Herculano
Había estado en Pompeya, pero no en Herculano, así que decidí que iba a ver esta otra excavación en vez de volver a Pompeya. Contraté una excursión y tuve la suerte de que en el tour de Herculano era la única de habla hispana y por eso tuve a un guía para mí sola.
Como solo éramos dos personas, íbamos más rápido y visitamos muchas más cosas que en el tour habitual. El guía lo hacía muy bien y, tal y como me habían dicho, aunque Herculano es más pequeño que Pompeya, está muchísimo mejor conservado porque curiosamente al enterrarse en lava se conservaba hasta la madera. Visita imprescindible.
Sorrento y Costa Amalfitana
Tocaba excursiones por los pueblos cercanos a Nápoles. Empezamos en Sorento. Nos dejaron cerca de la calle principal, peatonal. Muy agobiante porque había mucha gente y era muy estrecha. Apenas había tiempo para ver esa calle, entrar al duomo y volver al bus.
Luego fuimos a Positano, un pueblo de la costa con una cuesta inmensa que tiene muchos sitios de postal. También estaba a tope de gente, pero la iglesia estaba cerrada, así que me dio tiempo a bajar a la playa y volver a subir tranquilamente la (matadora) cuesta.
Luego hicimos una innecesaria parada en medio de la nada para comer. Yo me comí mi bocata, pero la gente pidió cosas que tardaron en servir y salimos tarde, así que perdimos tiempo para ver Amalfi. No pude entrar en el duomo por ese motivo, así que me limité a pasear por la calle histórica y ver la playa.Había un pueblo más, pero el conductor decidió saltársela sin preguntar y puse una reclamación, pero me quedé con las ganas :(
Baia
Solo tenía una actividad para el día: una aventura en la excavación arqueológica submarina de Baia, a una hora de Nápoles. La tenía a mediodía, así que sobraba tiempo y exploré Nápoles antes de llegar hasta la estación de tren donde debía ir a Baia. Es un poco caótica y no estuve muy convencida de haber cogido el correcto hasta que llegué.
La experiencia con el snorkel es aleatoria: te asignan una de las ocho zonas del parque arqueológico. Tuvimos la suerte de que, en la que nos tocó, estaban los arqueólogos trabajando y estaba todo al descubierto, porque otras veces tienen que ir destapando y tapando. No había estatuas, sino mosaicos y estructuras diversas.
En cuanto al snorkel en sí, ponerse el neopreno es un infierno (una pareja decidió ir sin él y, si lo sé, no me lo pongo yo tampoco, porque el agua estaba buena) y descubrí que los mareos que me produjo mi esclerosis múltiple me incapacitan para esa actividad. Aguanté sin vomitar toda la actividad, pero por poco. Manejarse con las aletas y el tubito, por otro lado, no es tan fácil... y no fui capaz de bucear más de medio metro. Pero bueno, una experiencia interesante, no me arrepiento de haberla hecho.
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