Nueva tirada de cartas Fatum, con un personaje que me va a complicar bastante la vida a la hora de hacer el relato:
El protagonista es una criatura forjada que es familiar mecánica de un mago moderno. Su origen es una nave espacial y su background es de arbitraje de la ley. Tiene un confidente genéticamente modificado y su marca del pasado es el final de los tiempos, con ímpetu en un viaje de negocios a una galaxia lejana.
El lamento de Divlin
-Cuando Oxtrot me forjó en esa nave espacial para que fuera su espíritu familiar, seguro que no pensaba en que ambos acabaríamos en este viaje de negocios en un crucero a una galaxia lejana. Yo soy una criatura de acción, no valgo para callarme lo que pienso -se quejó el pequeño dragoncito mecánico Divlin a su confidente y amiga, Xel.
-Bueno, el fin de los tiempos cambió los planes de todo el mundo y tendrás que adaptarte. Yo nací con genes modificados para trabajar en las minas, y aquí me tienes, haciendo de escolta de un millonario.
-¡De un mafioso, más bien! -gimió Divlin-. En otros tiempos, ya habríamos ayudado a que la ley cayera con todo su peso sobre él.
-¿Qué ley? ¿La que permitió que el apocalipsis llegara a nuestro planeta por dejar sueltos a un puñado de sectarios gracias a un error burocrático?
La criatura mecánica hizo rechinar sus engranajes, el sonido más parecido a las lágrimas que podía emular.
-Venga, venga. Seguro que Oxtrot también lo está pasando mal, deberías dar tu apoyo a tu creadora -la consoló Xel.
-¡Si ella está encantada con la situación! Dice que nunca se había sentado tan relajada y ya no hace ningún hechizo interesante. ¿Dónde quedan los tiempos en los que perseguíamos a los criminales y practicábamos magia de ataque y defensa? ¡El otro día pidió mi colaboración para idear un número de magia que entretuviera a algunos pasajeros selectos a los que quiere camelarse para que la contraten! -se lamentó Divlin-. Eso cuando le da por hacer magia, porque pasa todo el día en su camarote leyendo noveluchas de suspense mientras yo vago por aquí como un alma en pena.
Xel siguió consolando a la criatura un buen rato y, cuando se despidieron, acudió a su jefe para asegurarle, una vez más, que Oxtrot no era ninguna amenaza. Mientras, Divlin acudía al camarote de su ama y se veía obligado a participar como ayudante en todo tipo de hechizos ridículos que herían su dignidad.
Oxtrot hizo caso omiso de las quejas de su familiar mecánico. En cuanto acabara su misión, tendría que romper el vínculo con él, porque era tan bocazas que resultaba un peligro. Pero, para esta misión, era perfecto: mientras le mantuviera engañado y siguiera compartiendo sus lamentos con la espía del mafioso, este seguiría sin prestar atención a esa maga exdefensora de la justicia que iba en su misma nave.
Entre tanto, ella seguiría recabando pruebas en su forma astral mientras su cuerpo, aferrado a novelitas baratas, apenas se levantaba de la cama para hacer hechizos tontos con los que entretener a la gente. Cuando llegaran a su destino, haría negocios, sí: entregar a las autoridades al mafioso y sectario con una avalancha de pruebas tal que ningún error burocrático le libraría de su condena.
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