Otro relato hecho en base al lanzamiento de dados que veis a continuación:
La Liga contra la Discriminación a los Monstruos
«Los de la Liga contra la Discriminación a los Monstruos tienen razón. Todo lo que se dice de los trolls es una patraña», pensó Galin.
Llevaba horas perdida en el frío bosque cuando se encontró con uno que llevaba una gran cesta de setas. Se había quedado paralizada de terror, pero entonces el monstruo (mejor dicho, Grok) la había saludado con cortesía y se había puesto a charlar como si tal cosa.
Ahora, estaba en la impoluta casa de la criatura, tomando una bebida reconstituyente antes de reemprender el camino de vuelta a casa. Casi le daba pena tener que marcharse, porque allí estaba calentita y la charla era muy agradable. De hecho, le estaba entrando modorra...
—No sé cómo lo haces, Grok, pero preparas a los humanos que da gusto. ¿Cómo haces para que queden tan tiernos? —preguntó uno de los invitados del troll a comer.
—No es ningún secreto. El miedo les tensa los músculos antes de morir, así que me aseguro de que, cuando les paso el cuchillo, estén bien relajados —explicó el orgulloso cocinero—. Últimamente es más fácil que se confíen, porque los tontos de la Liga contra la Discriminación a los Monstruos nos hacen parte del trabajo. Lo malo es tener que dar conversación a la comida hasta que alcanza el punto óptimo de relajación. Un momento... ¿no oléis a quemado?
Los monstruos tenían pánico al fuego y se formó una desbandada, pero las salidas estaban bloqueadas por las llamas y pronto empezaron a atravesar las ventanas todo tipo de artefactos incendiarios. Algunos se lanzaron a través de los cristales, solo para que los humanos del exterior acabaran con ellos.
Estos habían rastreado a su amiga Galin hasta el punto donde se encontró con el troll. Les había desconcertado ver que le seguía por su propio pie, pero nunca habían sido muy amigos de la gente de la Liga y corrieron en busca de un matamonstruos retirado. Por si acaso.
La demora había sido fatal para Galin, claro, pero a ellos les había salvado de sufrir su mismo destino. Esa noche, habían hecho un favor al mundo humano eliminando a unos cuantos enemigos, pero nadie podía enterarse. La Liga era cada vez más influyente y matar monstruos sin pruebas de sus atrocidades estaba mal visto. Que las pruebas estuvieran en el estómago de las criaturas que habían achicharrado era lo de menos: si alguien se enteraba, se convertirían en unos parias.
Por otro lado, el bosque era grande, y los monstruos vivían aislados. Nadie tenía por qué enterarse. Ni de esta, ni de próximas incursiones. Había sido una noche emocionante, y su amiga Galin merecía una venganza más extensa. Con la ayuda del cazamonstruos retirado, podrían hacer una buena limpieza. Acabar con los monstruos antes de que la Liga manipulara definitivamente a la opinión pública para que los protegieran. Quién sabía, quizás debieran también incluir a algunos de los miembros de la Liga en sus futuras partidas de caza. Después de todo, la culpa era suya.
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