Ya había estado en Nápoles, apenas un rato antes de pillar el ferri a Capri. Pero poco vi, así que quise volver y explorar más la zona.
Mi primera impresión de Nápoles fue muy mala porque mi hotel estaba en la zona de la estación central, repleta de gente con pinta de delincuente vendiendo lo que parecía mercancía robada a modo de top manta. En esas condiciones no me atrevía a moverme demasiado, ni a alejarme lo suficiente como para que cayera la noche.
Por eso bajé hacia el mar, pero me encontré con unos astilleros que no me dejaban verlo. Di la vuelta, pero al cambiar de acera había una torre interesante a lo lejos y decidí acercarme. Encontré una iglesia preciosa, la Basílica Santuario de Santa Maria del Carmine Maggiore. Y, un poco más allá, una plaza bonita. En ese punto decidí no tentar a la suerte y volver al hotel.
El día siguiente empezaba con un free tour por Nápoles. Nos encontramos en la Plaza del Plebiscito, zona turística. Según me iba alejando del hotel, menos chungo parecía todo. Lo primero que hicimos fue ver la iglesia por dentro, neoclásica, muy elegante. También nos indicaron cómo llegar al paseo marítimo y entramos al patio y los jardines del palacio.
Luego bajamos al castillo nuevo, al que tampoco se podía entrar. Y después nos hablaron del teatro San Pablo, tras lo cual entramos en la galería comercial Umberto I, donde nos dieron algo de tiempo libre. Ahí está un local típico donde se vende el Sfogliatelle: me comería uno por la tarde, está muy rico pero se toma caliente y es una bomba de relojería.
La siguiente zona que visitamos fue el barrio español, donde callejeamos un poco, y luego nos llevaron al Mercato Pignasecca, famoso por sus puestos de pescado, aunque no había ninguno porque era lunes (otros puestos de mercado sí estaban abiertos).![]() |
| Varios puntos de interés en Nápoles: Piazza San Domenico Maggiore, Iglesia del Gesù Nuovo, Galería Umberto I |
El tour acabó en el exterior de la Iglesia del Gesù Nuovo, que tiene como curiosidad un código en la fachada que es una partitura. Como nos habíamos retrasado mucho porque había un asistente en silla de ruedas, ya iba pillada para llegar al tour por Herculano, así que entré deprisa y corriendo en la iglesia y luego me dirigí al punto de encuentro en el puerto. Por la tarde, a la vuelta de Herculano, intentaría volver a ese punto pero no lo conseguí.
Fui hasta la playa pasando por el castillo del huevo. Para cuando llegué a esa altura, me di cuenta de que la playa estaba terriblemente lejos, hacía demasiado calor y de todas formas no iba a poder bañarme. Por eso cambié de planes y, aunque no di con la plaza, encontré el duomo y una preciosa iglesia, en las que por supuesto entré, antes de volver al hotel.
El último día hice un tour por el centro de la ciudad, más concretamente por los dos decumanos principales. Salvo por unas pocas plazas, casi todo ya lo había visto, aunque nos contaron bastantes curiosidades sobre la historia de la ciudad y su situación actual.
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