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miércoles, 17 de octubre de 2018

El mago y el mensajero, un cuento de fantasía

El mes pasado fuimos a la exposición Disney, el arte de contar historias. Fue decepcionante pero, en el cuadernillo que había en la exposición, se adjuntaba el siguiente juego:
Y yo pensé: "Como tiene que ver con Disney, haré un cuento, aunque ¿para qué voy a recortar nada si el orden tal cual está es estupendo?" Así que allá va el cuento, con los elementos en el orden original:

 El mago y el mensajero

El jinete de pegaso llegó al castillo con una noticia terrible: el reino vecino se preparaba para una invasión y contaban con un mago poderoso entre sus filas. Cogidos por sorpresa, sin un ejército activo y con su mejor mago convertido en ermitaño, decidieron mandar un pequeño grupo al bosque en su busca.
Pero el mago, harto de que le molestaran para retarle a duelo, o para que enseñara magia a este o aquel, o para que entretuviera a una delegación extranjera con trucos interesantes, quería estar solo y había hecho un hechizo en el bosque para que los que le buscaban se perdieran una y otra vez, sin llegar nunca hasta él. Como no quería que murieran los que le buscaban, también les mandaba a un conejo blanco que les guiaría hasta la salida.
No había tiempo y los hombres, tras varios días de cruzar el mismo río lleno de molestos peces, salvar el mismo precipicio y acabar sus provisiones, comenzaron a desanimarse. Uno a uno, tomaron la decisión de seguir al conejo blanco y servir a su país luchando, no persiguiendo a un mago que, obviamente, no quería ser encontrado.
Finalmente, solo quedó un muchacho que parecía inmune al desánimo. ¿Que tenía que volver a cruzar el río? Se desnudaba, lanzaba sus ropas a la otra orilla y lo cruzaba. ¿Que había que volver a subir el precipicio? Pues lo hacía, eso sí, a la quinta construyó una escalera improvisada con ramas de árbol y así el ascenso era más cómodo. ¿Que se había quedado sin provisiones? Para eso estaban las manzanas en los árboles. O los peces del río que no paraba de cruzar.
Tras un par de días así, el mago, extrañado porque su conejo no hubiera vuelto, se acercó a echar un vistazo. Pronto, no pudo sino empezar a sentir curiosidad por ese hombrecillo tan tozudo, así que le mandó a un conejo negro para que le indicara el camino hasta su casa y el mensajero lo siguió. Una vez cara a cara, el mago fue informado del peligro. Maldiciéndose a sí mismo por encerrarse e ignorar al grupo de mensajeros pensando que querían alguna tontería, acompañó al muchacho y llegaron justo a tiempo para participar en la batalla y cambiar las tornas de la misma, haciendo que el enemigo se replegara de vuelta a su patria.
Luego, los héroes del momento recibieron todos los honores y, cuando el mago se hartó de tanta celebración, decidió volver a aislarse en su bosque, eso sí, no sin antes entregar en secreto al mensajero un amuleto capaz de orientarle a través de su hechizo, no fuera que volviera a haber una invasión u otro peligro. Eso sí, el mago le hizo prometer que solo le visitaría para cosas serias asegurando así no solo la seguridad del reino, sino también su propia tranquilidad.    

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 Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

2 comentarios:

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