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sábado, 16 de junio de 2018

Viaje a Londres: día 5 (Sky Garden)

El día era en realidad una mañana porque solamente tenía hasta las 12:40, momento en el cual me venía a buscar el transfer si todo salía bien (que no me fiaba, dada la experiencia de la llegada).
Había reservado en el Sky Garden  (una buena recomendaciòn de mi amiga y exprofesora María José) a las 11:15 y, a pesar de que seguía coja, decidí ir andando, dando un paseo muy despacito, por esa zona de Londres, que todavía no conocía.
Vi muchos edificios chulos como el Palacio de Justicia, el Museo de Londres, la Catedral de San Paul por delante, el Banco de Inglaterra... Y, como había salido muy pronto del hotel en previsión de que mi cojera me retrasara, hasta llegué un cuarto de hora antes de lo previsto al Sky Garden y no me dejaron ni ponerme a la cola, así que tuve que esperar sentada en un poyete porque, por esa zona, lo que había que ver estaba demasiado lejos como para llegar y volver a tiempo y, de todas formas, ya lo había visto todo y los pies me estaban matando; ya he dicho que seguía con el tobillo torcido. Lo triste es que había tanta cola que cuando volví a mi hora me hicieron esperar 15 minutos. Las vistas son maravillosas pero poco más se puede hacer allí salvo comer, y de todas formas tenía que irme porque si no perdía el transfer así que, tras pasar por la larga cola de los baños (muy pocos y mixtos) abandoné el edificio y me fui corriendo a coger el metro hasta el punto de encuentro de mi tranfer al aeropuerto. 
El viaje de vuelta: 
Resulta que, como dije en la primera entrada, London Gatwick no está ni remotamente cerca de Londres. El viaje de vuelta fue de pueblo feo en pueblo feo, ni rastro de la preciosa campiña, así que ni las vistas eran dignas de mención. Y son dos horas, así que merece la pena pagar un poco más por una aerolínea cuyo aeropuerto esté más cerca. De todas formas, en Easyjet son unos cutres, así que no creo que vuelva a viajar con ellos.

Sobre el Royal National Hotel: 

De un hotel llamado Royal National no deberías esperar algo tan cutre. No sé de dónde han sacado las tres estrellas, no le daría ni una. Ruidosísimo, para entrar al baño tienes que hacer malabares y la bañera es alta y sin agarraderas, por lo que el más mínimo problema de movilidad convierte ducharse en una odisea.
Pero lo peor, sin duda, es el desayuno, del que enumero la variedad completa: zumo de naranja y piña (de sobre), leche fría, café y té, tostadas chiclosas, dos tipos de panecillos (si tienes suerte, del día, si no, duros como piedras), y cuatro tipos de cereales, ninguno de ellos chocolateado o con algún sabor distinto del plástico. Ya está. Se podría gastar menos en lavandería (no da opción a no lavar las toallas a diario) e invertir en un desayuno en condiciones. No hace falta mucho, pero al menos unas galletitas... Solo tiene una cosa buena y es la localización.

Vídeo del viaje completo:


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