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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

sábado, 21 de noviembre de 2009

Mi primer relato en un libro

Dentro de poco saldrá a la venta Miradas de Navidad 5 (ISBN: 978-84-937434-1-3) de la Editorial La Fragua del Trovador, un libro solidario en el que se publicará un cuento mío, El pueblo de las montañas.
Más información: La Fragua del Trovador.
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domingo, 1 de noviembre de 2009

El precio de la inmortalidad

El Divino ofreció la inmortalidad a aquel que le entregara el mejor presente, con la condición de que los que le dieran regalos que no le agradaran recibirían la muerte.

La inmortalidad tiene un precio que pocos conocen y menos se atreven a pagar. Así, ansiando la inmortalidad, el rey ofreció su reino, el mercader a sus esclavos, el rico su oro y el sacerdote mil sacrificios humanos. Todos recibieron la muerte como recompensa, y sólo una persona tuvo el valor de arriesgarse a ofrecer algo más. Esa persona pagó con su alma y recibió la inmortalidad, pero una eternidad en un cuerpo vació es un castigo, y tuvo todo el tiempo del mundo para arrepentirse del negocio.

domingo, 18 de octubre de 2009

carbón

Ese diciembre, los niños del colegio fueron más que nunca al psicólogo escolar que, extrañado porque los niños no pararan de decir incoherencias como que odiaban los plátanos y no servía de nada ser bueno, decidió iniciar una investigación.

No salió de su asombro cuando se enteró de qué había provocado semejante trauma en los pequeños: un niño más mayor, enojado porque Santa Claus le había llevado carbón el año anterior, había realizado un malévolo dibujo en que se le veía muerto en la nieve por causa de un plátano, lo había fotocopiado y lo repartió entre los chiquillos.

Ese año, el travieso niño volvió a recibir carbón.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Mariposa


Tardé 2 años en acabarla, porque sólo la hacía entre bloque de estudio y bloque de estudio. Lo cierto es que ha sido el colmo del aburrimiento, un trabajo chino. Es más grande que la palma de mi mano y he necesitado gran parte del hilo naranja que había por casa, pero queda muy mona colgada en la pared.