: Kioto y maico plan
Día 4: Kioto y Gion Corner 
Día 5:  Magome, Tsumago, Takayama y onsen y kabuki
Día 6: Shirakawago 
Día 7: Monte Fuji y Tokio
Día 8: Tokio

Pateándome Tokio

Mal asunto, me levanté con un horrible resfriado, pero no iba a permitir que eso me fastidiara los planes que tenía para mi último día en Tokio, así que desayuné y me puse en marcha. Primera parada: la zona de Ueno, en la que había muchas cosas interesantes que ver al ser la más cultural.
El primer sitio en el que me metí fue el Santuario de Toshogu, que también fue el mejor, para qué vamos a engañarnos. Además de ser precioso, tiene conservada una llama que fue encendida por la bomba atómica, resulta impactante.


Templos Tennoji y Kaneiji
Templos Tennoji y Kaneiji
Luego intenté llegar al templo Kaneiji, pero me perdí y, tras largo rato vagando por un interminable cementerio, encontré el templo Tennoji, que también estaba bastante bien y resultaba bonito, con sus estatuas en el jardín. Tras la visita, traté de salir de ahí y otra vez a vagar por el cementerio, donde vi la (sosa) tumba de los Tokugawa y por fin logré dar con el dichoso templo de Kaneiji. Este no tenía muchas cosas destacables, al menos comparado con los otros dos.
Tras eso, me metí al Museo Nacional de Tokio, que está muy chulo. La entrada cuesta 620 yenes y tienen una sección sobre Asia en general y otra, muchísimo más extensa, sobre Japón, que muestra todo tipo de objetos interesantes. También hay una parte con los tesoros de Japón, que es la menos interesante, a mi parecer. Por desgracia, lo tuve que visitar todo en modo acelerado, porque había muchísimas cosas que ver y hacer en ese último día.
Ikebukuro
La plaza cuca de Ikebukuro
Tras abandonar el museo fui a la zona de Ikebukuro, el otro reducto friki de Tokio. Yo y mis esperanzas de encontrar mis tesoros frikis a un precio razonable. No hubo manera y, salvo una plaza muy cuca, tampoco es que hubiera nada interesante que ver en el barrio, bien podía haberme quedado en el museo o haber ido antes a Shibuya, mi última parada, ya que así hubiera podido visitar el santuario Meiji. O quizás no, porque he descubierto que en invierno cierra ¡a las 4 de la tarde! Malo es que un santuario cierre pero... ¡tan pronto! Es indignante.
Pero bueno, vamos por orden. Decepcionada por Ikebukuro, me fui para Shibuya (llena de cruces a varias alturas que hicieron complicado que me orientara a la primera) y seguí una miniruta que nos había recomendado Yasushi en los días anteriores, subiendo hasta omotesando, donde hay una gigantesca (y carísima) tienda de souvenirs y girando hacia la calle más rosa-adolescente que he visto en mi vida. Digna de verse, en serio. Además, allí me encontré una gran tienda de todo a 100 yenes (108 con impuestos) que tenía de todo y aproveché para hacer las últimas compras.
Cruce de Shibuya
El famoso cruce de Shibuya desde el Starbucks
Luego llegué a la puerta cerrada que daba al parque del santuario Meiji y allí fue cuando todo el cansancio, el resfriado y un tirón que me había dado pero que no había notado hasta entonces se organizaron para atacarme todos a la vez. No obstante, todavía quedaba una larga bajada a Shibuya, hasta el famoso cruce, donde había quedado para cenar una hora y cuarto después. Sin embargo, a mitad de camino se puso a llover y, tras encontrar una red wifi, sugerí que comiéramos por la zona del hotel, porque esperar una hora bajo la lluvia y con el trancazo que tenía no era muy buena idea. Así pues, tras ver el famoso cruce y llegar hasta la estatua de Hachiko, cogí el metro y di por finalizada mi visita a Tokio (y a Japón) con la esperanza de poder volver algún día.


Los vuelos de vuelta 

Me tocó levantarme a las 5, que ni desayuno había a esas horas, y tuve que tomarlo a toda prisa antes de que vinieran a recogerme, ya que el restaurante abría minutos antes de esa hora. 
La vuelta la hice con British airways, que tiene un sistema de entretenimiento mucho mejor que el de finnair (tienen más películas de estreno a elegir: me vi cinco de ellas) pero cuyos asientos son los más incómodos del mundo. La comida no estuvo mal: primero ternera con patatas y tarta de fresa de postre y antes de aterrizar macarrones con un muffin de chocolate de postre. La conexión fue bien porque aterrizamos con cierto adelanto y el vuelo de Londres a Madrid lo pasé durmiendo porque el dichoso jet lag me estaba matando. Tres días después, que es cuando estoy escribiendo esto, sigo agotada y a pesar de haber dormido como doce horas se me siguen cerrando los ojos. Espero que se me pase pronto, aunque he leído que el jet lag se puede alargar hasta dos semanas.
Por cierto, estoy intentando que me validen las millas de vuelo y es una odisea, ya os contaré, al final creo que iré a darle el coñazo al de la agencia de viajes para que me ayude con el tema... 
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domingo, 19 de marzo de 2017

Viaje a Japón: Día 8 (Tokio)

Días anteriores del viaje a Japón

Día 1: Vuelos y Osaka
Día 2: Osaka, Nara y Kioto
Día 3: Kioto y maico plan
Día 4: Kioto y Gion Corner 
Día 5:  Magome, Tsumago, Takayama y onsen y kabuki
Día 6: Shirakawago 
Día 7: Monte Fuji y Tokio

El desayuno genial en cuanto a dulces (una delicia) y regular en cuanto a bebidas: no solo no había cosas chocolateadas, ¡ni siquiera tenían leche calentita!
Salimos prontito hacia el templo de Sensoji, que es muy interesante y muy grande, con inmensos farolillos colgados en varias partes. Además, tiene una calle comercial larguísima. Tuvimos la suerte de encontrarnos con una especie de ritual en el que había gente famosa y algunas geishas que hicieron una especie de procesión desde el portón principal hasta el templo, aunque hay que reconocer que fue molesto en ocasiones porque no se podía pasar de un lado a otro.

Pude comprarme un marcapáginas antes de salir en dirección a la bahía de Tokio, donde nos esperaba un famoso gunzan gigante, otra cosa en la que hemos tenido suerte porque se va a desmantelar dentro de unos días.
También vimos una robot increíblemente humana que hacía de recepcionista en un centro comercial; si no fuera porque cuando hablaba se notaba raro (y al cantar ni os cuento) parecería una persona de verdad. Daba un poco de yuyu. Por la zona también había una estatua de la libertad, réplica de la que está en Francia, que a su vez es réplica de la que está en Estados Unidos.
gunza, recepcionista robot y estatua de la libertad nipona
Después cogimos un barco desde el que pudimos ver toda la bahía y llegamos a la zona de Ginza (donde están las grandes marcas caras), donde tomamos una deliciosa comida y nos despedimos, porque fue la última actividad que hicimos juntos todos los del Tour.
Después, ya por mi cuenta, bajé andando hasta el Palacio Imperial, del que apenas se puede ver nada y en cuyos jardines más importantes tampoco pude entrar, imagino que por algún evento. Al menos, encontré algunos cerezos en flor, aunque no era época.

Tras eso fui en busca de la estación de Tokio, debajo de la cual está character Street, en un intento fallido de seguir buscando la figurita y una mochila de Mokona que tampoco encontré por ningún lado.
Luego cogí el metro hasta el hotel porque quería organizar todo, ya que los dos días siguientes iban a ser moviditos: el primero por ser libre y el segundo porque tenía que levantarme a las tantas de la mañana para ir al aeropuerto.

Último día del viaje a Japón:

Día 9: Tokio y vuelta 



martes, 14 de marzo de 2017

Viaje a Japón: Día 7 (Monte Fuji y Tokio)

Días anteriores del viaje a Japón

Día 1: Vuelos y Osaka
Día 2: Osaka, Nara y Kioto
Día 3: Kioto y maico plan
Día 4: Kioto y Gion Corner 
Día 5:  Magome, Tsumago, Takayama y onsen y kabuki
Día 6: Shirakawago

El desayuno esta vez era más normalito, no tenían chocolate caliente pero había choco crispies, algo es algo.

Visita al mirador del Monte Fuji

Salimos en barco hacia un teleférico desde el que se podía ver una vista del Monte Fuji. Teníamos un poco de miedo porque, aunque amaneció despejado, se empezaba a nublar, pero al final pudimos disfrutar de una visión más o menos completa desde arriba. Eso sí, hace un frío (y un viento) del carajo ahí en el mirador.

templo del mirador al monte Fuji
También había un templo por ahí, que visitamos antes de que el teleférico iniciara su ruta de descenso. Una vez abajo, tuvimos un poco de tiempo libre que aproveché para comprarme una caja de madera de esas que tienen una combinación secreta para abrirlas.
Tras eso, salimos en dirección a Tokio e hicimos una parada para comer (un poquito temprano).  La comida estaba bastante bien porque era tipo buffet y pudimos probar un poco de todo.

Tokio

Nada más llegar, visitamos la Torre de Tokio, que tiene unas vistas espectaculares aunque no es el punto más alto de la ciudad. Daba un poquito de vértigo, la verdad.

la torre y vista
Además estaba el Museo de One Piece en la planta del medio, pero no pudimos entrar porque no teníamos mucho tiempo y era muy caro. Eso sí, nos hicimos unas cuantas fotos chulas a la entrada.
Luego fuimos al hotel a dejar las maletas y unos cuantos del grupo nos largamos hacia Akihabara que, para el que no lo sepa, es el barrio más friki de todo Tokio.
Akihabara
Akihabara
Allí compramos un detallito a nuestro guía y comenzó mi odisea para encontrar una figurita de Rurouni Kenshin. Lamentablemente la primera mano resultó costar alrededor de 500€ y las de segunda mano no bajaban de 70. Teniendo en cuenta que mi presupuesto máximo para esa figura era de 50, no me la pude comprar. En cualquier caso, las figuras en Japón son en general más caras que en España.
Luego, nos fuimos a un purikura, una especie de fotomatón avanzado donde nos disfrazamos e hicimos un poco el tonto. Fue divertido, aunque nos costó encontrar la mecánica porque hay varias zonas y no sabíamos en cuál estar a cada momento (aparte, había tiempo).
Después hicimos otra cosa muy típica: visitar un maid café, donde las camareras están vestidas de sirvientas, te llaman amo y resulta todo muy extraño (éramos solo dos mujeres y había algunos tíos muy raros) y carísimo. Sin embargo, fue divertido y resultó una experiencia interesante.
Luego seguimos entrando en tiendas al azar (las que quedaban abiertas) y, entre unas cosas y otras, nos dio una hora bastante tardía, así que nos fuimos al hotel porque había que madrugar al día siguiente.

Días siguientes del viaje a Japón

Día 8: Tokio 
Día 9: Tokio y vuelta 


domingo, 12 de marzo de 2017

Viaje a Japón: día 6 (Shirakawago)

Días anteriores del viaje a Japón

Día 1: Vuelos y Osaka
Día 2: Osaka, Nara y Kioto
Día 3: Kioto y maico plan
Día 4: Kioto y Gion Corner 
Día 5:  Magome, Tsumago, Takayama y onsen y kabuki

Lo primero el desayuno: superaron el hotel de Kioto, pues no solo tenían chocolate, sino también tortitas, gofres y un bollo de chocolate. Ñam.
Y aviso desde ya de que la crónica de este día va a ser un poquito más corta porque la mayor parte nos la pasamos en el autobús. No obstante, mereció la pena porque pudimos visitar Shirakawago, un pueblecito de techos de paja, Patrimonio de la Humanidad, que es una delicia ver en invierno, todo nevado y precioso. 


Shirakawago
Shirakawago
Allí, pudimos entrar a una de las casas para verla por dentro y nos explicaron cómo se construyen, qué estructura tienen... y además, en el paseo por el pueblo, nos encontramos con un iglú. Eso sí, el puente para llegar daba un poco de miedo porque, aunque en teoría está bien construido, al moverte se bamboleaba y resultaba un tanto inestable, incluso mareaba.
Durante el trayecto el autobús, nuestro guía nos habló de los kanjis japoneses, además de las condiciones climatológicas en verano y en invierno y por qué ocurren, entre otras cosas.
Fuimos hasta Nagoya, donde comimos en un restaurante de esos que parecen supertípicos asiáticos pero con una comida rica y abundante.
Tras eso, volvimos a coger el tren bala, esta vez en dirección a Hakone.


El trayecto fue algo más largo, por suerte, tanto en el autobús como en el tren bala teníamos wifi (y buenas compañías para charlar). Además, desde el tren pudimos ver el monte Fuji por primera vez. La verdad, pensaba que era una cosa muy sobrevalorada, pero verlo desde aquí me ha impresionado muchísimo (me pasó igual con el Coliseo, ¿os acordáis?) y quedé deseando verlo más de cerca.
El hotel estaba un poquito lejos de la estación pero tenía un paisaje bastante bonito de camino. Una vez llegué, me fui directa al onsen (no tenía jacuzzy y era más pequeño) y luego a cenar. La cena esta vez fue bastante más normalita, con platos de esos grandes que luego tienen muy poco contenido, pero en general no estaba mal y, como había muchos platos, acabé llena.

Días siguientes del viaje a Japón